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Batlle lo dijo

Dieciséis años pasaron desde que el fallecido ex presidente uruguayo Jorge Luis Batlle pronunciara una de las frases más viscerales y tristemente célebres de la historia política contemporánea en ambas márgenes del Río de la Plata.

Harto de ser indagado sobre diferencias y similitudes entre su país y la Argentina durante una entrevista televisiva en junio de 2002, apenas unos meses después de la traumática caída de Fernando de la Rúa como primer mandatario nacional aquí, en esta orilla, Batlle descargó su furia, allá enfrente.

El jefe de Estado uruguayo no se percató de que tanto el micrófono como la cámara de TV estaban encendidos, más allá de que la charla formal con su interlocutor había concluido. Y fue entonces cuando se despachó con un rabioso comentario que quedó para la posteridad: al referirse a los argentinos, los tildó de "una manga de ladrones del primero hasta el último".

Luego, Batlle se disculpó, tanto con el pueblo de aquí como con el presidente de ese momento, Eduardo Duhalde, que si bien había perdido las elecciones de 1999 con De la Rúa, tras la salida del Poder del dirigente radical en medio de una aguda crisis económica y social en el país, se las ingenió para alcanzar la Presidencia y gobernar poco más de un año.

El mandatario uruguayo pidió perdón y esgrimió algunos pretextos de ocasión para intentar justificarse, pero su frase lapidaria ya había sido lanzada, como un golpe a la mandíbula certero y letal.

¡Del primero al último! Se animó a enfatizar en aquel entonces Batlle, fallecido en octubre de 2016. Sus palabras aún resuenan de este lado del Río de la Plata e incluso cada tanto recobran fuerza y se replican con vigorosidad, ahora también en redes sociales, en momentos como éstos, que sacuden al país.

Su frase, 16 años después, parece encajar a medida en la fisura que genera hoy el escándalo de los cuadernos del remisero Oscar Centeno en la credibilidad de la sociedad en la clase política de la Argentina.

"¡Batlle lo dijo"!, recuerdan muchos por estos días, mientras observan con resignación el alboroto judicial desatado en torno de los manuscritos de Centeno, decepcionados también, al comprobar quizá que para la clase política argentina la corrupción puede llegar a convertirse en una gimnasia diaria.

Cifras descomunales

Continuará en las próximas jornadas en los tribunales de Comodoro Py el desfile de acusados y "arrepentidos" en la causa por supuestas coimas pagadas por empresarios durante el gobierno anterior. La pesquisa, impulsada por el juez federal Claudio Bonadio y el fiscal Carlos Stornelli, se encuentra en una etapa de instrucción, pero ya produjo un puñado de revelaciones interesantes, en el caso de que logren ser corroboradas.

Por un lado, el exjefe de Gabinete Juan Manuel Abal Medina confirmó la existencia de aportes "en negro" de parte de hombres de negocios para financiar campañas electorales del kirchnerismo, lo que despierta sospechas de connivencia entre las partes en maniobras de lavado de dinero.

Además, el ex presidente de la Cámara de la Construcción Carlos Wagner declaró ante la Justicia que negoció directamente con el exministro de Planificación Federal Julio De Vido el pago de dádivas para la obtención de contratos de obra pública y agregó que las coimas oscilaban entre un 10 y un 20 por ciento del monto global de la inversión estimada.

Wagner también dijo, según pudo averiguar NA, que por detrás de la trama de recaudación estaban los ex secretarios de Estado Roberto Baratta y José Francisco López, ambos detenidos en la actualidad, al igual que De Vido.

En sus cuadernos, Centeno detalló movimientos de Baratta, para quien trabajaba como chofer, con bolsos presuntamente con dinero que aportaban empresarios durante el gobierno anterior a pedido de Néstor y de Cristina Kirchner.

En este sentido, está previsto que la expresidenta y actual senadora comparezca el próximo lunes en Comodoro Py, aunque más allá de la conclusión a la que lleguen Bonadio y Stornelli tras su declaración, la líder de Unidad Ciudadana posee fueros legislativos, por lo que no puede ser detenida.

Trascendió a la prensa que de acuerdo con los manuscritos de Centeno, entre 2008 y 2015 se habrían recaudado US$ 35.645.000 de parte de empresarios, supuestamente para solventar campañas políticas. La Justicia busca comprobar si, en realidad, no se trataba de un mecanismo pergeñado adrede para obtener coimas.

A estas alturas del pos-kirchnerismo en el país, ya casi que los US$ 4,6 millones descubiertos en cajas de seguridad de Florencia Kirchner a mediados de 2016 y los bolsos de López con algo así como US$ 9 millones quedaron relegados a un segundo plano en el menú de incidentes judiciales vinculados con posibles hechos de corrupción durante el gobierno anterior que indignan a la amplia mayoría de la sociedad.

De todos modos, se trata de cifras descomunales, una cantidad de dinero eventualmente "sucio" jamás vista antes en la historia política nacional.

Romper con la trampa del "todos iguales"

Sin precedentes también fue la semana pasada la detención de Amado Boudou, condenado a prisión por el caso Ciccone: el primer exvicepresidente de la República que es enviado tras las rejas por un acto de corrupción comprobado por la Justicia.

Se suponía que iban a ser días movidos los que dejó atrás el país en el comienzo de este mes de agosto y así sucedió, incluso con ligeras escaramuzas en las inmediaciones del Congreso de la Nación después de que el Senado le bajara al pulgar al proyecto de legalización del aborto en el país.

El Gobierno aseguró que insistirá con la propuesta, mientras espera disponer pronto de datos fidedignos sobre el impacto en el humor social del escándalo de los cuadernos.

Sabido es que el macrismo necesita de la grieta y le resulta funcional el hecho de que Cristina se mantenga de pie en la arena política con posibilidades incluso de lanzarse como candidata a presidenta en las elecciones de 2019.
 

¿Por qué? Porque claramente la exjefa de Estado divide aguas en la sociedad, quizá como ningún otro dirigente consigue hacerlo en la actualidad. Y en la vereda de enfrente (en las urnas) por ahora el único que ha logrado pararse con éxito es el actual mandatario, Mauricio Macri.

Sin embargo, en medio de este revuelo judicial en el que está inmerso el kirchnerismo en particular, pero la clase dirigente (bajo sospecha) en general, el oficialismo debería enfocarse en tratar de romper con esa trampa que intentan montar voceros de un sector de la oposición: el falso dogma de que en política, "son todos iguales".

La Justicia le ha concedido al Gobierno una oportunidad única para tratar de diferenciarse, incluso a pesar de las cuentas off- shore de integrantes del Gabinete, del primo dadivoso Ángelo Calcaterra y de los supuestos aportes "truchos" para la campaña de Cambiemos del año pasado.

La gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, se mostró en los últimos días dispuesta a liderar a la tropa de la coalición oficialista en tal sentido: "Yo no soy Cristina, no soy una abogada exitosa, nunca tuve una denuncia por corrupción", aseguró. "No somos todos los mismos", enfatizó Vidal, así como tratando de mostrar el camino al resto.

Y pensando en aquello que dijo Batlle, ¿no van a reaccionar los demás en Cambiemos?

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