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Terraplanistas y segundas olas

Hoy más que nunca, las autoridades políticas territoriales deberán guiar sus acciones y decisiones hacia el bien común y el bienestar de sus gobernados. Es demasiado lo que está en juego y será su prudencia la que haga la diferencia

Existe la errónea creencia de que durante la Edad Media la gente creía que la Tierra era plana. Pero la idea de que era esférica ya se suponía desde la Antigüedad clásica por los razonamientos de Pitágoras y de Aristóteles.

Sin embargo, en 1956 se fundó la Flat Earth Society, una organización anglo-estadounidense que promueve la idea de que la Tierra es plana en vez de un esferoide. Y si bien destacados científicos han rechazado tales ideas y las consideran pseudocientíficas, con el auge de la Internet y de las teorías conspirativas, los terraplanistas se vienen multiplicando en todo el mundo.

Un fenómeno similar se viene dando, especialmente, en las redes sociales en relación a la pandemia del COVID-19. No es extraño, por ejemplo, leer argumentos negacionistas, tales como:

- La pandemia no existe, es sólo una gran manipulación informativa a nivel global.

- Existe, pero no se trata más que de una simple gripe.

- Los índices de mortalidad están exagerados y no superan a las enfermedades pulmonares comunes y normales del pasado reciente.

- No tiene sentido alguno el uso del barbijo y las medidas de distanciamiento social.

Todo no pasaría de una chanza a cargo de un grupo de gente colorida si no fuera porque tales conductas han sido replicadas por dirigentes como Donald Trump o Jair Bolsonaro, el primero expresidente de los EE.UU. y el segundo a cargo de la presidencia de Brasil.

Aún peor se ve todo cuando se considera que ambos países se encuentran primero y segundo, respectivamente, en el trágico podio de la mayor cantidad de infectados y de muertos por la pandemia. Y no sólo en términos absolutos, sino también en los porcentajes en función de sus grandes poblaciones.

Lo que sabemos es que hasta hoy, desde el inicio de la pandemia, el coronavirus sigue avanzando en el mundo y que suma más de 3,4 millones de fallecidos y más de 166,5 millones de personas infectadas. Por su parte, Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha afirmado que al ritmo actual, dentro de tres semanas las muertes ocurridas solo este año a causa de la COVID-19 superarán todas las registradas en 2020. Tedros también advirtió que al menos 115.000 trabajadores sanitarios han muerto, hasta el momento, a causa del coronavirus, según datos ofrecidos por la OMS.

Por su parte, la Argentina, que se venía manejando relativamente bien durante la primera ola del 2020, está sufriendo una violenta escalada de casos en el 2021 durante la segunda ola. Si la consideramos en relación con su población, ahora tiene el mayor número de muertes por Covid por día del mundo, con 16,46 muertes por millón, superando con creces a su vecino gigante, Brasil, que registró 11,82 por millón.

Nuestro sistema sanitario ya está al límite en todo el país, con más del 90% de las camas de Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) ocupadas en las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Neuquén y en la capital del país, según un censo realizado la semana pasada por la Sociedad Argentina de Cuidados Intensivos (SATI).

Dadas las circunstancias creadas por la pandemia, si las autoridades políticas fracasan como en 2001 el “que se vayan todos” podría tener otras connotaciones y consecuencias

Ante estos tremendos guarismos cabe preguntarnos si existe alguna conexión entre la prédica de los terraplanistas antipandemia locales y el alza de los casos en nuestro país.

Concretamente, el diario británico The Guardian responde: “A pesar de las cifras espantosas, pocos argentinos parecen ser conscientes de la gravedad de la pandemia, dijo Edul (Vanina Edul es una médica intensivista entrevistada por The Guardian): muchas personas ignoran las restricciones, asisten a fiestas clandestinas o se niegan a usar una mascarilla”.

"Estamos siendo testigos del fracaso de una sociedad necia y obstinada, una sociedad deshumanizante en la que nuestros propios intereses son habitualmente privilegiados por encima de los de nuestros vecinos", agrega.

Y la situación se ha visto agravada por la politización de la pandemia, con las elecciones legislativas de mitad de período que se acercan en octubre y los aspirantes a la presidencia para las elecciones generales de 2023 ya compitiendo por la nominación, agregamos entre paréntesis.

Realmente es muy difícil tener que lidiar con los problemas objetivos que plantea la pandemia. Los que van desde los propios de toda situación sanitaria compleja hasta la denominada geopolítica de las vacunas. Pero todo se complica mucho más cuando se lo hace en un entorno de confrontación política partidista y de una intemperancia social que oscila entre el menosprecio de la pandemia como una mera “gripecita” o acusaciones pseudocientíficas contra determinadas vacunas, hasta pretender que ellas se encuentren disponibles hasta en un maxiquiosco.

Sea como sea, las autoridades políticas territoriales –vale decir desde los intendentes hasta el Presidente de la Nación, pasando por los gobernadores– deberán guiar sus acciones y decisiones hacia el bien común y el bienestar de sus gobernados.

Hoy, más que nunca, será su prudencia política la que haga la diferencia porque es demasiado lo que está en juego. Una prudencia a la que los que nos conducen deberán agregar el complemento de la circunspección. Porque si volvieran a fracasar como en el 2001, el “que se vayan todos” bien podría tener otras connotaciones y consecuencias.

 

El Doctor Emilio Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.