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Y como Ícaro...

A Bill Gates se lo puede comparar con el personaje mítico a quien el sol quemó sus alas por intentar volar muy alto. De ser un gurú de los negocios informáticos y un reconocido filántropo pasó a derrumbarse cuando su esposa Melinda le pidió el divorcio y así comenzó a perder prestigio

Cuenta una leyenda griega que Ícaro, hijo de Dédalo, le había mostrado a Ariadna cómo Teseo podía encontrar el camino en el laberinto de Minos, donde se encontraba el monstruo del Minotauro. Con esta ayuda, Teseo fue capaz de matar al Minotauro, por lo que el rey Minos, padre del monstruo, muy molesto encerró a Dédalo con su hijo en el laberinto.

Para poder huir, Dédalo fabricó dos pares de alas para él y para su hijo. Las adhirió con cera a los hombros y luego ambos iniciaron el vuelo que los llevaría a la libertad. El padre le había advertido a su hijo que no volara demasiado alto, pero Ícaro, fascinado por lo maravilloso del vuelo, se sintió dueño del mundo y en su ascenso se acercó demasiado al sol, por lo que el calor derritió la cera que sostenía sus alas y acabó precipitándose al mar, donde murió.

Hoy por hoy vivimos en un mundo materialista y racional que no cree en mitologías, mucho menos en que alguien pueda llegar a volar con un par de alas de cera, pues hace más de un siglo que la humanidad domina la ciencia del vuelo.

Sin embargo, la leyenda se sigue usando para ejemplificar la vida de aquellos que, como Ícaro, volaron demasiado alto y terminaron cayendo por su soberbia.

Dédalo y su hijo Ícaro, de la mitología griega.

Sucede, por otra parte, que no faltan los personajes que nos prometen volar hasta el sol y más allá. Entre ellos se destaca William Henry Gates III, mejor conocido como Bill Gates. Un empresario informático y filántropo estadounidense, conocido por haber creado y fundado la empresa de informática Microsoft, responsable de un producto que casi todos nosotros usamos desde hace años: el sistema operativo para computadoras Windows. Su fortuna, según la revista Forbes, se calcula en 97 mil millones de dólares, lo que lo coloca entre las diez personas más ricas en toda la historia de la humanidad.

Pero no han sido estas acciones, ya de por sí excepcionales, las que nos llevan a compararlo con Ícaro sino sus actividades filantrópicas, las que se inician junto con su, hoy, exesposa Melinda y que están dedicadas a cuestiones relacionadas con la salud y con la educación global.

Todo esto se hace evidente, especialmente, cuando se analiza el volumen de sus aportes como cuando se investiga sobre su participación, tanto en la anticipación como en el manejo de la pandemia de COVID-19.

 

Aportes para la ciencia

Empezando por lo primero, baste decir que el aporte monetario de la Fundación Melinda y Bill Gates a la Organización Mundial de la Salud es el segundo, sólo superado por el de los EE. UU. Por ejemplo, ese país contribuyó con cerca de 900 millones de dólares en el presupuesto de 2018/2019, lo que supone, aproximadamente, un 20% del total de los 4.400 millones de dólares que maneja la organización, mientras que los Gates van segundos con 530 millones, o sea el 14,6%. Sólo para comparar, la Argentina apenas aportó unos magros 8,5 millones de dólares.

El interés de Gates por la ciencia

Pero es su segunda contribución, vale decir sus consejos y recomendaciones, la que ha llamado la atención de los especialistas. Concretamente, durante el 2018 la Fundación de los Gates, bajo el auspicio del Foro Económico de Davos, se asoció con la Universidad John Hopkins para realizar un ejercicio de simulación ante el surgimiento de un virus denominado Clade X.

Las conclusiones de la experiencia recogidas no se centraron en la adopción de ninguna medida vinculada con la medicina preventiva, sino en el desarrollo de un set de vacunas patentables por parte de los grandes laboratorios farmacéuticos para poder inocular a toda la población mundial en el menor tiempo posible. Así, también se analizaron las formas para una mejor gestión de la información a dar a la población.

 

Divorcio y derrumbe

Lo que vino después es una historia conocida hasta el hartazgo por todos nosotros. Pero de lo que puede que no nos enteremos tan perfectamente, es de las causas que llevaron a Bill Gates, este moderno Ícaro, a que sus alas se consumieran por el calor del sol, ya que recientemente, de ser un gurú de los negocios informáticos, pasó a convertirse en un oráculo sobre la pandemia y su probable evolución.

Pero hace pocos días todo pareció derrumbarse cuando su esposa, Melinda, le solicitó el divorcio.

Al respecto, se ha especulado que las causas de tal pedido se deben a desacuerdos conceptuales relacionados con el apoyo que ha hecho la fundación a las políticas abortistas y de control de la natalidad, especialmente en países del Tercer Mundo, como Nigeria.

Melinda y Bill Gates.

Aunque otros, más pícaros, no dejan de mencionar la amistad de Bill con el conocido pedófilo Jeffrey Epstein, quien se suicidó en prisión tras ser condenado por agresiones sexuales a menores.

Haya sido como haya sido, no cabe duda de que el divorcio tendrá un impacto muy negativo, tanto en las actividades filantrópicas de la fundación como en el prestigio de su fundador. Especialmente a partir de las sospechas que vinculan a Bill con Epstein, algo similar a lo que le sucedió al príncipe Andrés con ese mismo oscuro personaje.

En otras palabras, como le ocurrió a Ícaro, el sol quemó sus alas.

 

El Doctor Emilio Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.