Godoy Cruz, Mendoza, Argentina
Godoy Cruz, Mendoza, Argentina

|11/05/20 04:33 PM

El Capitán Beto, aquel Garro de los ascensos

Con un nombre ilustre en el fútbol mendocino, el recordado Tachuela hizo memoria y balance de su paso por la cuyanía fobalera, a la que sigue vinculado como coordinador de inferiores en el Tomba

Hace 26 años, un 19 de junio, fue el Capitán Beto que comandó los destinos de esa nave godoicruceña que hizo pie en las tierras rojas de Misiones y logró el histórico ascenso a la segunda categoría del fútbol argentino: el Nacional B. 

Con la base de aquel equipo que se impuso a Guaraní Antonio Franco en la final, más algunos aportes (que irá recordando en el transcurso de la charla)  jugó dos años en esa categoría, logrando muy buenas performances.

Tras dejar el Tomba, se guardó un año, para hacerse cargo del Atlético San Martín. Allí volvió a calzarse el traje de “Capitán Beto” y en 1997 repitió la hazaña de ascenso. Comenzó dirigiendo al Albirrojo en esa primera incursión por la segunda categoría del fútbol argentino, aunque debió irse antes de la finalización del certamen por los malos resultados.

Alberto Isaías Garro, el célebre “Capitán Beto”, el Señor de los ascensos y las múltiples batallas futbolísticas hoy sigue vinculado al fútbol desde otra función: es coordinador del departamento de juveniles de Godoy Cruz Antonio Tomba.

Ya sin la adrenalina de aquellas tardes en que debía explicar pos partido el porqué de un triunfo, una derrota o un cambio desde un banco de Primera, El Tachuela está feliz con su función actual. El Capitán Beto ya no extraña sentarse en un banco de profesionales y sigue creyendo en los conceptos humanos, los que aprendió como jugador y como técnico, para transmitírselos a una nueva generación de jóvenes.

“¿Por qué decidí no dirigir más en Primera? Porque hay un tiempo para todo. Así como un día dejás de jugar y por ahí te hacés entrenador, también como entrenador ya sentía que mi tiempo había pasado. Sin hablar mal de la parte dirigencial, ver los problemas de siempre; jugadores sin cobrar, más otras dificultades, te desgastan. Podría haber continuado, me pica aun el bichito del técnico, pero ya me había cansado.

“Y fíjate que no es por la edad, porque en Europa y acá todavía dirigen técnicos grandes, pero en lo personal preferí dar ese paso al costado”.

-Es decir que si te llaman de Primera, de donde sea, es no.

-No. El mejor ejemplo en Bianchi. Querés ganar todo y te echan como un perro, todo por una ambición boluda. Bien o mal, soy el que soy, el que logró lo que logró con Godoy Cruz y San Martín y en ambos clubes me reconocen y respetan por eso. Pero si te va mal, la gente se acuerda de lo último.

-Estás asociado a hitos en la historia de Godoy Cruz y San Martín, que aun con las penurias económicas que padecían, lograron nada menos que ascender. ¿Lamentás no haber dirigido a los dos, en la época de mejor pasar económica?

-Y sí, pero es lo que me tocó. Igual estoy feliz, disfrutando de mi trabajo en Godoy Cruz. Tengo ganas, salud y trabajando en un equipo en el que está Daniel Oldrá, que es un como hijo para mí, y con gente que dirigí y quiero como el Gallego Sallei, Manuel Villalobos, Gustavo Funes, Nico Olmedo, José Guardia.

-En tu época te hacían la fama de ser un entrenador que le daba la espalda a los jugadores de afuera y prefería siempre a los del medio.

-No, nunca fue así, jamás hice diferencias con algún jugador ni fui caprichoso. Lo que yo les decía a los representantes de entonces era que si me ofrecían a alguien que era mejor a lo que yo tenía, iba a jugar seguramente, pero que si no me quedaba con los míos. Y había que traer alguno superior, eh. Fijate la jerarquía que había en el fútbol mendocino por entonces y los refuerzos que yo traía. A Godoy Cruz llevé a Alberto Naves, Carlos Riquelme y Pedro Perico Ojeda, que eran figuras en Independiente, San Martín y Gimnasia. A Franco de Argentino y Maipú.

En Independiente tuve a Panchito Rivadero, dirigí al Lute Oste, al Bocón Torres, como antes a Alberto Cepeda, un pampeano que nadie me aconsejaba traer, porque decían que no le gustaba entrenar. “¿Si hasta un asesino, tiene derecho a un juicio, como no va a tener derecho un jugador a que no se lo prejuzgue?” les contestaba yo. Siempre tuve en cuenta a los buenos jugadores. 

En Godoy Cruz siempre hubo una escuela de apostar a los valores de inferiores, con buenas camadas, faltaba experiencia pero así y todo, hoy en los archivos se puede ver como terminábamos en las tablas de posiciones.En San Martín yo agarré un equipo que había armado Carlitos Bartolucci, con la mayoría de acá y ascendimos.

-Dirigiste a Rubén Paz en Godoy Cruz. ¿Hoy lo pondrías con 36 años y por allí no en su mejor momento?

-Cuando me lo ofrecieron averigüé como era. Rubén Almeida y Alejandro Abaurre que lo conocían de Racing me dijeron que era una gran persona. Como jugador no se lo podía negar. Si estaba bien lo ponía; para el equipo y para la gente.

-Hoy en otra condición, ¿lo traerías?

-Y sí. Venía un solo Rubén Paz, no diez Rubén Paz. Siempre va a jugar, esté gordo o lento, tiene que jugar. Era un jugador de calidad.

-¿Cambió mucho el trato con el jugador? Hoy los pibes manejan redes sociales, otra información…

-Si bien es una generación distinta, con los juveniles me llevo muy bien, sino preguntale a Bullaude, Burgoa o Badaloni, como soy con ellos. Por ahí la juventud de hoy tiene problemas diferentes a los de otra época pero son seres humanos. Cuando Daniel Oldrá me llevó al club me advirtió eso, pero me adapté. Hay que conocerlos a los chicos y saber cómo les podés llegar con tu propuesta. No hay secreto, es sentido común. Y nunca le falté el respeto a nadie en alguno de los equipos que estuve.

-¿Te sentís reconocido como entrenador?

-Sí, fundamentalmente por mis jugadores, que me saludan, me llaman. Por la gente, por los hinchas. En Godoy Cruz y San Martín me hacen sentir ese afecto y también cuando voy a ver partidos de otros equipos. En Palmira, Gutiérrez también, clubes en los que laburé, como también en otras canchas me hacen sentir ese respeto.

-¿Te arrepentís de no haberte manejado con representantes como para intentar dirigir afuera de Mendoza?

-Puede ser, pero no habían tantos representantes en mi época de Nacional B. Ojo que me llamaron de Atlanta, Instituto, Talleres y Gimnasia de Jujuy, pero tenía dos opciones. Estaba cómodo en Godoy Cruz, pero también tenía un buen empleo en el entonces Ministerio de Obras y Servicios públicos y si me iba debía renunciar. Por eso cuando me llamaban pedía que me pagaran todo el año. ‘Pero Garro ¿No confía en nosotros?’ me preguntaban.

No era eso, solo que sabía que si perdía dos o tres partidos, me iban a echar y me iba a quedar desocupado. ¿Cómo le daba de comer a mi familia? Ya me había pasado y estuve un año sin ingresos, no podía arriesgarme más.

-¿Tuviste buena relación  con los DT que pasaron por Godoy Cruz?

-Con Heinze hablé dos veces cuando estuvo en el club. Era muy distante y se comunicaba más con Oldrá. Con Dabove, Ribonetto, Bernardi, Priotti y el Gallego Méndez, tuve más trato y mantengo comunicación fluida hasta hoy. 

-¿Cuáles fueron los jugadores de mayor riqueza técnica  que dirigiste?

-Uh, varios: Marcucci, Battú, el Chino Vargas, Daniel Miranda, Sergio Agüero, Maladot, Marcelo Herrera, Titi Leyes, Beto Falcone, Chufi Sosa, fueron varios.

-¿Fuiste mejor como entrenador o como jugador?

-Como entrenador. Como jugador, era volante por derecha, después gracias a Abel Sklate, fui volante central. Se había lesionado Jorge Pacheco y el técnico me explicó mañas del puesto (él había jugado en esa posición), debuté ahí y rendí. No salí más (risas) Querría haber sido un volante como el Gato Lentz, que era lo máximo (risas). Yo sin tanta dinámica, era prolijo para jugar, simple, sin tanta gambeta, pero recuperaba buenas pelotas y tuve grandes jugadores como el Quique Lucero, Pancho Monárdez, Norberto Mecca y el Ñoqui Galeassi a quienes dársela (ríe otra vez). Mi hermano Dante (ex figura en Independiente Rivadavia fallecido hace algunos años) tenía mayor técnica que yo.

Arranqué jugando en Independiente Rivadavia, pasé a Luján donde estuve en el 69 y 71. Allí en el Granate formábamos con Fumagalli; Mantovani, Amaral, Bordeira y Pipa Lahoz, Gesaroli, yo y Hugo Oro, Falcioni, Guzmán y el Manco Moyano.

También Jugué en Argentino, en  Huracán y Talleres en donde me retiré a los 37. Me acuerdo que había asumido el Cholo Converti y le dije que no iba a jugar más, que él necesitaba otra dinámica de jugadores.

A la semana me tocan el timbre y era el Cholo que me ofreció ser su ayudante de campo. Acepté y estuve con él varios años, inclusive lo acompañé a Banfield en el torneo del 85 que Racing volvió a Primera. En ese torneo (eliminatorio) nos ganaron el primer partido en la cancha de Boca 3 a 1, la revancha en Vélez le ganamos 3 a 1, pero ellos pasaron por mejor posición en la tabla general. De Cholo Converti aprendí todo como entrenador. También de Jorge Julio, Sklate y Cortenova.

El Capitán Beto se detiene en muchos nombres célebres para el fútbol mendocino. Habla del Victor, Aliendro, Zolorza y tantos otros que eran la riqueza del fútbol mendocino en esos años. Sabe que jugó con los mejores y luego tuvo a cargo una camada de futbolistas que fueron de  lo mejor en los 80, 90 hasta pasados los primeros años de los 2000 que dejó de dirigir.

Hoy Alberto Isaías Garro, curtido en experiencia, con la voz más relajada, sin ese particular hilito de voz, característica suya después de vivir tan intensamente los encuentros, pero con la pasión de antaño de aquellas tardes de Primera y Bancadas de Primera, sigue ligado a su docencia en el fútbol.