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Una geopolítica para el desarrollo

Argentina es hoy un espacio fracturado físicamente por la ausencia de infraestructura de comunicaciones.Debemos usar la capacidad ociosa de las Fuerzas Armadas para desarrollar maniobras sobre los deteriorados ramales ferroviarios que permiten acercar las fronteras, integrar pueblos y abaratar fletes

En numerosos artículos hemos establecido distintas relaciones entre la Defensa y la Seguridad. Es más, también hemos propuesto el concepto de Seguridad Ampliada, que sin mezclar ambas áreas del Estado, permite proteger mejor a los ciudadanos de a pie.

Hoy vamos a tratar de exponer las profundas relaciones existentes entre la Defensa con el Desarrollo.

Si bien la historia está llena de ejemplos de esta frondosa relación, por lo general, se toma como ejemplo a seguir a Otto von Bismarck-Schönhausen, príncipe de Bismarck, más conocido como el Canciller de Hierro y responsable de la unificación alemana durante la segunda mitad del siglo XIX.

Concretamente, Bismark para conseguir este difícil objetivo contó con tres herramientas principales, a saber: la primera de ellas fue emprender una reforma militar que le permitió disponer de un poderoso ejército para llevar a cabo sus planes de unificación alemana.

La segunda, fue una política exterior realista que por un lado forjó un entramado de alianzas diplomáticas y, por el otro, mantuvo a Alemania apartada de la vorágine imperialista que por entonces arrastraba al resto de las potencias europeas.

Y tercero, adoptó por una serie de programas sociales para promover el bienestar de los trabajadores, a fin de que la economía alemana siguiera funcionando con la máxima eficiencia, de tal forma de evitar la llegada al poder de opciones socialistas más radicales. 

Al igual que la Alemania previa a la gran obra de Bismarck, nuestra querida Argentina es hoy un espacio fracturado físicamente por la ausencia de una infraestructura de comunicaciones adecuada, es una sociedad desunida por varias grietas culturales y es una sociedad, moralmente, descreída porque carece de ejemplos a seguir. En este sentido, propongo usar la capacidad ociosa de nuestras FF.AA. para su implementación.

La maniobra se debería desarrollar a caballo de los ramales ya existentes del ferrocarril General Belgrano (FCGB). Con lo dicho, estamos lejos de ser originales. Ya en la década de los años 30, y tras la famosa crisis financiera de 1929, el presidente de los EE.UU., Franklin D. Roosevelt, creó agencias gubernamentales –la del Tennessee Valley y la del Mississippi River- a cargo del Cuerpo Militar de Ingenieros del US Army, a las que les encargó la realización de grandes obras públicas destinadas a dotar al país de una poderosa infraestructura. La que le permitió no solo salir de la crisis económica, sino poner a ese gigante dormido de pie y en condiciones de enfrentar los desafíos que le planteó, luego la Alemania de Hitler y el Japón de Hirohito. 

Salvando la lógicas distancias, nosotros tenemos grandes ríos –como los norteamericanos Tennessee y Mississippi–, que no están siendo aprovechados. Y no me refiero a los naturales. Sino a nuestra basta y abandonada red ferroviaria.

Es Iris Speroni, una licenciada de Economía de la UBA y master en Finanzas de la Ucema, quien nos dice lo siguiente: “El ferrocarril es el alma de la Argentina. Haberlo destruido nos convirtió en una patria desangelada, que es lo que somos actualmente. Permite acercar las fronteras (geopolítica), abaratar fletes (producción) e integrar poblaciones al todo que es la Nación argentina (social). Los políticos socialdemócratas (todos) están más interesados en financiar la Casa Trans que en reconectar miles de poblaciones aisladas tras la muerte del tren. A los políticos les interesa integrar a algunos argentinos más que a otros”.

Y nos propone:
1) Renovar el tendido, (terraplenes y rieles, comunicaciones, señalización, cambios, playas de maniobras, depósitos) en resumen, incorporar la mejor tecnología disponible y recuperar estaciones.

2) Recuperar los talleres. La Argentina debe volver a construir vagones en lugar de adquirirlos –por compra directa– a China. Hace cinco años que lo hacemos. En ese tiempo ya hubiéramos puesto en funcionamiento, al menos, los talleres de Tucumán. Habrá que adquirir una patente para fabricar locomotoras (ya lo hemos hecho). Debe ser a biodiésel para utilizar el combustible más abundante en la Argentina.

Solamente el FF.CC. permitiría relocalizar decenas de miles de familias y generar trabajo genuino en Tucumán y Santa Fe.

Prácticos como somos, le agregamos a la propuesta de Speroni una forma concreta de implementarla mediante el denominado ‘Plan Belgrano’. Uno que empezó con bombos y platillos, pero que al parecer ha naufragado sin mayor pena ni gloria. 

Creemos que fracasó por la ausencia, tanto de un plan coherente como de un instrumento para llevarlo a cabo en forma económica. En este sentido, propongo usar la capacidad ociosa de nuestras FF.AA. para su implementación. 

La maniobra se debería desarrollar a caballo de los ramales ya existentes del ferrocarril General Belgrano, que es el más extenso de la red ferroviaria argentina. Su línea principal parte de la estación cabecera de Retiro, en la Ciudad de Buenos Aires, y se dirige hacia el norte de Argentina, recorriendo las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, San Luis, Mendoza, San Juan, La Rioja, Catamarca, Tucumán, Santiago del Estero, Chaco, Formosa, Salta y Jujuy.

Como tal, cumple un rol económico clave para la producción de las provincias del noroeste y noreste del país, puesto que permite transportarla hacia los principales centros de consumo y puertos.

Aprovechando esta infraestructura existente, pero que se encuentra deteriorada, se podrían organizar formaciones ferroviarias a cargo de los ingenieros del Ejército Argentino compuestas por vagones chatos para transportar vehículos de uso general y maquinaria vial, vagones para el alojamiento de las tropas y vagones sanitarios con personal médico, entre otros posibles.

La tarea principal de estas formaciones sería la de volver a poner en servicio los diferentes ramales y en condiciones de uso como modo de transporte terrestre principal. De tal modo, de aprovechar las claras ventajas estratégicas que plantea el modo ferroviario por sobre el automotor, ya que permite transportar un mayor volumen de carga a un costo menor. A la par que despeja a nuestras saturadas rutas de una innecesaria cantidad de camiones. 

Pero también se podría aprovechar este movimiento para recorrer los ramales del FCGB, deteniéndose en la pequeñas y medianas poblaciones que se encuentran a su vera para llegar con distintas formas de ayuda social y construir obras de infraestructura (pozos de agua, centrales eléctricas de energía limpia, etcétera) que posibilite reincoporarlas a la vida nacional. 

Incluso, como señala Speroni en su interesante artículo, con estas acciones se podrían mejorar las condiciones de vida existentes en esas localidades para crear las condiciones que favorezcan el asentamiento de nuevos pobladores. Los que hoy se atiborran y malviven en villas de emergencia en nuestro superpoblada Ciudad de Buenos Aires y nuestro empobrecido Gran Buenos Aires. 

Algunos podrán esbozar una suerte de sonrisa, descreídos de la capacidad de nuestras FF.AA. y de nuestro pueblo en general. Les repito las palabras del General José de San Martín: “Para los grandes hombres se han hecho las grandes empresas”.

El Doctor Emilio Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.