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La diferencia

Los votantes "neutrales" son pocos, pero valen mucho cuando se piensa que todo se puede definir por un escaso puntito, y así aquel “dueño” temporal de ese puntito puede volverse la vedette de eventuales segundas vueltas.

Ante una elección crucial como la que llevamos adelante hoy, la hojarasca comunicacional, publicitaria y de redes ha aportado tanto ruido que, salvo los convencidos, los incondicionales de uno u otro lado, poco puede predecirse de la actitud de los neutrales, de los de terceras posiciones, o los indecisos.

Son pocos, pero valen mucho cuando se piensa que todo se puede definir por un escaso puntito, y así aquel “dueño” temporal de ese puntito puede volverse la vedette de eventuales segundas vueltas.

Entonces, hay un pequeño punto en que vale detenerse, y ante el desencanto del “todos son iguales”, o el más de lo mismo, ni con uno ni con otro, me detengo en un matiz, que termina siendo la gran diferencia.

Uno ha invitado a “seguir trabajando juntos”. El otro ha dicho “voy a ponerles plata en el bolsillo”. La diferencia es abismal, ahí todo lo demás se diluye. Intentando expresarlo en redes, sostuve que la elección ya no es política, sino que ante esta luz se vuelve ética.

Para quienes creen –y son muchos- que el papel de un gobierno es simplemente darle cosas, ponerle plata en el bolsillo, solucionarle los problemas… en fin, asistirlo para que viva lo más holgada y despreocupadamente posible, la elección no tiene alternativas.

Te cambio mi voto por manutención, dicho sin pelos en la lengua.

En todo caso, no se eligen autoridades. Se busca un patrón.

Hace casi 30 años, en su disco Acariciando lo áspero, Divididos publicó la canción El burrito, con una letra reveladora: "El burrito sencillo va solito al corral, buscando el amo bueno que te dé libertad. Cuántas veces corro y no te puedo alcanzar, yo me pongo tu uniforme y vos me das de morfar".

Por el otro lado, está la invitación a trabajar juntos. No es muy específica, no es muy expresiva, apenas apunta a una idea, sin explicitar el traslado a la práctica.

Es apenas la invitación a ser partícipe y no mero receptor en la construcción social.

La diferencia, de todos modos, es tan clara que deja perfectamente patente que estamos ante una elección que encierra dos concepciones de sociedad, de país, y del rol de cada uno en cada caso.

Los indecisos, los que llegado el caso deban salir de sus terceras posiciones, tendrán en esta diferencia un camino de decisión.

Veremos que resulta. Hoy empieza a escribirse la respuesta.