Otra forma del protagonismo de Cristina
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Otra forma del protagonismo de Cristina

El  final de la historia tras la designación de Alberto Fernández como candidato a presidente ha hecho pensar que algo hay detrás y que algo hay que hacer

Lo que más halaga el ego de Cristina Fernández de Kirchner es la centralidad de su protagonismo, sin duda el apetito de poder político y económico está también en su presupuesto vital. Su particular personalidad y temperamento, más las fellinescas características de la política argentina la vuelven a poner en el centro de atención de muchos, tal vez no todos los argentinos.

El acto dudoso de pretender mostrar humildad y renunciamiento, –por qué no intentando emular a aquel de Eva Perón en el balcón de la Casa Rosada allá por los años 50–nos muestra a la ahora precandidata a vicepresidente buscando convertirse en esa suerte de figura referencial y de consulta, cuya opinión indiscutible se deberá acatar para el bien de la unidad del peronismo y de la patria.

En una realidad política de vértigo como la argentina, sin duda ha logrado llevar la atención central no a la foto de una persona vencida sentada en el lugar de los acusados durante la jornada inicial del juicio por corrupción  sino al comentario sobre la supuesta genialidad estratégica del anuncio electoral del sábado.

Claro que la novedad echó a andar la prolífica imaginación de los testigos del anuncio de la fórmula Fernández al cuadrado remite al antiguo eslogan: “Cámpora al gobierno Perón al poder”, o a la fórmula que vino pocos meses después, Perón-Perón. Sin embargo, en esos ejemplos surge la duda (?) de quién será quien mande, si en caso de triunfo electoral la Argentina va a presentar un sistema de gobierno en el que el presidente supedite sus decisiones a la aprobación del ayatola como en Irán, o a la farsa alternativa rusa de Medvedev presidente, Putin primer ministro, donde era claro quién mandaba.

Otros traerán a colación la escasa puntería de Cristina Fernández para elegir a candidatos en lo cuales buscar el triunfo electoral como también la poca delicadeza que tuvo para aparentar por lo menos que la decisión no partía de ella, sino que era tomada en conjunto por los estamentos partidarios. Tales fueron los casos de Amado Boudou en la vicepresidencia en 2011, Aníbal Fernández en la gobernación bonaerense 2015 o Carlos Zannini como vice de Scioli, en el mismo año. 

Los maledicentes también atribuirán a actitudes caprichosas también la designación de Martín Lousteau como ministro de Economía luego de conocerlo durante una gira por Europa.

En todo caso, casi nunca le fue bien principalmente con la ‘gesta’ de la resolución 125 ideada por el ahora adalid de la apertura y el diálogo político.

Con referencia al candidato a presidente ungido, por estos días los medios han fatigado a la audiencia mostrando las declaraciones condenatorias de Alberto hacia Cristina, las durísimas críticas al último periodo de su presidencia y las claras señales de que el futuro nacional y el del peronismo estaba en la figura de Sergio Massa. Pero sabido es que en el peronismo no existe el pasado en cuanto a la autocrítica y al análisis hacia el interior, pues el pragmatismo y la conveniencia del momento en pos del resultado electoral es el valor ético principal.

Hoy es triste ver al resto del arco político, incluido el oficialismo, mirarse azorados y apurando reuniones y consultas para ver cómo responden a esa “genial movida de ajedrez” de Cristina. Como si nadie tuviera personalidad política propia, ni ideas o proyectos con los cuales armarse para las elecciones.

Saber quién realmente le haya aconsejado esa decisión a Cristina no es tan importante como sí lo es valorar que tal personaje o ‘personaja’ sabe muy bien leer en la variedad de las fuerzas sociales, cuáles son las expectativas y necesidades más acuciantes que se han de traducir después en el voto.

Ese supuesto consejero o consejera también sin duda especuló con el factor irracional de los dos lados de la grieta, hábilmente aprovechado, habida cuenta que en la misma tarde ya estaban impresas las camisetas con ‘Fernández-Fernández’.

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El  final de la historia tras la designación de Alberto Fernández como candidato a presidente ha hecho pensar que algo hay detrás y que algo hay que hacer

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