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Prohibido reír, prohibido pensar

El fuerte intercambio entre el ministro de Seguridad Aníbal Fernández y el humorista gráfico Nik desató un escándalo público con mucha tela para cortar

Reír o sonreír no siempre es una demostración de alegría ni de bienestar, especialmente cuando el motivo de esa risa es algo que funciona mal, o apunta al defecto de alguien o de algo. Tal vez, el objeto más genuino y noble de la risa es cuando la expresamos sobre nosotros mismos, probablemente ese sea el primer paso de una autocrítica inteligente.

La risa se degrada con la burla, porque mejor que reírse de los otros es reírse con los otros. Mucho más complejo es entender el humor, ese sentido que puede despertar desde la compasión hasta el rechazo, pero que siempre para impactar debe ser receptado por un pueblo sensible e inteligente. La Argentina es prolífica en humoristas desde siempre, y cuando ese género de la comunicación entró al terreno político, generó los mejores y más recordados productos. Sin necesidad de retroceder demasiado en el tiempo vale recordar a las revistas Tía Vicenta, Satiricón y Humor Registrado. Todas ellas censuradas y clausuradas en su momento cuando tocaron las fibras sensibles del poder.

Hoy la expresión gráfica a través de la caricatura ha desarrollado códigos que son captados por el público en su gran mayoría y, como posiciones ideológicas y políticas -que es válido que las expresen- a veces completamente antagónicas.

No creo necesario repasar a los mejores humoristas y dibujantes que han honrado y valorado las páginas de nuestros diarios y revistas, a ellos en los últimos tiempos también los partió la grieta, sobre todo cuando empezó a cundir cierta intolerancia hacia la crítica más difícil de refutar, la del chiste político.

Precisamente, eso es lo que ha despertado la peor cara del poder político vigente, un rostro que desnuda no solamente la reacción destemplada e intolerante, sino, lo que parece ser un proyecto ideológico realmente peligroso. El comentario de Nik a través de un twit no iba más allá de los miles de críticas que se hacen desde las redes, fue casi una más de las voces que cotidianamente señalan los desaguisados del gobierno.

Pero, el mensaje de Aníbal Fernández y el silencio del resto del Gobierno explican el miedo causado al dibujante, que ha visto en peligro a su familia. Ya no valen las disculpas incomprensibles ni las explicaciones, está visto que, en caso que este kirchnerismo-peronismo se afiance en el poder no va a haber tolerancia a ningún tipo de crítica. Algo que ha venido demostrando con coacciones, amenazas y extorsiones.

A partir del discurso de Emilio Pérsico y de los comentarios del médico Jorge Rachid, un futuro pensable con gente como ellos en el poder o que piense como ellos, es un futuro sin libertad. Pero no solo de prensa y de expresión, sino de todas las libertades que hacen a la democracia.

La libertad de prensa no es una preocupación de la corporación de los periodistas, porque cuando vengan por la prensa y por los humoristas políticos, irán luego por todo aquel que piense diferente o que solamente piense. Porque es imposible imaginar un humorista crítico en China, Corea del Norte, la Venezuela de Maduro o el Irán de los ayatolas, el escenario posible en estos regímenes es el del silencio o la cárcel.