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Ronnie Walker, el mendocino que peleó en la Segunda Guerra Mundial

Se cumplen 80 años del ataque de Alemania a Polonia y el inicio del conflicto europeo que luego desencadenó la Segunda Guerra Mundial. 

Muy pocos conocemos que en la Segunda Guerra Mundial participaron  miles de argentinos, que por distintas razones se involucraron en aquel conflicto. Algunos porque se encontraban residiendo en países beligerantes y otros se alistaron desde la Argentina, voluntarios hijos o nietos de británicos Y franceses que sirvieron en sus fuerzas armadas de aquellos países.

De Mendoza, cientos de ellos partieron hacia aquel destino, entre los que se encontraban apellidos como Lester, Thompson, Bell, entre otros, pero uno de ellos, llamado Ronald Walker, tuvo la oportunidad de  luchar en grandes  batallas.

Walker nació en Buenos Aires, pero desde muy niño se radicó en Mendoza. Su padre fue el conocido vendedor de automóviles John A. Walker, quien había llegado a estas tierras desde Escocia.

En abril de 1938, y después de concluir los estudios secundarios, Ronnie –como le llamaban- prefirió estudiar ingeniería automotriz, una profesión con mucho futuro.

En nuestro país no existía esta carrera y tuvo que viajar Lancarshire, en el Reino Unido.

Vientos de guerra

Al llegar a Gran Bretaña, Ronnie se encontró con la delicada situación política que vivía el continente europeo. 

Desde hacía varios años Alemania estaba gobernada por un movimiento político llamado nacionalsocialismo, encabezado por Adolf Hitler. En Italia, un gobierno de similar ideología estaba liderado por Benito Mussolini.

Ambos amenazaban la democracia del mundo. En el caso de Alemania anexó Austria y para esa fecha, Hitler invadió Checoslovaquia . Esto causó la reacción de los países democráticos que se prepararon para un posible encuentro contra los germanos.

En mayo de 1939 Hitler y Mussolini firmaron el 'Pacto de Acero', una temible alianza ofensiva. Sólo faltaban meses para que estallara la guerra.  

Armas por libros

Al final del verano de 1939, una noticia repercutió en el mundo: "Hitler invadió Polonia". Esto sorprendió a Ronald, quien se encontraba estudiando en la ciudad de Leed, al noreste de la isla británica.

Sus compañeros se alistaron en las fuerzas armadas, y dos meses después, decidió incorporarse como voluntario al ejército, tal vez por ideales de libertad y para defender la patria de sus ancestros.

El joven se registró en la oficina Nº 86 de reclutamiento e inmediatamente comenzó la instrucción en Tidowrth -Wiltshire- una localidad ubicada al Oeste de la capital inglesa. 

Miles de soldados se veían caminando por las calles de la pequeña ciudad. Para el argentino, el clima no era el más propicio, ya que no estaba acostumbrado a la lluvia por tantos días y el alto porcentaje de humedad. 

En el campo de entrenamiento se les entregó a los reclutas uniformes y equipos para luego comenzar con la dura instrucción. Por la mañana se hacían largas caminatas con el equipo completo de unos 50 kilos, luego se practicaba combate cuerpo a cuerpo en donde un sargento explicaba los puntos más vulnerables del cuerpo del enemigo, quien estaba representado por medio de una bolsa colgada.

Lo más importante era la práctica de tiro al blanco, que se realizaba en el polígono con todo tipo de armas ligeras.

Noticias del Nuevo Mundo

A mediados de diciembre de 1939, los diarios anunciaban con grandes títulos que el acorazado de bolsillo alemán Graf Spee había sido hundido en las costas del Río de la Plata. Sin duda la noticia inquietó al joven recluta, ya que el conflicto podía ser mundial y afectar a la Argentina.

Para el recluta Walker fueron cinco meses de duro entrenamiento, que fortaleció su cuerpo y su alma para poder enfrentarse a un poderoso enemigo. Como la mecánica era su profesión, pasó a formar parte del primer Regimiento, denominado 'Fife & Forfar' de tanques livianos.

Cumplido el período de instrucción, se embarcó en abril de 1940 en el puerto de Dover hacia Calais, en donde era parte de la Fuerza Expedicionaria Británica en Francia.

Inminente invasión 

Las tropas del Tercer Reich habían ocupado Polonia y todo hacía suponer que su próximo objetivo era Francia. 

El 10 de mayo de 1940, los alemanes invadieron el territorio francés utilizando un nuevo tipo de guerra llamada Blitzkrieg, o guerra relámpago. En pocos días conquistan Holanda, Bélgica y parte del territorio galo.

La batalla de Arras fue el bautismo de fuego para Ronnie y su batallón, y allí pelearon palmo a palmo contra enemigos superiores en táctica y tecnología.

Comandos británicos en acción durante un ataque.

El ejército anglo-francés tenía muchas falencias en la coordinación de los altos mandos militares y esto originó la pérdida de varias ciudades estratégicas. La retirada hacia la ciudad de Dunkerque ocasionó la evacuación del ejército británico sobre el Canal de la Mancha, denominada Operación Dynamo.

Miembros de la llamada Operación Dynamo, entre quienes estuvo el mendocino Walker.

El infierno de Dunkerque 

El batallón que integraba Ronald había sido diezmado por el ataque de los alemanes. Todo era desconcierto, soldados que escapaban abandonando sus posiciones de combate, otros resistían del ataque.

Sobre la costa, un millar de barcos aliados evacuaron a las tropas, mientras los aviones alemanes bombardeaban y ametrallaban vehículos militares, edificios aledaños al puerto y todo lo que se movía.

Muchos camaradas del soldado Walker habían muerto, cuando una bomba estalló sorpresivamente en uno de los barcos. Columnas de humo se elevaban desde todos los ángulos. Con el agua hasta la cintura el mendocino subió a una de las naves.

El último barco zarpó el 2 de junio y la silueta del destructor Skikari desapareció tras una cortina de humo. El soldado Walker llegó a la isla británica sano y salvo.

Comando Walker

Meses después de derrotado el ejército expedicionario Ronald ascendió a sargento, y luego de realizar un entrenamiento especial, fue elegido para participar en un grupo Comando denominado “Nº 9”. La misión era muy peligrosa y consistía en destruir bases de la Luftwaffe y baterías antiaérea en Calais y Saint Balery. 

Ofensiva militar en Birmania, en la que participó Ronnie Walker.

En una noche de febrero de 1941, los comandos, integrado por tres oficiales y setenta soldados, entre los que se encontraba el flamante sargento Walker, atacaron con explosivos las instalaciones de la base. En el asalto murieron muchos hombres, pero a pesar de las bajas, la operación fue un éxito y un reducido grupo regresó al Reino Unido.

Un mendocino en Sandhurst

El joven argentino  reunía excelentes condiciones para ser oficial de Ejército y fue seleccionado para realizar la instrucción táctica y académica correspondiente.

Después de seis meses recibió el grado de subteniente y se incorporó al regimiento escocés Cameronians. Para el joven oficial el clima frío no era beneficioso y sugirió que lo destinaran a un lugar más cálido. Es así que viajó hacia Asia. Fue el oficial más joven que se graduó en la historia en ese instituto.

A principios de diciembre de 1941, los japoneses les declararon la guerra a los aliados y el conflicto europeo se convirtió en mundial.

El regimiento del subteniente Walker fue enviado a Malasia y a Singapur, pero estas islas estaban en manos enemigas y partieron hacia la India, donde estuvo más de un año.

Allí conoció ciudades muy importantes como Bombay, Calcuta y Madrás.

Al iniciarse la segunda campaña de Birmania participó en Arakan. En ese territorio, aparte de los enemigos japoneses existían las enfermedades y las frecuentes e intensas lluvias.

Los nipones lanzaron su última ofensiva en Rangoon, en donde el recientemente nominado capitán Walker peleó en plena selva en extremas condiciones climáticas.

Algo que le llamó mucho la atención fue que las mulas que los transportaban eran de origen argentino. En el mes de julio de 1944, Ronald se enfermó de disentería y fue trasladado en mula y luego en avión a Calcuta.

De regreso a casa

Finalizada la guerra en 1945, Ronald Walker regresó a Mendoza, el 13 de mayo de 1946, tras haber pasado ocho años lejos de su patria. 

Muchos de sus amigos lo recordaban como una persona reservada, amable, caballero y honesto. Como su padre, siguió en el negocio automotor.

Otras de las actividades que desarrolló fue la activa participación en el Club Unión, y realizó varias donaciones a escuelas de campaña. 

Muy pocas veces contaba su triste experiencia en la guerra.