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El nombramiento de Rosatti al frente de la Corte encendió alarmas

Carlos Aguinaga, exintegrante del Ministerio de Justicia de la Nación, dio su opinión sobre la designación. “Estará siendo observado por toda la sociedad”, dijo

La llegada de Horacio Rosatti a la titularidad de la Corte Suprema de Justicia de la Nación no fue una cuestión de fácil trámite interno en el máximo organismo de justicia de nuestro país. 

Implicó mostrar delicadas fisuras entre los miembros de la Corte, una preocupación en todo el sistema judicial argentino y un conveniente alivio en el exclusivo círculo de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Rosatti es un viejo conocido de la política judicial y de la política en sí en las últimas décadas de la vida nacional. Ocupó cargos muy importantes en la provincia de Santa Fe, de donde es oriundo, y en el plano federal como convencional constituyente en la reforma de la Carta Magna de 1994, además de ocupar el cargo de ministro de Justicia durante la presidencia de Néstor Kirchner. Rosatti llegó a la Corte en 2016, cuando el entonces presidente Mauricio Macri lo propuso ante el Senado.

La historia en el alto púlpito judicial de la Nación se repite increíblemente, ya que Rosatti se votó asimismo tras recibir solo el respaldo de Juan Carlos Maqueda y Carlos Rosenkrantz. Tal como sucedió con el riojano Julio Nazareno, cuestionada herencia de una Justicia rotulada como menemista que recibió la administración de Fernando de la Rúa. Para muchos entendidos, para continuar con el halo de impunidad sobre graves hechos de corrupción que se denunciaban sobre la presidencia de Carlos Saúl Menem. 

Es quizá aquí donde también se repetiría la historia con Rosatti, según denuncian sectores políticos y judiciales.

A pesar de todo lo expresado y de las muchas conjeturas que se hacen en torno de la asunción del nuevo presidente de la Corte, sobre todo que ello implicaría cubrir cuestiones muy comprometidas en investigaciones judiciales que envuelven a Cristina Fernández, en el sector del kirchnerismo duro cuestionan severamente el nombramiento del santafesino. No así desde la Presidencia de la Nación, donde hay una suerte de guiño recordando que el actual presidente cultivó amistad y coincidencia política en el gabinete de Néstor Kirchner.

 

“Debe actuar con independencia política”

Para analizar con mirada mendocina la asunción de Rosatti, El Ciudadano entrevistó al abogado y exintegrante del Ministerio de Justicia nacional Carlos Aguinaga, quien sobre el polémico nombramiento dijo: “Creo que la designación del doctor Rosatti como presidente de la Corte se efectúa en un clima de disputa entre los distintos integrantes del máximo organismo, que es de público conocimiento”.

—¿Cómo ve esa disputa?

—Lo que allí sucede es todo un mundo. Hablamos de la Corte de Justicia de la Nación, donde ocurren muchas cosas que solo sus integrantes conocen de manera plena. Por eso se hace difícil emitir una opinión sobre sus diferencias de criterios y cómo logran las mayorías para las votaciones de autoridades.

 

—Dicen muchos observadores de la Justicia que con Rosatti se repite la historia de Nazareno...

—Sí, escuché mucho de eso por estos días. Pero Rosatti tiene importantes antecedentes como para afrontar el desafío de gobernar el Poder Judicial de una manera que permita que los argentinos tengamos un mejor sistema judicial, y por eso debe actuar con independencia política.

 

—¿Cree que lo logrará?

—Debe hacerlo porque estará siendo observado por toda la sociedad que exige a sus gobernantes un comportamiento cada vez más serio. El poder ciudadano es cada vez más grande y los funcionarios deben responder a esos ciudadanos.

 

—¿Cree que la nueva cabeza de la Corte es sinónimo de impunidad, como señalan algunos sectores judiciales y de la oposición?

—Es muy prematuro afirmar que la designación del doctor Rosatti como presidente de la Corte pueda ayudar a la impunidad sobre causas de corrupción que enfrenta la expresidenta y actual vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

 

—Pero, puede que ocurra...

—Creo que el Poder Judicial debe dictar sentencias de acuerdo con la ley. Por eso, el control republicano, la prensa independiente y los ciudadanos son los que van a ejercer un rol activo para evitar que se dicten sentencias por razones distintas a lo que dice esa ley.

 

—De todas maneras, ¿no le preocupa lo que ocurre con la Justicia y la nueva autoridad judicial del país?

—Considero que la sociedad ha puesto el foco de atención de manera muy activa en el control de los actos de gobierno de los funcionarios y el Poder Judicial no está exento de ese control social. La Justicia, al igual que los poderes Ejecutivo y Legislativo, debe actuar siempre de acuerdo con la ley y también cumplir con las expectativas sociales. 

“Si esto no ocurre, el ciudadano tiene muchas maneras de hacerse notar, de hacerle ver a los funcionarios sus errores y de exigirles un correcto comportamiento”, aseguró Aguinaga.