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Augusto Streich, el alemán que retrató pasajes del pasado de nuestra provincia

Fotógrafo de profesión, emigró a nuestra provincia por motivos de salud y rápidamente se integró a la sociedad, en la que tuvo una destacada participación

La Mendoza de finales del siglo XIX fue retratada por varios fotógrafos extranjeros que llegaron desde muy lejos; entre ellos, el alemán Adolfo Alexander, quien realizó algunos trabajos y partió de la provincia antes de la destrucción que se produjo el 20 de marzo de 1861 a causa de un gran terremoto.

En 1880 llegó el artista portugués Cristhiano Junior, quien estampó a través del ojo de su cámara soberbias postales que reflejaron aquella época en una ciudad que progresaba día a día. 

Diez años después del trabajo del fotógrafo lusitano arribó desde Alemania el joven Adolfo Streich, quien permaneció hasta su muerte en nuestra provincia y con su máquina reflejó miles de personajes, inauguraciones, eventos y edificios con su característico sello.

 

El alemán que emigró por su salud

Augusto Streich había nacido en Erfurt, Alemania, en 1866. Desde muy joven se inició en el arte de la fotografía y trabajó para la famosa casa Reichard y Lindre, en Berlín. Además, por su profesionalismo, fue contratado por el Imperio Alemán para retratar diferentes eventos sociales y culturales en aquel ámbito en donde los germanos se encontraban en el máximo esplendor.

A principios de 1880, aquejado por problemas de salud y por consejo de su médico, decidió viajar a otros sitios para aliviar sus molestias y eligió a Sudamérica para radicarse, al ver que este territorio vivía un gran auge con una importante inmigración europea.

Así partió hacia la aventura lleno de expectativas y sueños, aunque ignoraba que en un lugar tan recóndito desarrollaría todo su potencial artístico en la fotografía.

 

Mendoza, tierra de prosperidad

Streich se embarcó en el puerto de Hamburgo iniciar su travesía; cruzó el Atlántico y arribó a las costas de Brasil, para luego seguir rumbo al puerto de Buenos Aires. Al pisar suelo porteño, el fotógrafo teutón quedó maravillado.

Se estableció unos meses en Buenos Aires y luego viajó por el país con su cámara. En Tucumán conoció a Matilde Schacoff, con quien se casó y tuvo tres hijos. Después de vivir allí unos años, los Streich partieron rumbo al Oeste, más precisamente a Mendoza, “la tierra del sol y del buen vino”.

Por aquel tiempo y desde hacía varios años, nuestra provincia había comenzado a ser el hogar de miles de inmigrantes que llegaban con grandes sueños y con la esperanza de vivir mejor. Fue así que italianos, españoles, franceses, alemanes, polacos y suizos, entre otros –es decir los “gringos”– estaban por todos lados, decían los criollos.

Streich y su familia llegaron en 1890 y se instalaron para que Adolfo probara suerte con su oficio.

El fotógrafo alemán se insertó rápidamente en la sociedad local e instaló su primera casa de fotografía ubicada en Necochea 48, de Ciudad. En ese estudio inició sus actividades realizando cientos de retratos a las más distinguidas familias de la alta sociedad mendocina.

Demostró su bien cultivado oficio haciendo imágenes de gran calidad, no solamente artísticas, sino también con una técnica sorprendente utilizando cámaras y luces de última generación.

 

Soldados del Cuerpo de Vigilancia retratados por el artista alemán.

 

En la Ciudad todo el mundo hablaba del fotógrafo alemán, la mayoría de sus clientes lo recomendaban y muchas de sus imágenes se convirtieron en un verdadero tesoro de la historia local.

Streich realizó un importante relevamiento cuando se estaba construyendo el Ferrocarril Trasandino y plasmó históricas imágenes a medida que la obra avanzaba en plena cordillera andina.

El fotógrafo fue miembro activo de la Masonería mendocina participando en la Logia Luz, a la que se incorporó a fines del siglo XIX para después ocupar varios cargos en esa entidad. 

También se vinculó con asociaciones filantrópicas y de bien público, entre otras, y también fue socio fundador –junto a su amigo Carlos Fader– de la Sociedad Alemana en Mendoza.

 

Una cámara muy popular

El 1 de agosto de 1897 mudó su estudio a la calle Las Heras 23, donde con la incorporación de nuevos equipos su actividad siguió creciendo.

El gobierno de la provincia lo convocó para retratar a sus mandatarios y algunas de estas imágenes quedaron para la posteridad, como las de la asunción, el día 6 de marzo de 1910, de Rufino Ortega (hijo), investido por Emilio Civit con los atributos de primer mandatario de los mendocinos.

Streich fue, además, el único fotógrafo local que retrató la llegada de la escultura del Cristo Redentor, que fue trasladada en partes para su posterior ensamblado, instalación e inauguración en 1904.

 

Imagen de la inauguración del monumento al Cristo Redentor en 1904.

 

En 1910, en los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo, cientos de imágenes fueron plasmadas por su máquina fotográfica.
Cuatro años más tarde, durante la inauguración del Monumento al Ejército de los Andes, su cámara también fue testigo de ese particular acontecimiento. 

Dejó cientos de postales de plazas y paisajes de la cordillera andina, pero su prolífera carrera fue más allá y su nombre se encuentra en la lista de los primeros reporteros gráficos que tuvo la provincia. Y en ese rol, dejó un destacado registro fotográfico del cuerpo del gaucho Cubillos, al que retrató poco después de su muerte.

Aparte de su oficio de fotógrafo, Streich se dedicó a la vitivinicultura, construyó una pequeña bodega y cultivó varias hectáreas de una emblemática variedad de vid. Se casó por segunda vez con Marta Passarge viuda de Geijer y tuvo otros tres hijos. 

Desde 1933 este alemán y su familia vivieron en una casa de la calle Leguizamón y luego se mudó a otra de la calle Lencinas, en pleno centro del departamento de Godoy Cruz, donde falleció el 7 de diciembre de 1948 a la edad de 82 años. 

Sus restos descansan en una tumba ubicada en el cementerio de la Ciudad de Mendoza junto a su segunda esposa y varios de sus hijos.