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Dos no pelean si uno no quiere

La principal incógnita que tiene que definir un Estado es quiénes son sus amigos y quiénes sus enemigos. En nuestro caso, mientras los demás países consolidan estrategias en bloque, los argentinos nos hemos ido quedando solos, casi sin socios y sin aliados en la arena internacional

“Dos no pelean si uno no quiere”, nos repetía mi abuela a mí y a mis primos luego de las consabidas peleas a manotazos por motivos que ya ni recuerdo. Es verdad. Pero, ¿es aplicable a la arena de las relaciones internacionales? ¿Dos o más Estados rivales no van a la guerra si, al menos, uno de ellos no lo quiere?

Parecería ser que no. Lo vemos, por ejemplo, en la Primera Guerra Mundial, también llamada la Gran Guerra, porque sería la que acabaría con todas ellas. Todo empezó en agosto de 1914 tras el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria, el 28 de junio en Sarajevo, a manos del joven nacionalista serbio Gavrilo Princip.

Este suceso desató una crisis diplomática cuando Austria-Hungría le dio un ultimátum a Serbia para esclarecer el crimen y terminó disparando una guerra que dejó 10 millones de soldados muertos y el doble de heridos y mutilados.

¿Por qué fue que pasó algo tan terrible cuando nadie lo deseaba?

Los diferentes libros de historia que tratan de explicar estos sucesos nos cuentan que los distintos participantes invocaron diversas alianzas forjadas durante la década anterior antes de comenzar a matarse prolijamente a niveles industriales.

A saber –y para empezar–, la de Austria y Prusia, que buscaba contrarrestar la influencia de Rusia en Serbia; para seguir con la de Gran Bretaña, que temía el empoderamiento de Prusia, por lo que se alió a Francia. La que a su vez, derrotada en la Guerra Franco Prusiana, buscaba vengarse de Prusia.

También el viejo Imperio Otomano se acercó a Prusia por sus temores respecto de Rusia, mientras que Italia hizo lo propio por sus rivalidades fronterizas con Austria y, finalmente, EE.UU., que no estaba en ninguna alianza europea pero entró en guerra contra Alemania por el hundimiento del transatlántico de pasajeros el RMS Lusitania.

Este verdadero galimatías, supuestamente diseñado para evitar una guerra terminó provocando una de las peores que recuerda la historia humana, puede volver a repetirse. Pero no nos interesan todas ellas, sino especialmente las que pudieran tener lugar en nuestra región sudamericana. Veamos.

  1. La República Argentina es derrotada por el Reino Unido de Gran Bretaña tras su recuperación de las Islas Malvinas. A consecuencia de ello, se inicia un proceso de largo deterioro de sus Fuerzas Armadas. Por su parte, su economía no mejora; todo lo contrario, se deteriora cada vez más. Tuvo cinco presidentes en una semana y hoy está a las puertas del noveno default de su deuda soberana. Por todo esto, pasa a ser la “enferma” de América, junto con Venezuela.
  2. Los EE.UU. apoyan en esa contienda a su aliado predilecto, la Gran Bretaña, en abierta violación del Tratado del TIAR, lo que abre una brecha entre este país y varios en la región. Pero la hábil diplomacia británica busca restañar esas heridas y mantiene buenos lazos, especialmente con la República Oriental del Uruguay, con Brasil y con Chile.
  3. El surgimiento de China como potencia mundial y su maniobra para extender sus esferas de influencia por el denominado “Camino de la Seda” lo acerca a la región sudamericana. Especialmente a sus recursos naturales de aguas azules, materializados en sus ricos caladeros ictícolas del Atlántico Sur y de sus aguas marrones, a lo largo de la Hidrovía Paraná-Paraguay que la abastece de los granos y que necesita para su vital seguridad alimentaria.
  4. Por su parte, la Gran Bretaña abandona su alianza con la Unión Europea (UE) y estrecha su vieja relación con los EE.UU. Simultáneamente proclama que tiene la voluntad de volver a ser protagonista en el concierto de las naciones y se arma militarmente (incluidos misiles nucleares) para respaldar con los hechos sus palabras.
  5. Finalmente, los EE.UU, golpeados por su mal desempeño durante la pandemia y por su reciente y grave crisis económica e institucional, deciden retomar la iniciativa y confrontar comercialmente a China y militarmente a Rusia.

¿Exagerado? Tal vez, pero seguramente pocos periodistas y especialistas creían –circa 1914- que una guerra en Europa fuese posible. De hecho las principales casas reinantes de la época –las de Prusia, la de Gran Bretaña y la de Rusia– eran primos hermanos. Por el contrario, la diversión y la buena vida era lo que campeaba en los salones europeos en la que fue conocida como la “Belle Époque”.

Por estas tierras y en estos tiempos, no estamos los argentinos para celebrar descorchando botellas de champagne a troche y moche. Nos hemos ido quedando solos, casi sin socios y sin aliados en la arena internacional.

El Mercosur, que nació como una unión aduanera imperfecta es eso, cada día más imperfecta, con Brasil a la cabeza, dispuesto a gestionar sus propias alianzas y pegándole a “la enferma” cada vez que puede.

Por su parte, una alianza con la UE o con los EE.UU. es muy dificultosa, ya que somos competitivos. Producimos las mismas cosas que ellos producen y nos salen muy caras las que nos quieren vender.

Por estos tiempos, China ha reemplazado a Brasil como nuestro principal socio comercial. Por su parte, la Gran Bretaña veta toda venta de armas o de repuestos para ellas a nuestro país proveniente de cualquier proveedor occidental.

¿Qué nos queda entonces?

No tenemos la respuesta. Pero la pregunta es correcta. Tal como lo afirmara el gran jurista alemán Carl Schmitt, la principal incógnita que tiene que definir un Estado es quiénes son sus amigos y quiénes son sus enemigos. Al “enemigo” lo define como aquel contra el cual existe una disputa. O en otras palabras se trata de un “no-amigo”. De esta manera, quien no es amigo es enemigo.

Más vale que lo hagamos pronto y que lo hagamos bien.

 

El Doctor Emilio Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.