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Una geopolítica para Mendoza (I)

Nuestra provincia tiene que volver a confiar en sí misma y trabajar para ampliar su matriz productiva. En ese sentido, la explotación metalífera en Malargüe sería una posibilidad cierta si se contara con el aval de la sociedad de ese departamento

“Mendoza, tierra del sol y del buen vino… Mendoza, la de los Andes infinitos… Mi tierra, la de las dulces mendocinas… Mendoza, la que acunó la libertad”..., repite el estribillo de la Marcha de la Vendimia, nuestro himno provincial, escrito por los hermanos Guillermo y Horacio Pelay y musicalizado por Egidio Pittaluga en 1946.

Nos habla de sol, del vino, de los Andes, del Ejército Libertador y de nuestra gente. O en términos geopolíticos, de que vivimos en un oasis en el desierto en el que es posible la agricultura intensiva, rodeados de montañas que deben contener minerales, con la capacidad para organizar y sostener un ejército y que lo mejor que tenemos es nuestra gente.

La concisión de los poetas nos ahorra miles de párrafos eruditos para explicar qué implica una Geopolítica para Mendoza.

La estructura económica de nuestra provincia se caracteriza por la producción e industrialización de productos agrícolas.

La abundante cosecha de vid, frutas y hortalizas dio origen a una importante industria vitivinícola y de producción de conservas. Según el Instituto Nacional de Vitivinicultura, el cultivo de la vid en Mendoza ocupa el 68,36% del total de la región centro- oeste, la cual representa el 94,13% del total de la producción nacional de vides, siendo la actividad agrícola desarrollada en los oasis la que más mano de obra intensiva.

Cabe destacar que la incorporación más importante que ha tenido la matriz socio-económica de Mendoza es la actividad del enoturismo con incidencia en toda la cadena de valor asociada.

Además, hay que sumar la producción minera, la que si bien es muy antigua –ya que data de las minas de plomo, plata y zinc descubiertas en 1683– actualmente las extracciones más importantes son las de talco y bentonita. Aunque nuestra principal veta es el petróleo, cuyas regalías producen cerca del 14,1% del total del país, pero a pesar de su preponderancia la actividad disminuyó en los últimos años.

Por el contrario, se produjo un aumento en la fabricación de muebles, maderas y trabajos con metales.

La mayor parte de las industrias mendocinas están situadas geográficamente en el Gran Mendoza. IMPSA y Cartellone Construcciones, conjuntamente con el conglomerado empresario de la metalmecánica y la informática, son algunas de las industrias mendocinas más importantes.

En el año 2016 la provincia generó un producto interno bruto (PIB) de aproximadamente US$19.000 millones de dólares, lo que representa el 3,7% del PIB total de Argentina.

Llegado a este punto, cabe preguntarse si es Mendoza una provincia rica que se autofinancia.

Muchos son los que creen que la provincia posee un alto caudal de recursos propios. Sin embargo, la recaudación por estos conceptos se ha ido reduciendo sistemáticamente en los últimos años, especialmente por la caída de las regalías petroleras y gasíferas, cuando se los mide en pesos constantes (es decir, una vez eliminado el efecto de la inflación).

Lamentablemente sufrimos una falsa imagen de prosperidad provincial que se originó cuando en la Comisión de Hacienda y Presupuesto del Congreso de la Nación en 1985, se postuló que Mendoza sacrificara en parte de su índice repartidor, en el Régimen de Coparticipación de Impuestos Nacionales, con la excusa de tener regalías petroleras, recursos naturales no renovables de propiedad provincial, así como la Pampa Húmeda tiene la producción de granos, rentabilidad ésta que ninguna provincia ha insinuado compartir.

Mendoza es la tercera provincia que menos dinero recibe, en términos per cápita, siendo sólo más bajos los que reciben Buenos Aires y la CABA.

En el Informe del Área de Análisis de Presupuesto y Hacienda de la Cámara de Senadores de la Legislatura de Mendoza, por ejemplo, se lee lo siguiente:

“Sin embargo, Mendoza está lejos de ser una de las provincias más ricas del país. En la mayoría de las variables que se toman como referencia, la provincia se encuentra cercana al promedio nacional y no en el podio de los rankings. En cuanto a regalías, la recaudación por este concepto se ha ido reduciendo sistemáticamente en los últimos años”.

Como lógica consecuencia de lo anterior, la Administración provincial ha ido imponiendo una creciente carga impositiva a la economía local, la que por ello y por otras causas, ha dejado de ser eficiente y competitiva.

Obviamente que un incremento en los recursos coparticipables que recibe Mendoza por parte de la Nación contribuiría a mejorar nuestra situación económica.

Es estratégico para el futuro de la provincia recuperar un índice de reparto de la coparticipación federal de impuestos, lo que debiera ser una política de estado de todos los mendocinos. Pero, al margen de las gestiones que podrían realizarse en ese sentido, creemos que la verdadera salida de este laberinto se encuentra mirando hacia arriba y no esperando la ayuda de nadie.

O en otras palabras: Mendoza tiene que volver a confiar en sí misma y a ampliar su matriz productiva.

Son muchas y variadas las acciones que la provincia debería encarar para lograr este objetivo en el mediano plazo. Pero es frente a las sucesivas frustraciones, a las que se suman las complicaciones por Portezuelo del Viento y del trasvase de las aguas del río Atuel, es que proponemos una acción inmediata a los efectos de marcar el camino a seguir.

Concretamente, proponemos relanzar los proyectos mineros, justamente donde se produce un hueco productivo por las dificultades para concretar la represa de Portezuelo del Viento, vale decir, en Malargüe.

Una región provincial que conoce las actividades mineras desde la década de 1960, pero que recientemente vio frustrados sus planes cuando pese a disponer de un amplio aval legislativo, el Gobernador debió dar marcha atrás luego que las manifestaciones que se dieron a fin de año para modificar la Ley 7.722, que prohíbe el uso de sustancias tóxicas para extraer minerales.

Por su parte, el intendente de Malargüe, Juan Manuel Ojeda, se expresó a favor de la actividad minera en su departamento, ya que entiende que allí existe una “conciencia minera y política ambiental de largo plazo”.

“Aquí podemos contar con altos estándares de gestión, control ambiental y transparencia en el manejo de las rentas públicas generadas por la actividad. Nosotros podemos transformarnos en un punto de partida, ser la demostración de que podemos tener una excelente política de Estado”, afirmó el jefe comunal.

En función de todo lo expresado, y ante la necesidad de que Mendoza inicie el camino de su recuperación económica acorde con una geopolítica moderna, propongo que el señor intendente de Malargüe, Juan Manuel Ojeda, realice una consulta popular para solicitar al Gobierno de la provincia una ley que modifique parcialmente la 7.722, que prohíbe el uso de sustancias tóxicas para extraer minerales, e introduzca una excepción para el departamento de Malargüe, para que esta actividad pueda tener lugar, debiendo prever expresamente un profunda evaluación de riesgo ambiental que descarte la contaminación de los acuíferos aguas abajo que sirven a la población y actividad agrícola, en tanto el agua como tal es un valor supremo en la lucha contra el desierto.

Y una vez que se logre la licencia social de la comunidad malargüina a través de una consulta popular mediante Audiencia Pública, será menester que el Ejecutivo provincial impulse la sanción de una ley que contemple dicha excepción, a los efectos de permitir la actividad minera en ese departamento del Sur mendocino.

En próximas notas aportaremos más argumentos con los que apoyamos la idea de que es necesario ampliar nuestra matriz productiva.

 

Emilio Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.