|13/09/21 08:08 AM

Revuelta de esclavos “mendocinos” en reclamo de su libertad

En 1812, africanos residentes en nuestra provincia planearon una sublevación contra sus dueños y el gobierno para que fueran liberados. Pero el plan no salió como esperaban...

Muy poco se sabe sobre que en nuestra provincia se produjeron a principios del siglo XIX un par de rebeliones de esclavos de origen africano con el objetivo de luchar por su libertad.

En 1807 aconteció la primera, cuando un grupo de “afrocuyanos" se sublevó contra los sacerdotes del convento de San Agustín, ubicado en la ciudad de Mendoza, quienes se enfrentaron a su priores para pedirles sus derechos. Esta pequeña asonada fue sofocada por las autoridades y los esclavos participantes fueron enjuiciados y terminaron en prisión.

Cinco años después se produjo otro intento de sublevación que fue desbaratado por las autoridades minutos antes de que se produjera.

Fue en el otoño de 1812, cuando se produjo el motín de algunos esclavos negros contra del entonces teniente gobernador de Cuyo, coronel José Bolaños.

El principal cabecilla de la sublevación se llamaba Joaquín Fretes, y era un negro libre llegado de Santiago de Chile, quien supuestamente había interpretado que el nuevo gobierno patrio debía darle la carta de libertad a él y a todos los esclavos que se encontraban en Cuyo.

A Joaquín lo acompañaba en esta lucha su amigo Bernardo Aragón.

 

Africanos en Mendoza

Desde hacía siglos, el comercio de esclavos de origen africano era común en aquella Mendoza colonial. Muchos viajaron desde África y luego, ingresando por el Río de la Plata a Buenos Aires, en donde se depositaban en El Retiro para luego ser trasladados en carretas a nuestra provincia.

Al llegar a estas tierras proseguían su viaje para cruzar la cordillera rumbo a Chile, donde posteriormente se embarcaban con destino al Virreinato del Perú.

Si el tránsito cordillerano estaba cerrado por temporales de nieve, estas “piezas” (como eran llamadas estas personas por la administración de entonces) primero eran alojadas en un galpón a pocas cuadras de los límites de la ciudad y luego eran comercializadas y compradas por algunos hacendados o religiosos.

Luego de la adquisición de esclavos, los dueños los incorporaban para desempeñar tareas domésticas. Con el tiempo, la población africana comenzó a crecer a tal punto que a principios del siglo XIX había más de tres mil negros y mulatos.

 

Esclavos de la libertad

El líder de la rebelión se llamaba Joaquín Fretes, natural de Guinea, de 24 años y músico. El joven era un negro libre que había llegado a nuestra provincia desde Santiago de Chile. El otro de los cabecillas del movimiento se llamaba Bernardo Aragón, también músico y analfabeto cuyo dueño era  don Francisco Aragón.

Joaquín y Bernardo cultivaron una amistad y seguramente el mismo sueño de libertad, ambos identificados con la música. No eran los únicos: la lista seguía con los esclavos Domingo, Juan Manuel, Fructuoso y Miguel, cuyos dueños eran familias bien posicionadas, como Cobos, Sosa y Lima o de Rosas y Telles.

Al grupo se sumaron otros esclavos, quienes expandieron en voz baja la información sobre la rebelión que se produciría en Mendoza. Rápidamente, los adeptos a este plan fueron creciendo hasta alcanzar un número aproximado de cien personas.

Para preparar la rebelión, los esclavos invitaban a sus adherentes a diferentes casas para celebrar alguna cena después de trabajar o de ir a misa. Otros lugares de reunión eran las pulperías, donde se pegaban proclamas y otras peticiones a favor de sus derechos.

Así surgieron varias ideas de levantamiento contra las autoridades y la élite de Mendoza. Al parecer varios zapateros se unieron al grupo de rebeldes, mientras  Bernardo, uno de los jefes de aquel movimiento, reunió en su casa algunas armas, pólvora y municiones.

La llegada de las fiestas religiosas y el nuevo aniversario de los hechos de Mayo de 1810 encendieron la convocatoria de esclavos a la formación de juntas para luchar por los derechos libertarios. Parecía que todo se iba a desarrollar tal como lo habían planeado y se pactó que el inicio de la rebelión sería a las 19 del domingo 3 de mayo de 1812.

A esa hora, un grupo de rebeldes se reuniría en el bajo del Zanjón –hoy canal Guaymallén– y provistos con armas intentarían tomar el cuartel militar. Luego de esta acción, propondrían al gobierno un decreto que diera la libertad a todos los negros.

Pero días antes los líderes y sus cómplices fueron capturados y puestos a disposición del gobierno.

Proclama confiscada a los rebeldes procesados. (Archivo de la Nación)

 

Se desarticula la rebelión

El 2 de mayo de ese año, la noticia de que el gobierno había desmontado una rebelión de negros esclavos se esparció por las calles mendocinas.

Se comentaba que estos negros tenían el móvil de tomar el cuartel y asesinar a los funcionarios de turno, para luego saquear las casas y tomar el dinero para pagar a los soldados y después de esto adueñarse de una gran cantidad de caballos para viajar a Buenos Aires.

Se supo también que el gobernador Bolaños envió a detener a los dos jefes de la sublevación y a su grupo.

Después de calmada la revuelta, se publicaron varios bandos en donde se restringían las juntadas de negros en los diferentes lugares habituales.

El proceso criminal contra los sublevados se inició el 5 de mayo y concluyó el 18 de julio de 1812; en él declararon negros y mulatos en su mayoría y muy pocos blancos sospechados de estar a favor de la revuelta.

Muy poco tiempo después, la Asamblea del Año XIII dictó la libertad de vientres de las esclavas y puso punto final al tráfico de esclavos.