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Minar Bitcoin produce toneladas de basura: ¿qué soluciones hay?

La actividad tecnológica ligada a la producción de criptomonedas es cada vez más cuestionada por sus consecuencias ambientales.

Por Redacción

Un estudio recientemente publicado en la revista Resources, Conservation & Recycling constata que la minería de Bitcoin produce una cantidad anual de deshechos electrónicos comparable a la basura de dispositivos tecnológicos generada por Holanda.

El minado de criptomonedas es una de las formas de ganar dinero con estos activos digitales; en concreto, los mineros funcionan como "auditores" de las transacciones para obtener una ganancia propia. Para hacerlo se requieren computadoras y placas de video con gran capacidad de procesamiento.

Cada año, la basura producida por esta actividad asciende a un estimado de 30,700 toneladas, según consignan Alex de Vries y Christian Stoll, autores de la investigación. Si se divide esta cantidad de deshechos por el número de transacciones anuales se concluye que cada una genera, en promedio, 272 gramos de chatarra; en comparación, el peso del flamante iPhone 13 es de 173 gramos.

Hasta ahora, la atención sobre el impacto ambiental de las criptomonedas se centraba en la energía necesaria para, justamente, minar. Sin embargo, el nuevo estudio también considera el tiempo de vida del hardware que se utiliza; según estiman los investigadores, estos equipos duran más o menos un año y medio hasta convertirse en deshecho electrónico.

Hacia una minería "eficiente"

Asumiendo que el consumo de electricidad ya constituye un punto débil para pensar en el mercado cripto a futuro, varias compañías informáticas ya empezaron a fabricar una posible solución apelando a la nanotecnología. Se trata de los llamados ASIC (Circuitos Integrados de Aplicación Específica), que son chips con altísimas capacidades de procesamiento diseñados para sustituir equipamientos más pesados.

Si bien los ASICs pueden convertirse en una alternativa menos contaminante que el hardware utilizado para minar, los autores del estudio indican que, por ser tan específicos en las funciones que se les asignan, no pueden ser reutilizados en otras tareas. Por lo tanto, también se volverían obsoletos, a lo que se suma el problema global de escasez de chips que se desató por los cortes en los circuitos de comercio en el inicio de la pandemia.

Pero mientras esta opción es considerada por quienes integran la diversa industria cripto, otra más clásica asoma como posible: empezar a reciclar las carcasas metálicas y estructuras de aluminio que compone a los equipos tradicionales de minado. 

Es cierto que el virtuoso ciclo de la reutilización parece la respuesta definitiva al problema de la sustentabilidad de Bitcoin. No obstante, las cifras al respecto no son muy alentadoras; a nivel global, sólo un 17% de la basura electrónica es reciclada. Si parece poco, este número podría ser menor de considerarse las mediciones que se escapan en los países donde el minado de Bitcoin tiene poca o nula regulación, concluyen de Vries y Stoll.

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