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¿Y si todo fuera producto de un acto de guerra?

Tomando este supuesto como verdadero, podríamos deducir que la filtración del virus del COVID-19 solo se trataría de una maniobra entre otras posibles, como movidas financieras, ciberataques o enfrentamientos convencionales en algunos puntos del mundo, acciones que se vienen registrando en los últimos tiempos y de las que nuestros políticos no nos van a hablar porque están enzarzados en sus internas

Haciendo breve una historia que promete ser larga, pues no ha terminado, podemos resumirla diciendo que comenzamos a hablar de la pandemia de coronavirus a fines del 2019. Solo unos pocos lo hicimos en ese momento y alertamos sobre el peligro que representaba. Pronto se distanciaron las apreciaciones respecto de ella, desde los que la calificaron como una “gripecita”, hasta los que la personificaron como el “jinete pálido” (el de la peste) del libro bíblico del Apocalipsis.

Ni una cosa ni la otra. Desde el principio tratamos de comprender hasta que todo se fue tornando cada vez más incomprensible. En ese difícil camino, comenzamos a superar, sucesivamente, el concepto de ola por el de cepa nueva; el de la posibilidad de una vacuna salvadora, por la necesidad de una tercera dosis.

Seguramente pronto llegarán otros conceptos, como los de obligatoriedad de vacunarse o, por el contrario, el de la ineficacia de las distintas vacunas. En pocas palabras: una historia de nunca acabar.

Con el paso de los meses, se nos fueron acabando las categorías normales. Pero a decir verdad, la posibilidad de que se tratara de un acto de guerra siempre estuvo allí.

Para empezar, el expresidente de los EE.UU. Donald Trump, aunque no lo dijera con todas las palabras, nunca lo dudó. Por algo lo calificó como el “virus chino”.

Por su parte, las conclusiones de la comisión de investigación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre los posibles orígenes del tema, tampoco ayudaron mucho. Aunque descartaban esa posibilidad como la más probable, no la negaban totalmente. Para colmo de males, la propia comisión fue acusada de parcialidad y China de no haber facilitado su labor y de haber ocultado información.

Llegado a este punto nos podemos preguntar: ¿qué tenemos a mano para afirmar que el virus del COVID-19 es una creación humana y, consecuentemente, que pudo haber sido utilizado como un arma de guerra? Veamos.

Recordemos que en esos inciertos días del inicio de la pandemia, las máximas autoridades sanitarias norteamericanas acusaron al laboratorio biológico de Wuhan, ubicado en la provincia china del mismo nombre, como el responsable de la filtración del virus.

Por su parte, la respuesta china no se hizo esperar y el vocero de su Cancillería argumentó que, justamente, días antes de esa filtración, una delegación militar norteamericana, proveniente del laboratorio biológico de Fort Detrick, había sido la responsable de esparcirla entre la población del lugar.

Puestos a investigar nos encontramos con varios hechos significativos. A saber:

1º) Se sabe, desde lo científico, que en algunos laboratorios de todo el mundo existe la tecnología para alterar virus naturales más o menos inofensivos y convertirlos en cepas virales potencialmente pandémicos.

2º) Tanto los EE.UU. como China tienen como parte de su doctrina de guerra el uso de armas biológicas. También Gran Bretaña y Rusia, entre los más conocidos.

3º) Efectivamente, a caballo del ataque terrorista a las Torres Gemelas y al Pentágono del 11S, se produjo un ataque biológico con Antrax contra la oficina postal de la Casa Blanca y contra sedes de distintos medios de comunicación social. Paradójicamente, la investigación del FBI concluyó que la cepa biológica responsable del ataque había sido producida en el laboratorio biológico norteamericano de Fort Detrick, pero nunca se encontró al responsable de esa filtración.

4º) Países como Australia y Corea del Sur han lanzado sospechas contra China respecto del origen del virus. Por su parte, los servicios de inteligencia de los EE.UU. sostienen que disponen de evidencias respecto de que fue el ya mencionado laboratorio de Wuhan el responsable de la creación del virus.

Una forma de realizar planteamientos a futuro es establecer supuestos. Por ejemplo, qué deberíamos planificar los argentinos si asumimos como supuesto lo que venimos diciendo: que la pandemia ha sido un acto de guerra.

Seguramente no faltarán aquellos que nos acusen de exagerados. Puede ser. Es lo que esperamos, estar equivocados. Aunque si así fuera, sólo nos habríamos preocupado en vano. Pero, si por el contrario, no asumimos este supuesto y siguiéramos nuestras vidas con total normalidad, ¿qué nos podría pasar?

Si se tratara de una guerra como suponemos, podemos deducir que la filtración del virus del COVID- 19, sólo se trataría de una maniobra entre tantas posibles, ya que otras bien podrían seguirle, como las siguientes:

1) Movidas financieras destinadas a desestabilizar a la economía mundial mediante la manipulación de cotizaciones bursátiles y de diversas monedas nacionales. Al respecto, recordemos que China es el principal tenedor externo de bonos de la Reserva Federal de los EE.UU.

2) Ciberataques destinados a lo mismo, como los que ya vienen ocurriendo tanto contra empresas privadas como contra diversas agencias de Estados nacionales.

3) Bloqueos de grandes vías de comunicación, especialmente las marítimas, como el Canal de Suez, el Canal de Panamá, el estrecho de Ormuz y nuestra Hidrovía Paraná/ Paraguay.

4) Enfrentamientos convencionales, especialmente en el Mediterráneo oriental y en las fronteras de Rusia, además de los ocurridos en el Océano Ártico y en el siempre candente Levante.

Para terminar, y para ilustrar nuestro punto, podríamos recomendar varios libros y hasta series de Netflix que han tratado estos temas desde los más diversos ángulos. De lo que estamos seguros es que nuestros políticos, enzarzados como están en sus respectivas internas, no nos van a hablar de nada de esto.

Es por ello que –indirectamente– y por este medio, le pedimos a nuestros planificadores estatales – a los que se les paga un sueldo para esto–, vale decir a los elementos de planeamiento del Estado, especialmente a los de las FF.AA., que contemplen, al menos, la posibilidad de otorgarle un mínimo de credibilidad a lo que decimos.

Mañana podría ser el Día después de mañana o algo parecido.

 

El Doctor Emilio Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.