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Separar a Mendoza del país sería un improperio a su gente

La idea separatista creció en los últimos tiempos en nuestra provincia ayudada hasta por un incomprensible maltrato desde la Capital Federal

¿Cuántas veces los mendocinos, como los mismos argentinos, habrán pensado en migrar a otras tierras del planeta? 

Es más, es una acción concretada por muchos, sobre todo en momentos extremos de esos que en la historia argentina abundan en demasía.

Pero a nadie se le ocurrió partir, dividir o destrozar este territorio que tarde o temprano reconocemos en el fuero más íntimo como la dorada patria nuestra.

Muchos de aquellos que por décadas se instalaron y volvieron a refundar sus raíces en otras naciones, la extrañan y solo la piensan mejor que cuando decidieron dejarla.

La idea separatista mendocina de la Argentina creció en los últimos tiempos ayudada con la potencialidad de un cóctel explosivo político, social, económico y hasta de un incomprensible maltrato desde la Capital Federal hacia la provincia.

Esto último direccionado por puras cuestiones ideológicas que impactan directamente en los intereses de la gente.

Algo que no es nuevo y si uno analiza la historia, el divorcio institucional fue siempre así, incluso cuando San Martín preparaba el histórico ejercito que liberó esta tierra y a medio continente.

Aún así, nadie en aquel entonces, ni después se le ocurrió que hacer rancho aparte era lo correcto. Todos tuvieron y tienen el sentir en su pecho del ser y pertenecer a la República Argentina.

El sentir independentista de Mendoza puesto de manifiesto en el acta histórica de Tucumán de 1816 con Tomás Godoy Cruz y Juan Agustín Maza, hablaba de integrar un país.

Esa nación por la que pelearon con pasión patriótica y que así fue legada sin ningún punto a interpretar en los tiempos que sobrevinieron a ellos. Fueron claros y precisos, como los otros congresales: somos argentinos y habitamos la Nación Argentina.

Con esa consciencia transmitida de generación en generación a cada uno de nosotros, los mendocinos, ¿cómo podría caber la idea de transformarnos en otro país? 

¿Qué más grave, de todo lo que ya nos ha pasado, nos indicaría esa puerta hacia una salida incierta? ¿Es por el momento que vivimos?

Si es por esto último, los habitantes de este Estado provincial cuyano pasaron por cuestiones más graves en otras décadas. Pero a nadie, insisto, se le ocurrió que teníamos que abandonar esta tierra que es nuestra como un pedacito de ese gran país que integramos.

Esta idea separatista tiene tufillo de intereses muy sectarios y poco claros. Para quienes observan la realidad política social es una suerte de fuegos de artificios que se van incrementando tanto como se quiera producir molestia y cooptaciones de opiniones sobre un tema que no tendría que mover la aguja del sentir ciudadano.

Pero, indican los opinólogos, la cuestión está siendo motorizada por quien, de alguna manera, quiere posicionarse en la mirada nacional de cualquier manera y a costa de cualquier cosa.

Como parte de una planificación para alcanzar conocimientos de su existencia, ya que de otra manera no estaría llegando a la gente.

Juego perverso si los hay, que a ningún otro dirigente se le ocurrió aplicar. Una idea que no es original, porque hay ya sectores no políticos que lo manifestaron en su momento.

Pero que pintó para marcar la cancha nacional desde la provincia, no midiendo la innecesaria conmoción que esto produciría. Donde esto último pareciera ser no importó a la hora de aplicar la maquiavélica acción.

El MendoExit puede tener mucho debate, pero hay una sola interpretación de lo que debe significar, sin eufemismo alguno, que Mendoza deje de pertenecer al territorio de la República Argentina y eso se constituye, lisa y llanamente en un verdadero improperio a quienes habitan la provincia.

Un irrespetuoso garrotazo que dan quienes solo quieren producir efectos colaterales para sus mezquinos intereses, como ya lo hicieron alguna vez con la doctrina que los cobijó para llegar donde llegaron.