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El juego de Elon Musk con Bitcoin: ¿quiénes ganan y quiénes pierden?

El furor por las criptomonedas no para de atraer personas, dinero y recursos hacia un universo financiero que se jacta de no ser manipulable.

Por Redacción

Esta semana trascendió que Tesla, la empresa fabricante de autos eléctricos dirigida por el multimillonario Elon Musk, tomó la decisión de desprenderse de todo su capital en la criptomoneda Bitcoin. En febrero de este año, la misma firma había adquirido la suma de 1.500 millones en ese activo, anunciando además que empezaría a recibirlo para realizar pagos. Ambas decisiones fueron anunciadas por el propio Musk, que al día de hoy afirma estar preocupado por la alta cantidad de energía eléctrica utilizada en la minería de Bitcoin, lo que pone en serias dudas su sustentabilidad ambiental.

Entre febrero y mediados de mayo de este año, el valor máximo de la moneda virtual ha fluctuado entre los 32.000 y 65.000 dólares por unidad, alcanzando éste último pico en abril y luego de crecer en un porcentaje cercano al 1000% desde el inicio de 2020, si se tiene en cuenta su valor al primer día de ese año, que era de 7.259 dólares según el relevamiento de investing.com.

Si bien no puede atribuirse que la disparatada volatilidad de Bitcoin sea causada por una empresa o por una persona, no deja de resultar llamativo que muchas de los últimos saltos y caídas de su valor hayan sido consecuencia de un tweet o de una entrevista en televisión. El funcionamiento de esta criptomoneda (y de las otras) es extremadamente complejo y tiene un origen basado en la necesidad de desprenderse de la influencia de actores tradicionales de la economía como la conocemos, llámese Estado, bancos o corporaciones financieras. 

Sin embargo, el furor por este enfoque "revolucionario" y futurista de la economía no parece ser inmune a la manipulación por parte de los grandes ganadores de la economía mundial.

Cómo funciona Bitcoin

A grandes rasgos, las criptomonedas son activos digitales encriptados, es decir cifrados con algoritmos prácticamente indescifrables, en un sistema de alojamiento y gestión de datos ordenados en bloques conocido como blockchain (cadena de bloques). Las transacciones de Bitcoin, Ethereum, Dogecoin y las demás criptomonedas (que ya son cientos de miles) son validadas por miembros de la cadena que sólo pueden modificar o editar información haciendo lo propio con todos los bloques anteriores. Por ello, la tecnología que sustenta las criptomonedas asegura que, gracias a la participación y el consenso de sus propios usuarios, las operaciones no puedan ser falsificadas, robadas, duplicadas o destruidas, y en eso radica su valor.

En parte por esto, y desde el inicio de su popularidad hace aproximadamente 10 años, Bitcoin se ha posicionado como el nuevo paradigma de la economía del futuro por no ser susceptible a ningún tipo de arbitrariedad, estafa o conflicto de intereses en la determinación de su valor, que se rige exclusivamente por la oferta y la demanda. Una moneda indestructible, completamente privada, creada, supervisada y utilizada por personas y para personas.

Entran los jugadores grandes

El crecimiento más acelerado y de mayor dimensión de Bitcoin se ha producido durante la pandemia de coronavirus. Algunos años antes, en 2017 para seer precisos, su precio se había disparado a 20.000 dólares por unidad para luego caer en un 45% tras menos de una semana. Pero lo que vemos hoy es, literalmente, el auge de las criptomonedas o al menos su equivalente en valor económico.

La recesión de la economía a nivel mundial tras la llegada del coronavirus en 2020 provocó que los bancos centrales de los países se concentraran en medidas económicas con intereses nulos e incluso deficitarios, como la emisión de moneda, la toma de deuda y otras, con el objetivo de aumentar sus recursos para mitigar los efectos del virus.

Ante este escenario, fondos de inversión y otros actores privados del mercado dirigieron su interés hacia las criptomonedas entendiendo a este activo como inmune a las devaluaciones y, por lo tanto, una buena opción para proteger el patrimonio. La apuesta de inversores grandes no tardó en agrandar el valor de Bitcoin, que empezó a ser tendencia por aparecer como un lugar seguro para hacer crecer los ingresos rápidamente y ganarle a la inflación, sobre todo en países como Argentina. Para tener una idea, en nuestro país ya existen aproximadamente 2 millones de cuentas para transacciones en la blockchain.

En medio de la crecida exponencial de las monedas virtuales y el "hype" generado por Twitter y los medios de comunicación, no sólo Bitcoin atrajo la atención de los "peces gordos", sino también otras criptomonedas creadas para competir en esta creciente tendencia económica, como es el caso de Dogecoin. Y como mencionamos antes, sus entradas al mundo cripto significaron grandes inyecciones de dólares cuando decidieron invertir, y grandes retiros cuando dejaron de confiar, generando cambios de valor que afectaron (y afectan) a los inversores de a pie.

¿Futuro de la economía o burbuja?

El concepto de una divisa descentralizada, regulada por sus usuarios y anclada en una sofisticada tecnología es realmente atractivo y permite soñar con un futuro libre de especulaciones que beneficien a minorías. La idea de adoptar un nuevo sistema de creación de valor como un paradigma económico moderno está en plena revisión, tanto por su creciente impacto ambiental como por la evidente influencia que, a fin de cuentas, sí tienen los grandes ganadores de los mercados.

La llegada de la pandemia desveló los niveles de desigualdad económica que afectan al mundo desde hace años, y el viraje de grandes capitales a Bitcoin y otras criptomonedas no parece otra cosa que un traslado del mismo problema a un formato nuevo. Si Elon Musk puede hacer bajar o subir el valor de la "mejor" criptomoneda del mundo con un tweet o una entrevista cuando le conviene ¿dónde queda el valor de la descentralización y la independencia de la regulación económica "tradicional"?