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El año del perro

El balance del gobierno está muy lejos de ser positivo, pero hay terrenos donde el macrismo, a la hora de las conclusiones, podrá llevarse un aprobado: el combate al narcotráfico aparece como el logro más notable. Pero falla en educación y economía, entre otras cosas.

El lunes se cumplen tres años del mandato de Mauricio Macri en la presidencia. Aquel lejano 10 de diciembre en que la mandataria saliente se negó a entregar la banda presidencial parece anclado en el fondo de los tiempos, a juzgar por el devenir de la realidad nacional, que todo lo sepulta con una velocidad inusitada.

Es que vivimos día a día, como si lo que nos pasa es fruto de lo que hicimos ayer y concluye a lo sumo mañana. Jamás consideramos nuestro presente como fruto de un largo devenir histórico, resultado de decisiones que van cambiando el futuro a medianos plazos y también a largos plazos.

Por ejemplo, la destrucción del sistema educativo no comenzó ayer nomás, o hace algunos años, o cuando los docentes arrancaron sus paros; es una decadencia larga, previsible y de final incierto. La única certeza es que los que peinamos canas salíamos de la primaria leyendo, escribiendo, sabiendo más o menos los conceptos básicos de las ciencias, mientras que hoy egresan del secundario balbuceando, incapaces de saber la diferencia entre “haber” y “¿a ver?”.

Curiosamente, aquellos que reivindican al pueblo como “sujeto histórico” y blablablá, también niegan esa historicidad, que los coloca en un rol de protagonismo y responsabilidad que jamás aceptarán.

Supongamos por un momento que este es un país serio. Supongamos por un momento que se pueden trazar balances donde se miren luces y sombras, rompiendo la dialéctica de todo lo nuestro fue genial, todo lo ajeno es una porquería. ¿Qué conclusiones podríamos sacar entonces?

El balance está muy lejos de ser positivo, pero es una cuestión que merece mayores consideraciones. Hay terrenos donde el macrismo, a la hora de las conclusiones, podrá llevarse un aprobado: el combate al narcotráfico aparece como el logro más notable, porque a la vez revela que su instalación y crecimiento en el país no fue fruto de la permisividad, sino también de la complicidad de aparatos políticos, judiciales y de seguridad.

Otro problema crónico, donde los logros parecen encaminados a llevarse un aprobado merecido tiene que ver con el desquicio heredado en el campo energético. La puesta en marcha de los programas RenovAr, con cerca de 200 proyectos en marcha –algunos ya terminados y en producción, como los cinco parques eólicos inaugurados en los últimos meses- la producción de energías limpias ya representa, en la matriz energética, más kilovatios que los que generan las centrales nucleares.

El desarrollo de Vaca Muerta, pese a los insuperados debates ambientales y a la aún no verificada calidad de los controles estatales, ya provocó el autoabastecimiento de gas, e incluso la reapertura de las exportaciones a Chile. La promesa de miles de puestos de trabajo y un crecimiento muy fuerte hacen que muchos peregrinen a Añelo como si fuera un nuevo Eldorado. Un empresario de servicios a la actividad petrolera, de hecho, confió a quien esto escribe que se crean cien puestos de trabajo al día.

En cuanto a la contención social, pese a las permanentes críticas y acusaciones de ser un gobierno ajustador, solo se han ampliado las coberturas, se han multiplicado, y de hecho el presupuesto 2019 contempla una cuota altísima de gasto social, casi desmesurado, y muchos de esos fondos se entregan a organizaciones, los famosos movimientos sociales, que parecen  corporaciones que lucran con la pobreza, y de hecho utilizan dineros públicos en su acción política en contra de mismo gobierno que le suministra los fondos.

Otro terreno donde se pueden mostrar fortalezas, sobre todo a la luz de lo ocurrido en los últimos días, es el de las relaciones internacionales. El cuarto de siglo peronista osciló desde el alineamiento absoluto, las relaciones carnales de Guido Di Tella y Carlos Menem, al aislamiento hostil hacia los bloques poderosos, formando causa común con Venezuela, Cuba, Bolivia, Irán y la feroz Angola de una dictadura impresentable. Como se ve, aislados de las democracias. La saludable apertura comienza a romper la desconfianza y en el mundo del comercio internacional comienzan a insertarse productos argentinos.

La educación, el eje indiscutido de cualquier cambio y desarrollo posible, sí se lleva un aplazo grande como una casa. No hay un proyecto que piense en un sistema del siglo XXI, no se han solucionado los problemas crónicos, y más allá de debates, jornadas, congresos, proyectos intercambios con los líderes en esa cuestión, no hay nada sólido.

El último proyecto educativo serio aplicado en la Argentina tiene un siglo y medio, lo hizo Sarmiento, y el resto fueron parches. De hecho, se sigue dando clases en las escuelas que construyó el sanjuanino, prueba cabal de la inoperancia que llegó después.

Y vamos al otro aplazo gigante: la economía. Se esperaba que fuese el punto fuerte, y terminó como el talón de Aquiles. Una vez más el devenir histórico aporta pistas para entender. Durante una década larga escuchamos hablar hasta el hartazgo de la redistribución de la riqueza: ese era el norte. Pero esconde una estafa discursiva gigante: el paso previo para distribuir riqueza es generarla, y solo se dificultaron las cosas para lograr esa meta.

Producir en Argentina se hizo imposible: las cargas fiscales insoportables, el costo del trabajo, una productividad inexistente, falta de infraestructura y energía, presiones sindicales cuasi mafiosas, ausencia de créditos y promociones, falta de personal calificado, transformaron a los creadores de riqueza en verdaderos quijotes.

Por si fuera poco, desde el discurso y la acción política, solo se procedió a satanizar a los encargados de crear riqueza. Así los empresarios, los productores agrarios, pasaron a ser enemigos a los que había que maltratar, expoliar, perseguir y descalificar, porque son la antipatria, los cipayos, los oligarcas terratenientes, el enemigo infalible de ese “sujeto histórico” pueblo al que se defendía.

Se deben crear condiciones para generar riqueza, pero claro, la trampa perfecta es que, con el tremendo déficit fiscal que generaron las políticas populistas imposibles de desmontar, no puede pensarse en bajas de impuestos, mejora en los créditos, incentivos o subsidios (no se subsidia al que produce sino al que gasta y consume, eje de la popularidad del populismo, de su aceptación por vastas capas sociales) porque el rojo se haría aún más indominable. El único camino a recorrer parece ser el endeudamiento, el que efectivamente se tomó.

No parece ser un escenario muy propicio, no solo para el gobierno sino para cualquiera que lo pueda suceder. Macri cierra un año terrible, plagado de malas noticias.

Al fin y al cabo, en el horóscopo chino este es el año del perro, parecía imposible que le fuera bien al gato. El que viene será el del chancho, Esperemos que no termine en chanchadas, o revolcándonos en el lodo.