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¿Qué pasa en el SUTE con la vuelta de Sebastián Henríquez?

A principios de este mes la jueza Montaldi dictó “sobreseimiento por falta de pruebas” en la causa que tenía imputado al docente, en concordancia con la actitud que asumió la fiscal Pedot 

Retomar la secretaría general de uno de los gremios más fuertes y representativos de la provincia de Mendoza no fue para nada fácil para Sebastián Henríquez, aquel hombre que se vio envuelto en una verdadera tormenta personal, gremial, política y judicial.

Todo al mismo tiempo y con pesados argumentos que hicieron que el dirigente gremial docente tome, en su momento, necesarias decisiones, una de ellas consensuada con sus colegas de lucha sindical dentro del Sindicato Unidos Trabajadores de la Educación (SUTE): dar un momentáneo paso al costado para enfrentar el proceso judicial que lo acorralaba con una pesada carga.

Hasta ese momento Henríquez se había transformado en un verdadero dolor de cabeza para la administración de Rodolfo Suarez por todo punto de reivindicación que le asiste a la docencia mendocina.

Sobre todo, porque el encierro de la primera ola de la pandemia y la virtualidad educativa que ella implicaba bloqueaba toda posibilidad de hacer caer el ítem aula en todo educador que se plegara a cada reclamo que fue acrecentando la protesta del gremio docente.

El inicio del ciclo lectivo 2021, con la decisión de la Administración provincial de las clases presenciales, puso al rojo vivo la situación y hacía encolumnar a otros gremios detrás del SUTE.

De repente la comunidad educativa y la que no lo es, como también la política, se vieron sorprendidos por la dura denuncia que una joven militante de la izquierda mendocina había hecho ante la Unidad Fiscal de Violencia de Género.

Allí, quien reconoció mantener relaciones íntimas con Henríquez lo denunciaba por abuso sexual con una mezcla de puntos que se encaminaban a colocarlo al dirigente en el plano de lo que se denomina violencia machista.

Inmediatamente, el gremio puso en manos de la Junta de Disciplina estos hechos y el acusado acordó dar un “momentáneo paso al costado” para someterse al proceso judicial.

Después de la conmoción que produjo este hecho, rápidamente y al ritmo de la segunda ola de la pandemia del coronavirus, todos se olvidaron de Henríquez y el SUTE continuó su marcha en defensa de los docentes, con signos de fuerzas que ya no eran los mismos.

Hasta que a principio de este mes la jueza Mirna Montaldi dictó “sobreseimiento por falta de pruebas” en la causa que lo tenía imputado al docente, en concordancia con la actitud que asumió la fiscal Marian Pedot. 

No se mostraban pruebas para procesar y enjuiciarlo por el grave hecho por lo que se lo denunciaba. Precisamente, porque quien lo denunciaba, se habría ausentado ante los estrados judiciales para aportar dichas pruebas, indicaron en su momento fuentes cercanas a la causa.

Con esa documentación Henríquez se dirigió inmediatamente hacia dos lugares: al sitio donde educa y al gremio en el que todavía es su cabeza.

En este último el recibimiento habría sido en medio de un verdadero huracán que pretendió resistir el reingreso del dirigente poniendo en tela de juicio la decisión de la Justicia y a la misma Junta de Disciplina del gremio que, con la documentación emanada por la Justicia, daba lugar a que Henríquez reasumiera la Secretaría General.

Para observadores de la vida gremial de Mendoza, lo que está ocurriendo en el gremio docente es "desopilante". No se puede entender que no se respete una estricta decisión de la Justicia, que se la ponga en tela de juicio y hasta se hable de justicia machista, como se habría escuchado en la presentación de Henríquez para asumir, cuando quienes han tomado el caso y lo llevaron adelante son mujeres (fiscal y jueza).

Y aunque no hubiese sido así, es la Justicia la que falló y un órgano interno muy importante emanado de los estatutos del gremio el que decidió que Henríquez asuma la conducción.

Dos instituciones muy importantes como para que se las cuestione con asombrosa liviandad, indican analistas que miran la tormenta del sindicato de la calle Coronel Plaza.

Mas asombroso, dicen, es que desde esa controvertida resistencia se llegue al colmo de poner en en tela de juicio el estatuto y que al mismo se lo señale de estar viciado con procedimientos machistas.

Un estatuto que es la base del SUTE, una entidad señera de cientos de luchas de generaciones y generaciones de docentes. Que sufrió el rigor de represiones de gobiernos defactos y los intentos desestabilizadores, casi en forma permanente, de gobiernos democráticos de diferentes signos.

Un gremio que fue el pilar de sustentación de los cimientos fundadores de la Confederación Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA). Un sindicato cuyo símbolo de muchos dirigentes mujeres y hombres es Marcos Garcetti.

Por lo que esos observadores se repreguntan “quiénes son estas personas para poner en duda un estatuto y sus órganos que por décadas sirvieron y sirven de ejemplo en nuestra defensa de todos y cada uno de los docentes de toda la provincia”.

Muchos consideran que el SUTE está sufriendo conflictos internos políticos que no tienen nada que ver con su razón de ser, como ya sucedió en otros tiempos. Que esta tormenta con la vuelta de Henríquez solo trae una sin razón que puede golpear preocupantemente el timón de su única razón de ser, la de representar los intereses de cada mujer y hombre que ejerce con dignidad ese bien tan preciado que tiene la sociedad, la educación.

Algo que nadie, dentro y fuera del gremio docente, debe olvidar y mucho menos torcer.