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Pase sanitario: todo bien, pero ¿y nuestras libertades?

Las redes sociales parecen satisfacer un interés que busca vendernos de forma inteligente. Pero, intuimos que otras están al servicio del Estado o megacorporaciones preocupadas por nuestra intimidad donde no se nos trata como seres humanos, sino como una mercancía a la que se aplica el código de barras. Debemos estar en alerta a la manipulación y consolidar nuestras decisiones libremente

“...Y hacía que, a todos, a pequeños y a grandes, a ricos y a pobres, a libres y a esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha o en la frente. Y nadie podía comprar ni vender, si no tenía la marca o el nombre del monstruo, o el número de su nombre”. Ap. 13,17.

Las sucesivas olas pandémicas que van recorriendo el alfabeto griego sin gloria y sin pausa, han ido produciendo modificaciones profundas, aunque muchas de ellas hayan pasado inadvertidas para la gran mayoría. Por ejemplo, hemos modificado –casi sin notarlo– la forma en la que estudiamos, en la que trabajamos, en la que viajamos; además, de aquellas con las que nos relacionamos socialmente, aún, a nivel familiar.

Una consecuencia de estos cambios es la sensación de continua inestabilidad que nos embarga y que hasta lleva, a varios, a la depresión, ya que nada permanece, pues lo único que lo hace es el cambio mismo. Todo va y viene y lo hace constantemente. Refuerzan esta sensación las actitudes, muchas veces insensatas, de nuestras autoridades, especialmente, las del nivel nacional, las que hace un tiempo nos exigían un estricto confinamiento, cuando después nos enteramos de que ellas mismas se reunían, como si nada, a festejar sus eventos familiares como un simple cumpleaños.

Los Antiguos se referían a estos procesos de ida y vuelta con un lema proveniente de la Alquimia, el Solve et Coagula, que significa “disolver” y “coagular”. Concretamente, con esta práctica pretendían transformar una realidad dada en una mejor, más homogénea que las mezclas que la precedían. En ese sentido, nos preguntamos cuál sería esta realidad mejor. Esta nueva normalidad como la llaman.

Parecería ser que lo importante es gouverner par le chaos (gobernar por el caos), como nos dice Lucien Cerise, un ensayista proveniente de la Izquierda, quien sostiene que el caos no es un enemigo para los defensores de un orden determinado. Pues, bien puede ser usado como una excelente herramienta de control. La pregunta que nos hacemos ahora es de qué orden se trata.

Uno que parece querer dirigir la orquestación de las sucesivas y superpuestas nuevas normalidades que se nos van imponiendo. Comenzamos con las normas del distanciamiento social obligatorio, luego vino la vacunación obligatoria y, ahora, parece ser el turno de disponer de un pase de circulación sanitario. No se trata de estar en contra de cada una de todas estas medidas, aparentemente, justificadas desde un estricto punto de vista sanitario, pero sobre las cuales no podemos dejar de interrogarnos sobre sus consecuencias sociales y políticas.

En principio, no tenemos nada en contra del uso de un certificado de vacunación. Casi todos nosotros, los que tenemos una cierta edad, lo hemos utilizado alguna vez. Para pasar a Chile, para ingresar a la universidad o para conseguir un trabajo.

Pero de allí a diseñar, exigir y controlar una suerte de pasaporte sanitario que sea obligatorio para toda una amplia gama de actividades, hay todo un trecho. Uno que creemos que no es conveniente transitar. De hecho, su imposición ha generado agrias reacciones y violentas protestas en aquellos países en los cuales ya se lo está exigiendo. Pues mucha gente lo percibe más como una medida de control estatal antes que como una mera prevención sanitaria.

Por su parte, sabemos que el Gobierno nacional implementará a partir del 1 de enero del 2022, el pase sanitario para eventos masivos con el objetivo de “seguir fomentando la vacunación” contra el coronavirus y para garantizar que las actividades de mayor riesgo epidemiológico “sean más seguras con la asistencia de personas inmunizadas”. Para ello, exhibirá el certificado “ante el requerimiento del personal público o privado designado para su constatación”.

Las actividades definidas para la acreditación del pase son: “La asistencia a locales bailables, discotecas o similares que se realicen en espacios cerrados, salones de fiestas para bailes, bailes o similares que se realicen en espacios cerrados, viajes grupales de egresadas y egresados, de estudiantes, jubiladas y jubilados o similares, y eventos masivos organizados de más de mil personas que se realicen en espacios abiertos y cerrados o al aire libre”. A su vez, el esquema de vacunación “deberá haber sido completado al menos 14 días antes de la asistencia a la actividad o evento”.

Todo muy bien, pero a la par, nos venimos enterando desde hace algún tiempo de la creciente incumbencia en nuestras vidas personales de las omnipresentes redes sociales. Las que saben, a veces, mejor que nosotros lo que nos gusta, por dónde hemos andado y qué hemos comprado o qué nos gustaría comprar. Algunas de ellas parecen sólo satisfacer un interés comercial que busca vendernos productos en forma “inteligente”. Pero, también intuimos que otras están al servicio del Estado o de megacorporaciones, cada vez más poderosas y que las percibimos cada vez menos preocupadas por nuestra intimidad.

No es que todo se trate de una herramienta para el uso de la ingeniería social, concebida como una forma de control efectiva y encubierta de grandes grupos humanos de los que nos hablan famosos libros como 1984 o Un mundo feliz. A veces, como ya ha ocurrido, nuestros datos son almacenados en forma precaria y son el objeto de robos y de manipulaciones de las que somos totalmente ajenos por parte de organismos y de personas de las que no tenemos la menor idea.

Tal como ya fuera expresado por los grandes teóricos de la vigilancia social como Jeremías Benthan y Michel Foucault, es condición de eficiencia de los cambios propuestos por estos grupos, es que sus acciones transcurran desapercibidos, por la mayor parte del cuerpo social, a fin de evitar innecesarias resistencias.

Por lo tanto, no queremos alarmarnos ni alarmar a nadie. Pero, no viene mal el conocer estos hechos y los mecanismos a través de los cuales se nos trata no como seres humanos, sino como una simple mercancía a la que se le aplica un código de barras.

Saberlo o solo sospecharlo es la condición previa y el primer paso para evitar la manipulación a la que estamos en peligro. Ello es necesario a los efectos de retomar el camino hacia la preservación de nuestra intimidad y para consolidar la toma de nuestras decisiones en forma libre.

 

El Doctor Emilio Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.