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Qué queremos ser: ¿dinosaurios o primates?

Los reptiles, que habitaron por millones de años el planeta, se extinguieron porque no pudieron o no supieron adaptarse al cambio climático. Los que sí sobrevivieron a las modificaciones de su hábitat fueron los mamíferos. Si esto lo trasladamos a la pandemia, nuestros políticos –en lugar de preguntarse cómo ganar las elecciones–, deberían replantearse si quieren comportarse como los animales que desaparecieron o como los que evolucionaron, para salir de la oscuridad en la que estamos

Hace unos 66 millones de años, la vida bullía en el tercer planeta del sistema solar. Varias clases de reptiles llegaban a su apogeo, especialmente los publicitados dinosaurios que habitaban, por aquel entonces, todas las regiones del planeta. Eran vertebrados terrestres que dominaron, tanto los cielos, la tierra, como los mares, por millones de años, pero que se extinguieron en forma masiva cuando un meteorito impactó en la península de Yucatán y ellos no pudieron o no supieron adaptarse a los cambios climáticos que modificaron su hábitat.

Por el contrario, un grupo de pequeños animales, los mamíferos, supieron adaptarse y prosperar en las nuevas condiciones de clima frío, mayor oscuridad y escasez de recursos vegetales. Un grupo, entre ellos los mamíferos placentados, conocidos como primates los que –mutatis mutandi– se convertirían en nuestros lejanos antepasados.

En pocas palabras, no habían sobrevivido los más fuertes, que eran los dinosaurios, sino los que habían sabido adaptarse al cambio, es decir, los mamíferos.

 

¿Pasará lo mismo con los países frente a la peor pandemia de los últimos 100 años?

No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que varios países, entre los que se encuentran algunos de los poderosos de la Tierra, tal como lo eran los dinosaurios, les está yendo muy mal. Y no solo en la primera ola, también en la segunda. Lo que implica que no están aprendiendo las lecciones que debió enseñarles las primeras.

Tal es el caso de los EE. UU., de varios países europeos y de algunos sudamericanos. Entre ellos, llama la atención casi la única de Gran Bretaña que, al parecer, logró salvarse a tiempo al salirse de la UE y superar sus graves errores cometidos en la primera ola, merced a que ya no necesita obedecer más a las autoridades sanitarias de Bruselas.

Otros países, a los que le fue relativamente bien en la primera ola, no les está yendo tan bien con la segunda. Como parece ser el de algunos estados asiáticos, como Corea del Sur y Japón.

Pero, fuera de toda duda, a quien le ha ido m u y bien es a China, ya que, pese a que el virus nació en una de sus ciudades y de que cuenta con una muy numerosa población, pudo no solo dominar el virus, sino, de paso, evitar sus graves consecuencias negativas para la actividad económica.

Por supuesto, hay quienes dudan de estos resultados, ya que argumentan, no sin cierta razón, que es poco lo que se sabe de lo que sucede en el interior de ese gran país. Pero creemos que, en estos tiempos, que no son los de Marco Polo, es muy difícil ocultar lo que deberían ser cientos de miles de muertos.

También están las teorías conspirativas que sostienen que a China le va bien, porque –simplemente– inventó y distribuyó el virus como una agente de su guerra biológica contra los EE. UU. Podría ser, pero es imposible de probar.

Lo más sensato parecería reconocer que los chinos han hecho algunas cosas mejor que sus competidores. A saber:

  • Primero: una muy estricta vigilancia de fronteras que incluye severos protocolos con tests en los puntos de ingreso, control y cuarentena para toda persona que intente ingresar al país, especialmente por vía aérea.
  • Segundo: una disciplina social destacable que respeta los distanciamientos sociales ordenados por su gobierno.

Claro, “China es una dictadura, nosotros no podemos hacer lo mismo porque somos una democracia”, replican algunos picados con el éxito chino.

¿Será así? Depende de qué entendamos por democracia y por gobierno. Para el filósofo Isócrates, que le tocó vivir las Guerras del Peloponeso y perder su fortuna personal, sostuvo: “Nuestra democracia se autodestruye por abusar del derecho a la libertad; por considerar la impertinencia como derecho, el incumplir la ley como libertad, la imprudencia verbal como igualdad y la anarquía como felicidad”.

Nuestra pregunta sería: ¿libertad para qué? Ya que por estos días se discute si hay que respetar a rajatabla la libertad y la autonomía de una ciudad para no cerrar sus escuelas, pese a una orden en contrario del Gobierno nacional. Que la educación es muy importante, vital, diríamos. Ahora, ¿es necesario mantener la presencialidad en medio de un brutal incremento de los casos?

Ordenados como son los alemanes para todo, han definido la tasa de contagios correspondiente al nivel de restricciones a imponer. Por ejemplo, si una ciudad alcanza los cien contagios nuevos cada cien mil habitantes en una semana, se prohíbe la circulación nocturna, se cierran los sitios de esparcimiento, se limita el acceso a los centros comerciales y las reuniones familiares. Pero, si la cifra de contagiados alcanza los 165 cada cien mil habitantes, se cierran las escuelas.

Según las últimas mediciones, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires ya tiene más de 6.000 casos nuevos por semana. Lo que nos da una tasa de 500 cada 100 mil habitantes. Ergo, según los parámetros alemanes, la CABA debería observar una cuarentena estricta tipo fase 1. Pero también, otras jurisdicciones como la provincia de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Tucumán.

Nuevamente, volvemos al ejemplo de las extinciones, referido en el inicio de este artículo. Y que bien sirve de muestra de que siempre sobreviven los que se adaptan más rápido y mejor. La pregunta que deberían hacerse nuestros políticos, no es cómo ganar las próximas elecciones, es si quieren comportarse como los dinosaurios y extinguirse o evolucionar y adaptarse como nuestros antepasados, los primates.

 

El Doctor Emilio Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.