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¿Vuelve a estar de moda el peronismo?

Hay muchas dudas sobre lo que pasará en la Argentina, su propia cuna, cuando no son pocos los que afirman que el presidente Alberto Fernández no es peronista

Para empezar, podemos citar el tuit de un consumado político del partido demócrata norteamericano, Larry Summers, quien afirma: “Me preocupa la argentinización del gobierno de Estados Unidos”. Y a continuación expresa las similitudes entre el trumpismo con el peronismo argentino.

Pero no está solo ni son nuevos esos temores, ya que en abril de 2009, Rush Limbaugh, al comentar el rescate gubernamental de General Motors y Chrysler, dijo: “El presidente de Estados Unidos, Barack Perón, anunciará su adquisición de Chrysler al estilo argentino”. 

Para seguir y ponernos serios, podemos argumentar que desde sus orígenes al peronismo se lo vinculó con el fascismo.

Un mito que ha continuado hasta nuestros días y que, incluso, se ha ampliado para confundir todo populismo o, aún más, a toda postura no liberal, con el peronismo. Que fue antiliberal, pero que no fue fascista, como vamos a explicar a continuación. 

Ya en 1944, el reconocido novelista británico George Orwell escribió: “Parecería que, tal como se usa, la palabra 'fascismo' ha quedado casi totalmente desprovista de sentido. En las conversaciones, por supuesto, se usa casi más ampliamente que en prensa. La he oído aplicada a granjeros, tenderos, al Crédito Social, al castigo corporal, a la caza del zorro, a las corridas de toros, al Comité 1922, al Comité 1941, a Kipling, a Gandhi, a Chiang Kai-Shek, a la homosexualidad, a las transmisiones de Priestley, a los albergues juveniles, a la astrología, a las mujeres, a los perros y a no sé cuántas cosas más”.

Posteriormente, durante el Congreso de la IV Internacional Socialista (Ernest Mandel), se les ordenó a todos los partidos comunistas del mundo que usaran el término 'fascismo' y 'fascista' para designar a todo aquel que se opusiera a la ideología del Partido.

 

La hoja de ruta peronista

Obviamente que existió un fascismo histórico. Y que como tal se desarrolló, fundamentalmente, en la Europa de la Belle Epoque. Especialmente en Italia, donde nació, aunque también tuvo manifestaciones importantes en España, Rumanía y Hungría.

Sin mencionar a otras menores, en lugares impensados, como los EE.UU. y la Gran Bretaña.

Particularmente, la Argentina tuvo su organización fascista y fue la denominada Liga Patriótica Argentina, fundada en enero de 1919 por el dirigente de la UCR Manuel Carlés, que logró algún apoyo en sectores conservadores por un cierto tiempo previo al surgimiento del peronismo.

Pero volvamos al presente y a la pregunta que encabeza este artículo: ¿vuelve el peronismo a estar de moda?

Al respecto, ya vimos que los norteamericanos lo asimilan, tanto con Trump como con Obama, cuando alguno de ellos quiere poner en funcionamiento políticas de corte populista.

En ese sentido, parecen más sólidos los argumentos del ruso Aleksandr Dugin, quien es un pensador del que se dijo en su momento  que estaba vinculado –nada más ni nada menos– que a Vladimir Putin.

A Dugin se le atribuye la creación de la denominada ‘Cuarta Teoría Política’. Cuarta porque se considera a sí misma la superadora de las tres teorías políticas anteriores, vale decir: la democracia liberal, el comunismo y el fascismo.

También sabemos que Perón, por su parte, habló siempre de una Tercera Posición. “Ni yankees, ni marxistas” era el lema de sus seguidores. Una posición que, como tal, también se opuso al capitalismo y al marxismo.

¿Se opone Dugin con su Cuarta Teoría al peronismo? Para nada, están en casi un todo de acuerdo. No lo decimos nosotros, lo dijo el propio Dugin en su conferencia pronunciada hace algunos años en la sede de la CGT en Buenos Aires. 

Y lo explica con todas las letras en uno de sus últimos libros, El Logo argentino. metafísica de la Cruz del Sur, donde expresa una suerte de hoja de ruta peronista, basada en:

1) Su política de sindicatos independientes del Estado;
2) la nacionalización de los grandes monopolios privados;
3) la liberación de toda forma  de dependencia extranjera;
4) la defensa de los valores tradicionales de la sociedad, tales como la familia y el catolicismo y
5) también de su conexión con la tierra con todo lo telúrico. 

 

Coincidencias y algo más

Sigamos con las coincidencias que lo vuelven a poner de moda a Perón.

Probablemente, la más importante sea la del papa Francisco. No por su juvenil militancia en el grupo peronista de Guardia de Hierro, sino por algo más profundo, cuál es su formación como jesuita y su teoría propia de la Metapolítica.

Un enunciado teórico que lo acerca a las posiciones humanistas y anticapitalistas del peronismo. Pero, ¿qué es lo que ellos tienen en común, más allá de estas conexiones?

Las coincidencias son varias. La primera es que ambos son partidarios, desde lo cultural, de una visión más bien conservadora, y en ese sentido opuesta a lo políticamente correcto. 

La segunda, el rechazo del imperialismo norteamericano y del soviético, algo en lo que Donald Trump coincide –al menos indirectamente– desde su postura aislacionista. 

Y la tercera y fundamental es que todos ellos piensan sus respectivas realidades políticas a partir de espacios autocentrados. Vale decir, independientes de los procesos globalizadores y de su resultado el Nuevo Orden Mundial. Algo que hemos visto se ha intensificado tras la llegada de la pandemia y sus consecuencias. 

Cómo sigue la película de la moda del peronismo no lo sabemos con certeza. Muchas son las dudas. Como qué es lo que pasará en la Argentina, su propia cuna, cuando no son pocos los que afirman que su presidente, Alberto Fernández, no es peronista.

O la suerte que puede correr en los EE.UU. su principal emulador, Donald Trump. Sin olvidarnos del papa Francisco y su campaña apostólica para la conquista de China.

Como vemos no se tratará, para nada, de una moda aburrida.

El Doctor Emilio Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.