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La emotividad negativa en la depresión

Es una prueba más de la profunda complejidad de este trastorno. Se trata de la capacidad para sentirlo todo de manera adversa, amenazante y con tintes de absoluta desesperanza

Por Redacción

La emotividad negativa en la depresión es como una nube cargada de culpas, enfados, malestar y tristeza sin -aparente- solución. Es una combinación desgastante de infinitas pinceladas de desesperanza trazando un lienzo de claroscuros donde la persona termina perdida e incrustada durante meses en ese su trastorno del estado del ánimo.

Asimismo, a la hora de profundizar y entender estas realidades clínicas es importante considerar otro aspecto. Con emocionalidad negativa no nos referimos solo a ese universo de sensaciones y sentimientos adversos y desapacibles. Esa negatividad también hace referencia a ‘no sentir nada’, porque en esta condición mental es recurrente la baja activación que acompaña a la anhedonia, a la incapacidad para sentir placer, interés o motivación.

No está de más tomar conciencia de que tener una depresión es una de las vivencias más complejas a nivel psicológico. No es solo estar triste y no tener ganas de salir de la cama. En la mente de quien recibe este diagnóstico habita también el odio hacia uno mismo, la sensación de culpa y por supuesto la eterna desesperanza.

 

¿Qué es la emotividad negativa en la depresión?

Dentro de los trastornos psicológicos más recurrentes entre la población está la depresión mayor. Lo llamativo -y preocupante- es que buena parte de las personas siguen asumiendo que la depresión es sinónimo exclusivo de tristeza.

La emotividad negativa en la depresión es como un filtro psicológico que orienta a nuestra mente a buscar y procesar la realidad de manera nociva. Además de ello, se le añaden otros factores como aplicar un locus de control externo (pensar que nada está bajo nuestro control) pensamientos negativos recurrentes, además de una autoestima muy baja.

Esta teoría fue enunciada en los años 80 por Watson y Tellegen en un estudio ya célebre, en el que se explicaba que dicho modelo se explicaba mediante tres factores: afecto de valencia negativa, anhedonia y alteraciones fisiológicas.

 

La culpa y la ira, dos emociones que pueden edificar la cárcel de una depresión

Este dato es curioso. Sabemos que aquellas personas que han vivido una relación de pareja dominada por el maltrato físico y psicológico tienen unas altas probabilidades de desarrollar un trastorno depresivo.

La teoría de la emotividad negativa nos demuestra en estos casos que lo que edifica el propio trastorno no es la tristeza o la desesperanza. Son emociones como la ira y la sensación de culpa lo que consolida esta condición psicológica.

Estudios, como los realizados en la facultad de psicología de la Universidad Islas Baleares (España), profundizan en este hecho; en cómo en las mujeres que han sido víctimas de violencia de pareja es esencial trabajar esas dimensiones. Por un lado, la sensación de culpabilidad por no haber dejado antes esa relación y por otro, la ira por todo lo vivido.

 

La emotividad negativa en la depresión y los estados introspectivos

Hemos señalado con anterioridad que una característica de la depresión es sin duda la indefensión, la falta de control sobre lo que nos rodea y la sensación de que hagamos lo que hagamos nada cambia. Ahora bien, existen otras dinámicas igual de decisivas que son también el sustrato de la emotividad negativa en la depresión: los estados introspectivos.

¿A qué nos referimos con este último término? En esencia, a los siguientes procesos:

  • Sensación de soledad. Idea que nadie puede entender lo que nos sucede.
  • Inutilidad. Convencimiento de que uno no sirve de nada, de que no es válido para la sociedad, relaciones etcétera.
  • Irritabilidad constante. De pronto todo empieza a molestar, cualquier cosa enfada, irrita, perturba…
  • Desesperanza. Esta dimensión es el eterno leiv motiv en las depresiones, es la idea que el mañana no nos traerá nada positivo, de que los problemas no tienen solución.

 

La baja activación emocional: anhedonia

La emotividad negativa en la depresión se relaciona también con el no sentir, con la no reacción y no conexión con la realidad inmediata. No estamos hablando de estados catatónicos, sino de conductas en las que una persona deja de sentirse partícipe de la vida cotidiana.

La anhedonia, la apatía y también la abulia, perfilan esas realidades en las que no se experimenta placer, ni motivación, el entusiasmo está ausente y uno es incapaz también, de tomar decisiones y de reaccionar ante lo que le rodea.

No es adecuado, por tanto, quedarnos solo con la idea de que depresión es sinónimo de tristeza. Porque lo cierto es que estamos ante una entidad multifactorial que no todo el mundo vive de igual modo.

Sin embargo, poner el foco de atención en el aspecto emocional es decisivo para entender el porqué de esos enfados constantes o esas enfermedades psicosomáticas que no responden ante los fármacos.

Como decía Federico García Lorca, el más terrible de todos los sentimientos es el de tener la esperanza muerta. No dudemos en solicitar ayuda cuando transitemos por este tipo de situaciones.
 

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