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Economía de la suscripción: ¿nuevo paradigma de consumo online o utopía?

Los gigantes tecnológicos han agotado un sistema de financiamiento que parecía ideal y ahora podría ceder ante un nuevo negocio para quienes crean contenidos.

Por Redacción

Desde que los teléfonos inteligentes se convirtieron en prácticamente indispensables para la vida cotidiana, las personas nos hemos convertido en clientes cómodos de una enorme diversidad de servicios en internet. Dicha comodidad para consumir y crear videos, búsquedas de información, perfiles de redes sociales, fotos, música, transmisiones en vivo y mucho más, se explica por una característica que la mayoría comparte: la gratuidad.

Sin embargo, y sin importar cuánto los gigantes tecnológicos alardeen sobre la accesibilidad universal a su uso, alguien tiene que pagar; eso es y será siempre así. Hasta hoy, se podría decir que cada minuto que pasamos scrolleando Instagram, mirando videos en YouTube, jugando o buscando una receta en Google se nos cobra después cuando compramos los productos que pagan por los anuncios que interrumpen a cada rato nuestra navegación.

Pensándolo bien, la relación entre quien financia y quien consume no es tan lineal, pero si algo es evidente es que pagamos con nuestra atención. Salvando la distancia entre formas y tiempo de consumo, el modelo no difiere mucho del utilizado previamente y en la actualidad por las cadenas de televisión y radio: quien produce contenido atrae audiencias y las empresas que necesitan dar a conocer sus productos pagan por anuncios para llegar a potenciales consumidores. Ahora bien ¿qué consecuencias tiene hoy este modelo para quienes basan su negocio o sustento económico en las ganancias de internet?

Publicidad en tiempos de Facebook y Google

La concepción ideal de este acuerdo tripartito entre consumidores, productores de contenido y auspiciantes parece no tener fallas. Pero cuando se toma dimensión de que internet como fuente de ingresos es un terreno compartido por cientos de miles de empresas, proyectos culturales, artistas, escritores, músicos y otros creadores de contenido, la noción de competencia empieza a hacerse difusa.

El siguiente ejemplo puede servir para ilustrar mejor este presente: según un informe de la empresa analista de recursos digitales Insider Intelligence, dos tercios del gasto publicitario en internet de Estados Unidos provienen de la inversión de Facebook, Google y Amazon. El tercio restante, por ende, es el que el resto se disputa para tratar de competir contra estos monopolios en la atracción del público hacia sus páginas o sitios en internet. Y esto los hace, en definitiva, más caros de mantener.

Esta realidad ha frustrado las intenciones de millones que veían a la publicidad como una posible vía de ingreso a cambio de "regalar" contenido a sus audiencias. No obstante, hace algunos años que el sistema de suscripciones han presentado una alternativa a medios y productores de contenidos que no consiguen rentabilidad en los servicios de las redes sociales y gigantes tecnológicos. ¿Cómo podría mantenerse esto?

Pagar por lo que querés ver

La suscripción no es nada nuevo. Hoy en día, gran parte de diarios y medios de comunicación online cuentan con sistemas de contenido exclusivo o directamente piden que te registres para consumir sus contenidos. Twitter, YouTube y Twitch también cuentan con la posibilidad de suscribirse a perfiles pagos, lo que da la pauta de que las empresas tecnológicas no ven con malos ojos este formato.

Lo que este formato garantiza es que el consumidor pague directamente por el trabajo del productor, igual que alguien pagando por ver un comediante en un bar, por ejemplo. De todos modos, la posibilidad de crear contenido gratis y la creencia exagerada de que cualquiera puede hacerse millonario siendo YouTuber o influencer se han encargado de reproducir una brecha enorme entre quienes ganan y quienes no tanto. Además, muchas suscripciones son soportadas durante un tiempo corto por los usuarios, como es el caso de los podcasts, los audiolibros o los medios de comunicación independientes.

A fin de cuentas, quizás serviría tomar consciencia de que los grandes monopolios tecnológicos ofrecen entretenimiento y servicios muy útiles sin pedir dinero a cambio, pero esto no es equivale a que sean gratis. Por el contrario, su supremacía absoluta como acaparadores de la atención los hace poseedores de un monopolio de publicidad que nos posibilita seguir usándolos, pero encarece el resto de las propuestas de internet. 

¿Es mejor ver mucho y gratis que poco y pagando? ¿Qué relación económica pretendemos llevar con quienes nos entretienen? ¿Cuánto vale nuestra atención? El avance de la tecnología y la diversidad de contenidos están lejos de haber llegado a un estado permanente y vivimos momentos de reconfiguración constante en cuanto a nuestros consumos. Ser conscientes como usuarios no sólo nos llevará a un balance más sano entre gasto de atención y dinero, si no que también nos traerá mejores contenidos.