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¿Cómo nos afecta escuchar quejas?

¿Conoces a alguien que se esté quejando todo el tiempo? Aquí te contamos las consecuencias y qué podés hacer para evitarlo

Por Redacción

Quejarnos es una manera de liberar tensión y desahogarnos ante una situación incómoda o desagradable. El problema es que vivimos una sociedad en la que la que esta expresión es protagonista.

Provienen de muchas direcciones y pueden ser quejas importantes y bien fundamentadas o, por el contrario, quejas por asuntos insignificantes o sostenidas por argumentos muy débiles. Sin embargo, nos olvidamos de que escuchar quejas repetidamente puede llegar a afectar a quien las oye.

Son varios aspectos psicológicos los que se ven alterados cuando los discursos y la información que nos rodea se caracteriza por el pesimismo, la negatividad y el enfado. Esta es la conclusión general que se extrae de diferentes investigaciones, las cuales han concluido que las quejas modifican el estado de ánimo, la capacidad de atención e incluso la funcionalidad del cerebro.

A continuación, profundizamos en este particular fuente de malestar y proponemos una serie de consejos para evitarlas.

 

Quejarse como modo de vida

Manifestar el desacuerdo o desagrado es una respuesta natural y saludable. Sin embargo, hay personas que hacen de ello un modo de vida. Se quejan con independencia del transcurrir de los acontecimientos. Desde que comienzan el día, tienen algo de lo que lamentarse: hace calor, hace frío, han tardado en servirle, no han puesto esfuerzo en preparar un plato… Y, lo que es peor, tampoco proponen una solución o hacen algo para cambiar su situación.

Además, a nivel de relaciones, la queja puede llegar a ser una forma consciente o inconsciente de manipulación. Con ella, la persona intenta generar culpa, compasión o conflicto. Así, se ahorra asumir su responsabilidad y poner al otro en situación de tener que resolver su problema o intervenir para satisfacerle.

Hay otras personas que incluso, ante un problema que no les afecta, se permiten manifestar un venenoso descontento. También, cuando alguien les propone una solución o una alternativa, o dan una noticia positiva, estas personas encuentran rápidamente un punto débil o negativo con el que empañarla.

 

Las consecuencias

Tener a personas que se quejan constantemente, como las mencionadas anteriormente, son, sin duda, una fuente de estrés. Escuchar quejas nos lleva a tener pensamientos y emociones negativas. Nos genera una preocupación y, con ello, el miedo y la tristeza crecen, así como la sensación de que algo, o todo, va mal y debemos estar alerta.

Además, escuchar quejas provoca que nuestro bienestar y capacidad de concentración disminuya, ya que los recursos atencionales se tienen que repartir entre más estímulos. Esto, además, afecta a la propia capacidad de tomar decisiones y resolver problemas, pues la capacidad para fijarse en elementos importantes y descartar opciones se altera.

Esto ocurre, al parecer, porque nuestro cerebro interpreta la queja automáticamente como una amenaza. Así, el cuerpo responde desencadenando una serie de procesos fisiológicos que serían esenciales en una situación de emergencia, es decir, el eje hipotalámico-hipofisiario-adrenal segrega una rápida y gran cantidad de cortisol. En una situación de amenaza real esto serviría para que saliéramos corriendo y escapando de la amenaza o bien defendiéndonos.

En el caso de las quejas, no ponemos esa respuesta de escape o defensa en marcha, por lo que el cerebro está interpretando un peligro respecto al cual no hacemos nada. Solo escuchar pasivamente. Es entonces, cuando los efectos pueden ser realmente nocivos. Al parecer nuestras neuronas del hipocampo comienzan a morirse.

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