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El detrás de la escena de la segunda visita de Alberto

Después del acto del jueves en IMPSA, no quedaron dudas de que en Mendoza se dará la madre de las batallas políticas para las elecciones

A diferencia de la anterior, la segunda incursión por estos pagos cuyanos del Presidente de la Nación tuvo un contundente basamento económico y desde él, un inesperado mensaje –intencional o no, pero un mensaje al fin– de “que cuando está en juego una emblemática fuente de inversión y sus puestos de trabajo, no hay política que valga, todos estamos para darle una mano, sin distingos ni réditos políticos partidarios”.

Sin distingos, es cierto, porque en el salvataje de IMPSA convergieron la Nación y la Provincia, peronistas y radicales al mismo tiempo y sin ninguna especulación.

Ahora, sin réditos políticos partidarios es otra cuestión y en ella hay mucha lectura para hacer porque sí existieron con diferentes intensidades y ecos tanto de la provincia como para el país.

El que primereó los réditos fue el que mayor plata colocó sobre la emblemática empresa de la metalúrgica argentina, con los $1.400 millones que implican el 63,7% de acciones, es decir el justicialismo.

El que, puertas adentro, dejó con empoderamiento a Alberto Fernández, ya que brindar este salvataje a una industria que es una nave insignia en el país ante los ojos del mundo y asegurar a más de setecientas familias mendocinas su estabilidad en el sustento diario, fue de su absoluta autoría, sin pedirle opinión al núcleo duro K y con solo el respaldo incondicional de Matías y Martín, como el Presidente se refiere a los ministros Kulfas y Guzmán.

Puertas para afuera, el rédito fue para una mujer que viene trabajando mucho para la consideración de los mendocinos: la senadora Anabel Fernández Sagasti.

El venir en el avión presidencial, como ya lo hizo alguna vez durante la presidencia de Cristina Kirchner, y ser nombrada adecuada y estratégicamente en los discursos de Kulfas y de Alberto es el broche que respalda una vez más cada acción que lleva adelante por Mendoza en toda oficina pública y ante todo funcionario de la Nación.

Además, mostrando a la gente su particular muñeca de gestionar en ese camino que le está costando abrir hacia el Barrio Cívico.

Los radicales exhibieron una vez más el valor que le dan a la institucionalidad dentro y fuera de la provincia, en la estricta relación con la cabeza del Estado nacional.

Esto, muy a pesar de los ninguneos a los que en los últimos meses fue sometida la administración de Rodolfo Suarez, no solo con los fondos y con las dosis de vacunas contra el coronavirus, sino, en especial, con los urticantes mensajes que se envían desde el púlpito de la Rosada.

Como la semana pasada, cuando se criticó la apertura, tras los nueve días de confinamiento, de la presencialidad en las aulas, expresando que quien lo haga “juega con fuego y eso podría quemar a la gente”.

Dichos presidenciales que rubricaron la catarata de críticas que recibió la Gobernación mendocina desde todos los costados nacionales políticos y gremiales.

Sin embargo, la presencia de Alberto en Mendoza, apenas unos días después, debe reconocerse que fue con un cálido protocolo que otros no hubieran hecho.

La mojada de oreja, no se sabe si intencional o de desopilante despiste de la guardia del ingreso al predio de la empresa IMPSA hacia los intendentes de Capital, Ulpiano Suarez, y de Godoy Cruz, Tadeo García Zalazar; de la ministra de Salud, Ana María Nadal, y del ministro de Hacienda, Lisandro Nieri, a quienes no se les permitía entrar porque no estaban en el listado de autoridades.

Pero fundamentalmente porque ellos estaban lejos del privilegio del que solo podían gozar “los intendentes peronistas”, tal cual se lo expresaron a los funcionarios, que no salían del asombro.

Aun así, el tema no se fue de las manos y se mantuvo en el más absoluto gesto de respuesta de buenos modales, cuando en otro momento hubiese servido para armar un gran thriller político de imprevisibles consecuencias.

Sin embargo, todo quedó allí, en las puertas de IMPSA, para no derribar la estrategia de Suarez, que indicó que recuperar el poder productivo y laboral de la empresa es también símbolo de buenos y maduros gestos de la dirigencia política en lugares de decisión.

Por eso no extrañó que factores claves de la oposición en el país con raigambre mendocina, no estuvieran en el acto presidencial y prefirieron estar fuera del radio de alcance de todo lo que se vivió en el carril Rodríguez Peña el jueves pasado.

Sobre todo, quienes sostienen que lo de IMPSA es una inaceptable reestatización en la conformación de un directorio con integrantes de los estados nacional y provincial para hacer negocios en el crecimiento de una empresa resucitada con el dinero de la gente, por lo que se puso en tela de juicio si es tan así que se cuida el patrimonio de una empresa y el de la ciudadanía.

Cada parte mostró el concepto de hacer política de Estado, introduciendo política partidaria sin lesionar intereses, aunque allí también la Nación estaría por mostrar su estrategia ubicando en el directorio un vocal del riñón metalmecánico, aunque muchos aseguran que el empresario Mario Esnal llegaría ahí por el fuerte vínculo de su hijo Facundo con La Cámpora.

Mientras, la administración radical mendocina, sin eufemismos políticos, designó a su vocal desde el ala técnica del Gobierno, con amplios conocimientos hacia dónde la empresa apuntalada debe incursionar su desarrollo y crecimiento industrial.

Todo un escenario como para que nadie tenga dudas que el detrás de la escena de la segunda visita de Alberto a Mendoza dejó la siembra de que aquí se dará la madre de las batallas políticas en el país. En el que sus contrincantes ya saben por dónde pasarán los andariveles de la disputa, que ojalá esté a la altura de lo que en estos días se mostró.