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Mercosur: la hoja de ruta para salirnos de él (III)

El surgimiento de una potencia continental – formada por China y Rusia, a la que probablemente se le sume Alemania– nos lleva a concluir que ya es necesario establecer negociaciones con los países vecinos en materia de defensa, infraestructura y tratados de libre comercio con el objetivo de integrarnos a la ‘Nueva Ruta y Cordón de la Seda’

Todo empezó así: “Si somos un lastre, tomen otro barco”, fue la contestación de nuestro Presidente ante el pedido que había hecho Lacalle Pou, el presidente de Uruguay, para tener más libertad para negociar acuerdos de libre comercio. Pero también los presidentes de Brasil y del Paraguay, con matices, vienen pidiendo lo mismo desde hace rato. La dura contestación presidencial ocurrió cuando, paradójicamente, se debía celebrar los 30 años del Mercosur”

Lo seguimos así: “Por experiencia histórica ya sabemos lo que les pasa a los países que deciden sostener una neutralidad aséptica. Terminan mal con ambos bandos en pugna. Tal como nos pasó al término de la 2da GM y que muy bien puede volver a pasarnos hoy.

Tampoco se trata de formar bajo los estandartes de guerra de ninguno de ellos. No es necesario ni hace falta. Simplemente, se trata de establecer alianzas comerciales acordes con nuestras realidades y en función de nuestros intereses nacionales”.

Y pensamos terminarlo con una propuesta, con una hoja de ruta para salir de este encierro. Un encierro que empezó, en realidad, hace varios siglos. Antes de que nos llamáramos Argentina, cuando el decadente Imperio español, del que nacimos, se debatía con el naciente Imperio Inglés, en los Siglo XVII y XVIII.

España a tales efectos –el de dar cara al desafío inglés– creó en 1776 el Virreinato del Río de la Plata. Pero posteriormente sufrió la derrota naval decisiva de Trafalgar, a la par de que la Península Ibérica fue invadida por Napoleón y su casa real es hecha prisionera. Por el contrario, la portuguesa se las ingenia para escapar y se instala en Río de Janeiro.

Como resultado de esa asimetría, nosotros, los argentinos, crecimos y nos hicimos mayores de edad solos, mientras que Brasil lo hizo bajo la tutela de su padre, Portugal, y su padrino, la Gran Bretaña. O en palabras médicas, nosotros necesitamos de un parto para ser independientes, mientras que Brasil nació por una cesárea.

Para hacer una historia larga muy corta, el resultado de ello fue que Gran Bretaña nos rodeó. Primero con la RO del Uruguay para que no controláramos ambas orillas del Río de la Plata, y posteriormente, cuando ya éramos independientes, para que no fuéramos un país bioceánico al enfrentarnos a Chile.

Pero aunque parezca mentira, y si bien la historia no da descuentos, sí da segundas oportunidades. Como la que se nos presenta, por ejemplo, ahora.

Los imperios español y el inglés – este último, que ha sabido envejecer mejor que el primero– son historia. Hoy, el que se está yendo es el norteamericano y el que aparece sobre el horizonte es el chino.

Y si bien a partir de los Pactos de Mayo, firmados en 1902 por el presidente argentino J. A. Roca y el chileno, German Riesco, y por la cual se estableció la famosa sentencia de “Argentina en el Atlántico y Chile en el Pacífico”, hoy la mejora en las comunicaciones, especialmente en las ferroviarias, hacen posible que la Argentina vuelva a ser un país bioceánico.

Para ello tiene que pivotar de la Cuenca del Océano Atlántico hacia la del Pacífico, por las razones que ya explicamos en “La Geopolítica del pivote”

Los fundamentos que sostienen esta decisión son los siguientes:

1) Se está configurando lo que el estudioso Harlford Mackinder consideró la peor pesadilla geopolítica para las potencias marítimas de los EE.UU. y la Gran Bretaña, cual es el surgimiento de una potencia continental en Eurasia. En este caso China y Rusia y a la que probablemente se le sume, Alemania.

2) El reciente incidente del bloqueo del Canal de Suez muestra la extrema vulnerabilidad de las rutas marítimas que usan pasos estrechos, como el Canal de Panamá, el ya mencionado Canal de Suez u otros, como el de Ormuz, lo que ha llevado ya a Rusia a privilegiar las rutas que transcurren por el Océano Ártico. Y creemos que algo similar sucederá aquí, en el Sur, con las del Pasaje de Drake.

Todo ello nos lleva a concluir que las rutas por el Océano Pacífico serán más rápidas, más seguras y más baratas que las que emplean el Atlántico.

Argentina fuera del Mercosur: ¿Qué se debe hacer?

1) Extender el certificado de defunción al Mercosur, porque ya está muerto. Lo mataron los presidentes de Brasil, Uruguay y Paraguay cuando incumplen reiteradamente el artículo 1 del Tratado de Asunción (1991), que establece que la finalidad del Mercosur es “...negociar en forma conjunta acuerdos de naturaleza comercial con terceros países”.

2) Iniciar negociaciones con la República de Chile para la firma de un tratado de libre comercio, al que se pueden sumar posteriormente Bolivia, Perú y Ecuador, para establecer una alianza que permita a nuestra región integrarse a la Nueva Ruta y Cordón de la Seda con China.

3) Iniciar las obras de infraestructura necesarias para la reactivación de corredores bioceánicos que vinculen nuestros puertos, tanto los que se encuentran sobre la Hidrovía Paraná Paraguay como los que están sobre el Océano Atlántico, con los puertos chilenos sobre el Océano Pacífico. Ver: “Todos los caminos conducen a... ¡Mendoza!”.

4) En forma paralela, establecer una alianza militar defensiva con la República Federativa del Brasil a los efectos de realizar acciones y operaciones conjuntas y combinadas destinadas a mejorar la seguridad y la defensa del Atlántico Sur, donde nos encontramos con la amenaza que significa la presencia militar del Reino Unido en nuestras Islas Malvinas. También organizar una alianza similar con Chile para el control de los pasos interoceánicos y los accesos al Continente Antártico, donde ambos países tenemos ambiciones.

Como conclusión, volvemos a recordar los sinsabores de la luchas del Imperio Español contra el Inglés. Cuando fue necesario comerciar con China, que había sido la finalidad original de los viajes de Cristóbal Colón, el fraile Andrés de Urdaneta descubrió una ruta marítima que permitía unir las colonias americanas con Filipinas y con China a través del Océano Pacífico. Se lo conoció como el ‘Galeón de Manila’ o ‘Nao de China’.

Cruzaban el Océano Pacífico una o dos veces por año entre Manila (Filipinas) y los puertos de Acapulco (México), Baja California Sur (México) y El Callao (Perú). Y fue, históricamente, la ruta marítima comercial más extensa y la que más ha durado, ya que funcionó desde 1565 hasta 1815.

Me pregunto entonces si no es hora de tener nuestro ‘Galeón de Manila’, pero saliendo de Valparaíso.

El Doctor Emilio Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.