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Perfil psicológico de un estafador: cómo reconocerlo

Con mayor o menor intención, todos mentimos. Ahora bien, en el extremo encontramos a aquellas personas que hacen del engaño su principal fuente de ingresos 

Por Redacción

El engaño ha existido siempre, y los estafadores también. Por lo general, muchas personas destacan por su gran altruismo. Desgraciadamente, estas son las víctimas favoritas de los estafadores, que no dudan en aprovecharse de la buena voluntad y de la confianza de otros.

Los estudios realizados sobre la confianza dan a entender que la mayoría de nosotros estamos, de alguna manera, programados para confiar en los demás.

Por norma, no ponemos en duda el relato de los demás, salvo que seamos especialmente incrédulos y la persona cuente con determinados precedentes o el contenido de la propia narración sea una justificación de una conducta que, de alguna manera, no deja en buen lugar al otro. Esta declinación neuronal hacia la confianza hace que podamos ser engañados con facilidad.

 

Introducción a las estafas

El delito de estafa se encuentra tipificado en el Código Penal. En él se establece que comete una estafa la persona que, con ánimo de lucro, utilice el engaño para producir error en otro, induciéndole a realizar u acto de disposición en perjuicio propio o ajeno.

También el que, con ánimo de lucro, y valiéndose de alguna manipulación informática o artificio semejante, consiga la transferencia no consentida de cualquier activo patrimonial en perjuicio de tercero.
Así como quienes fabriquen, introduzcan, posean o faciliten programas de ordenador específicamente destinados a la comisión de las estafas.

 

Diferencia entre delito y falta de estafa

Por otra parte, cabe señalar que se considera un delito de estafa cuando la cuantía de lo defraudado excede los millones. Cuando el valor de lo estafado es inferior a esta cantidad, se considera una falta de estafa.

 

Perfil psicológico de un estafador

El perfil psicológico de un estafador se relaciona con características asociadas a la ambición, la avaricia y la gran capacidad para la manipulación y el engaño, de ahí que se aprovechen de la ingenuidad de muchas personas.

A ello se añade que son personas carismáticas, observadoras, que estudian a sus víctimas y con gran capacidad para la palabra.

Suelen ser personas educadas, con buena presencia, que hablan con mucha seguridad y que se ganan pronto la confianza de su víctima. El secreto de todo buen estafador no es lograr que la víctima confíe en él, sino que la víctima sienta que el estafador confía en ella, lo cual es totalmente diferente.

En muchas ocasiones, pueden llegar a utilizar una falsa fragilidad y vulnerabilidad, provocando sentimientos relacionados con el altruismo.

Esto les lleva a buscar víctimas más vulnerables. Los perfiles favoritos son las personas mayores, los turistas, personas desempleadas y personas que tienen necesidades económicas. En la mayoría de las ocasiones son desconocidos, y es habitual que, una vez cometida la estafa, desaparezcan de la zona o municipio.

La falta de empatía, asociada a un egoísmo natural, es una característica altamente asociada a los estafadores, al igual que la falta de remordimientos, antes, durante y después de cometer el engaño y la estafa.

 

Recomendaciones ante los estafadores

La mejor prevención siempre es una buena información. Por ello, se aconseja no hablar sobre inversiones con personas que no sean de confianza, no facilitar el número secreto de la tarjeta, desconfiar de todo técnico que aparece sin previo aviso y requiera dinero con urgencia (en este caso, se recomienda comprobar que pertenece a la empresa, etcétera).

Finalmente, cuando se es víctima de una estafa, es fundamental formular una denuncia. De esta forma, se podrá recuperar lo perdido, si no se recupera la cantidad completa, tal vez una parte; pero, sobre todo, se ayudará a que otras personas no caigan en las entretejidas telarañas de los estafadores.

 

Algunos de los mayores engaños de la historia

Dos de los estafadores más famosos de la historia saltaron al cine: el de Frank Abagnale (en 1960), quien suplantó su identidad hasta en ocho ocasiones y canjeó cheques falsos por un total de 2,5 millones de dólares. La película Atrápame si puedes (Catch me if you can) cuenta esta historia, dirigida por Steven Spielberg y protagonizada por Leonardo Di Caprio.

El otro caso es el de Nick Leeson (en 1995), un operador de bolsa británico que provocó la quiebra de la banca Barings, después de dejar un agujero de 1.400 millones de dólares, cuya película fue protagonizada por Ewan McGregor y se titula El gran farol (Rogue Trader).

En un mundo tan moderno, los considerados timos tradicionales conviven con los nuevos. Estar alerta es, sin duda, una prioridad para evitar estafas y engaños, especialmente en épocas de crisis como la actual.

 

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