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¿Seremos todos socialistas?

Mientras Estados Unidos se muestra al mundo con un gran problema de legitimidad política, China se sugiere como el mejor y más deseable de todos los posibles

Para los que no lo vivieron, les cuento que la Primera Guerra Fría fue un período de tensión geopolítica entre la Unión Soviética y los Estados Unidos y sus respectivos aliados. El Bloque Oriental y el Occidental fueron designados después de la Segunda Guerra Mundial. La misma se inició con la Doctrina Truman, lanzada por ese presidente norteamericano en 1947 hasta la disolución de la Unión Soviética en 1991.

Se la caracterizó como “fría” porque no hubo una guerra abierta y a gran escala entre las dos superpotencias. En su lugar, se libraron importantes conflictos regionales, en los cuales cada potencia buscaba consolidar su esfera de influencia y reducir la de su rival.

La larga Guerra de Indochina, posteriormente, la de Vietnam; así como la Guerra de Corea u otras de “liberación nacional”; tales como las de Argelia, la de Angola, o las luchas anticomunistas libradas en la América del Sur, son algunos de los ejemplos más notables de estos conflictos regionales desarrollados en el marco de la Primera Guerra Fría.

 

Pero, ¿por qué mentamos a la primera Guerra Fría por estos días?

Sencillamente porque Xi Jinping, el presidente de China, dijo en su presentación en el Foro Económico Mundial, celebrado en la localidad suiza de Davos, que la recuperación económica de la pandemia es muy inestable y que “el mundo no volverá a ser lo que fue”, ya que existe el riesgo de una “nueva Guerra Fría”.

Sin mencionar a los Estados Unidos, Xi se mostró como defensor del multilateralismo y la globalización, como lo había hecho en este mismo foro cuatro años atrás, justo antes de la llegada al poder de Donald Trump. Y vuelve a repetirlo, a menos de una semana después de la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca.

En ambas ocasiones, el mandatario chino le advierte a los EE.UU. que eviten la tentación de volver a unir a los países occidentales contra el gigante asiático. “Crear clanes o iniciar una nueva Guerra Fría, rechazar, amenazar o intimidar a los otros (...) solo llevará al mundo a la división”, alertó Xi Jinping. “Y la confrontación nos llevará a un callejón sin salida”, recalcó.

 

Nos preguntamos si los EE.UU. seguirán esa tentación

Hoy por hoy, la probable respuesta no parece ser tan clara como la de Harry Truman hace 74 años. ¿Por qué? Veamos.

Lo primero que hay que entender es que los EE. UU., como lo explicamos en nuestro artículo anterior, se encuentra sumido en un complejo problema interno que lo encuentra muy dividido, cuestión que no ocurría en 1947, cuando emergía como el claro vencedor de la Segunda Guerra Mundial, con una gran superioridad en todos los campos. Desde los correspondientes al poder duro al blando. Hoy, por el contrario, los EE.UU. no solo ha visto menguada su superioridad cultural, económica y tecnológica, lo que es más grave– ha demostrado al mundo que sufre un grave problema de legitimidad política.

Lo segundo, es que si al final de la Segunda Guerra Mundial se consolidaba el poder de la banca o ‘BigMoney’ con sede en Wall Street, Londres y Hong Kong. Hoy surge uno nuevo: el de las denominadas “Big Tech” con compañías como Microsoft, SpaceX o Amazon. Las que si bien comenzaron su corta vida en Silicon Valley en California, EE. UU., ambos poderes, por su propia naturaleza, no necesitan de una base física, geográfica, nacional. Es por ello que muy bien pueden migrar, como lo están haciendo, a tierras más promisorias, como es el caso de las del Oriente.

Lo tercero, es que si la URSS era conducida por su Partido Comunista, uno que pese a terminar en una nomenklatura oligárquica, supo ser muy cuidadoso de su ortodoxia, especialmente, en sus versiones de exportación. Por el contrario, el PC chino ha demostrado una gran flexibilidad, tanto hacia el interior con su “comunismo de rostro chino”, como en su aparente deseo de no exportarlo a otras latitudes.

Justamente, en el último de los puntos señalados en el que se centra la principal diferencia entre ambas guerras frías. En que China no pareciera querer imponer su modelo como lo intentó la URSS, sino tan solo sugerirlo como el mejor y más deseable de todos los posibles.

Lo que nos lleva al cuarto factor, cuál es la pandemia que ha producido todo un nuevo set de condiciones geopolíticas para que el ‘mensaje’ chino sea mejor escuchado que lo fuera el soviético en su época. Pues, hasta donde podemos saber y conocer, el régimen chino ha sido, por lejos, el más eficiente en la lucha contra la pandemia y en evitar la masa de sus consecuencias económicas más graves.

Lo quinto, es que China no está sola en su mensaje. Hoy tiene de su lado, no solo a grandes organizaciones multinacionales como la ONU y la OMS; también a las BigTech y, posiblemente, pronto disponga del apoyo del BigMoney.

El lector se podrá preguntar por qué hacemos tamaña afirmación. Nuestra respuesta es porque son los mencionados actores quienes lo han dicho con todas las letras.

La ONU con su ‘Agenda 2030’ es la que hace suyas las recomendaciones de Xi Xinping. Ni qué hablar de la OMS o del Foro Económico de Davos y de la Fundación Melinda y Bill Gates.

Por ejemplo, podemos leer en la página web del Foro de Davos cosas como estas: “Bienvenidos al año 2030. Bienvenidos a mi ciudad, o debería decir: “nuestra ciudad”. No tengo nada. No tengo auto. No soy dueño de una casa. No tengo electrodomésticos ni ropa. Puede parecerle extraño, pero tiene mucho sentido para nosotros en esta ciudad. Todo lo que consideraba un producto, ahora se ha convertido en un servicio. Tenemos acceso al transporte, al alojamiento, a la comida y a todo lo que necesitamos en nuestra vida diaria. Una a una, todas estas cosas se volvieron gratuitas, por lo que terminó sin tener sentido para nosotros poseer mucho”. (Ida Auken – Miembro del Parlamento de Dinamarca).

Para concluir, podemos recordar que en las instancias iniciales de la Primera Guerra Fría, los analistas que pronosticaban el triunfo del Comunismo y de la Unión Soviética eran legión.

Sin embargo, ocurrió todo lo contrario. Nadie escuchó los ruidos, pero la URSS colapsó de la noche a la mañana algunas décadas después.

¿Pasará algo similar ahora? Nadie lo sabe. Solo recuerdo y creo que la libertad jugó un papel importante en todo este proceso. Habrá que ver cómo lo juega en el actual.

 

El Doctor Emilio Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.