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La COP26: ¿de qué se trata todo esto?

En la Conferencia por el Cambio Climático en Glasgow quedó en claro que la Argentina, a diferencia de Brasil, se suma al coro de los países nórdicos financiados por el lobby verde, cuando en realidad nuestras emisiones de carbono no llegan ni al 0,5% del total global

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático de 2021 es la 26ª conferencia de las partes de la Convención Marco de la ONU que se celebra en estos días en la ciudad de Glasgow, Escocia. La conferencia también incluye la 15ª reunión de las partes del Protocolo de Kioto (CMP16) y la segunda reunión de las partes del Acuerdo de París (CMA3).

En los días previos a ella, pudimos ver un gracioso spot para promocionarla cuando un dinosaurio ingresó al hemiciclo donde tienen lugar las reuniones de la Asamblea General de la ONU para colocarse en el podio de los oradores para advertirnos que no fuéramos tan tontos de seguir su ejemplo y extinguirnos. “Al menos –dijo al finalizar su alocución–, nosotros tuvimos la excusa del meteorito, pero ustedes no pueden ser los responsables de su propio meteorito”.

Mucho menos graciosas y mucho más reales sonaron las palabras del príncipe Carlos de la Corona británica, quien en la jornada inaugural de la COP 26 afirmó: “Mi plegaria hoy es que los países podrían unirse para crear el entorno que permita a todos los sectores de la industria tomar las medidas necesarias. Sabemos que esto tomará trillones, no billones de dólares. También sabemos que muchos de los países que están sumergidos en deudas no la pueden afrontar. 

“Aquí es donde necesitamos una gran campaña de estilo militar para someter a los sectores privados globales con trillones a su disposición sobre el PBI global. Incluso, con un respeto que vaya más allá del debido a los líderes mundiales. Esto lo debe abrir la única perspectiva real que tenemos para lograr una transición económica fundamental" (resaltado nuestro).

Como vemos, para el príncipe es natural que se usen medios militares para lograr lo que él mismo denomina como una transición económica fundamental. Vale decir, responder en los términos concretos en que lo hizo el primer ministro de Canadá, uno de los súbditos de la Corona británica, quien en su propio discurso en Glasgow prometió no sólo reducir sus explotaciones petroleras sino, también, cortarlas de cuajo.

Por su parte, el presidente de los EE.UU., Joe Biden, criticó el faltazo a la cumbre del presidente chino  Xi Jinping y del ruso Vladimir Putin.

Simultáneamente, el primer ministro de la India, Marendra Modi, sostuvo que no cumplirá con los objetivos de reducción de carbón. Con todo esto, lo que la cumbre va dejando en evidencia es que el mundialismo de las élites occidentales está en decadencia y que se impone la multipolaridad. 

Por nuestra parte, el presidente Alberto Fernández, en su discurso en el marco de la cumbre que compartió con los principales líderes del mundo, dijo que “es necesario aplicar la emisión de los Derechos Especiales de Giro del FMI a un gran pacto de solidaridad ambiental, que incluya a los países de bajos ingresos y renta media y que sirva para extender los plazos de las deudas y la aplicación de menores tasas”.

En otro pasaje de su discurso retomó la propuesta que también planteó en la cumbre del G20 en Roma sobre la necesidad de “crear mecanismos de pagos por servicios ecosistémicos, canje de deuda por acción climática e instalar el concepto de deuda ambiental”.

También enumeró las acciones que tomó Argentina en materia de política ambiental, como la presentación al Parlamento de un proyecto de ley sobre electro movilidad, y anunció “medidas profundas para erradicar la deforestación ilegal, tipificándola como delito ambiental” y “un nuevo proyecto de Ley de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos”.

En esta línea, resaltó la importancia de “fortalecer el multilateralismo ambiental e impulsar la capitalización de los Bancos Regionales de Desarrollo”, y propuso la creación de un “comité político y técnico sobre financiamiento climático, con representación equitativa de países desarrollados y países en desarrollo, que trabaje en la definición de una hoja de ruta sobre cómo movilizar los fondos necesarios, que reconozca el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas y que tenga en cuenta el endeudamiento y las limitaciones estructurales, así como las necesidades de bienestar social”.

“Debemos comprometer aportes concretos que deben estar acompañados por medios para su implementación que nos permitan una transición hacia una economía limpia, con menos carbono y resiliente a los impactos del cambio climático”, explicó, al tiempo que advirtió que “el impacto sobre los recursos y bienes naturales comunes ha superado límites que plantean desafíos concretos que deben ser atendidos”.

Así, pidió que se cumplan “los compromisos y obligaciones asumidas por las economías desarrolladas y garantizar el acceso a los 100 mil millones de dólares destinados a impulsar la acción climática”. Ya había sugerido que el FMI acepte canjear deuda por proyectos que respeten el medio ambiente y también propuso que se utilicen los Derechos Especiales de Giro para financiar iniciativas contra la emisión de carbono. Además planteó crear un comité político y técnico para dirimir qué países van a recibir créditos verdes para la defensa del medio ambiente.

Pero no todos están de acuerdo con este planteo. Por ejemplo, el vicepresidente de Brasil, el general Hamilton Mourão, dijo que su país usaría "armas de la diplomacia" para proteger lo que la administración considera su interés nacional en la conferencia del COP26.

"La Amazonía representa alrededor del 50% del territorio de Brasil. Si tenemos que mantener el 80% de eso intacto, no solo por nuestra propia legislación sino también para cooperar con el resto del mundo para prevenir un cambio climático drástico... estamos hablando de preservar diez Alemanias ", dijo Mourão a los periodistas. 

"Tiene que haber una negociación para que el país sea compensado por hacer ese trabajo en beneficio del resto de la humanidad". Agrega el general que Brasil es el mayor exportador mundial de carne vacuna, gran parte de la cual se produce en la Amazonía, y tenía que defender su derecho a desarrollar su economía.

Nos preguntamos entonces por qué la Argentina quiere sacar siempre patente de buen alumno, cuando nuestra realidad es que la mayoría de nuestros pobres no tiene para comer y la clase media apenas si puede alquilar un monoambiente. Pero pese a ello, nos sumamos al coro de los países nórdicos, financiados por el lobby verde, cuando nuestras emisiones de CO2 no llegan ni al 0,5% del total global.

Sea como sea, lo que está claro es que los países occidentales, una vez más, están decididos a imponer al resto su agenda. Pues, si en el Siglo XIX ellos enviaban a sus cañoneras para apropiarse de los recursos naturales que necesitaban, hoy nos apostrofan desde la superioridad moral de sus dudosas multinacionales y ONGs que nos hablan “en bien de la Humanidad”. Como dice un profesor amigo, “cuando alguien me nombra a la Humanidad, sé que quieren estafarme”.

 

El Doctor Emilio Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.