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No es cuestión de ubicación

El caso de las elecciones en Chile y su resultado habla a las claras de que analizar los fenómenos políticos por determinadas características es insuficiente y se debería hacer teniendo en cuenta otros parámetros. Según sea el triunfador, habrá que ver cómo podría influir en nuestra relación con el país vecino

Las nociones de Izquierda y de Derecha nacen en la Francia prerevolucionaria de 1789, cuando en agosto de ese año, en el inicio de la Asamblea General, los partidarios de la monarquía y del clero eligieron los sitiales de honor y se sentaron a la derecha del salón, mientras que quienes se les oponían, en su mayoría los diputados del llamado Tercer Estado, se ubicaron a la izquierda del mismo.

Posteriormente, esta circunstancia “geográfica” pasó a ser el santo y seña para reconocer a los distintos sistemas políticos del mundo.  Las particularidades de esta polarización, en líneas generales, se ordenan conceptualmente de la siguiente manera:

1) A la Derecha, por lo general, se la identifica con los valores de autoridad, la identidad nacional, el orden, la seguridad, el militarismo, la tradición, la religión, el conservadurismo y la libertad económica.
2) Por su parte, a la Izquierda se lo hace con los valores del progreso, de la igualdad jurídica, del respeto a la comunidad internacional, a una tajante división del Estado con la religión y a las formas de una economía planificada desde el Estado.

Recientemente, tras la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Chile, los medios masivos de comunicación, casi sin excepción, han clasificado a José Antonio Kast como ubicado a la “extrema derecha” o hasta en la “ultra derecha”. Pero como veremos, ésta es una contradicción política en sus propios términos. Una que se remonta al Congreso de la IV Internacional Socialista, organizada por Ernest Mandel, que ordenó a todos los partidos comunistas del mundo que usaran el término ‘fascismo' y 'extrema derecha' para designar a todo aquel que se opusiera a la ideología del Partido Comunista.

Esto muestra, una vez más, que el esquema Izquierda-Derecha para analizar a los fenómenos políticos es insuficiente, cuando no, simplemente, falso. Pero resulta muy útil a la hora de estigmatizar a los oponentes de la Izquierda.

Más precisamente, a Kast hay que clasificarlo como un conservador en política y un liberal en lo económico. Otros prefieren catalogarlo de “pinochetista” y de “homofóbico. Pero mucho más importante es remarcar que él no proviene de ningún partido político tradicional. Como fue el caso del surgimiento de Jair Bolsonaro en Brasil; Kast fundó su propio partido, el Partido Republicano en 2019, precisamente para presentarse a estas elecciones, basado en un partido anterior, la Unión Demócrata Independiente, pero uno sin una larga historia vinculada a la partidocracia chilena.

El estigma de “pinochetista”, nos lleva a un complejo análisis sociológico, ya que nos encontraríamos frente a la paradoja de una sociedad que hace unos pocos meses votó un referéndum para realizar una reforma constitucional, que como se explicó era necesario depurar de sus rasgos pinochetistas y hoy, esa misma sociedad vota a un candidato que se lo acusa de ello.

Por su parte, el candidato de la Izquierda, Boric Font, comparte con el de la Derecha el no provenir de un partido mayoritario y tradicional, pues el suyo, Apruebo Dignidad, es una coalición política creada el 11 de enero de 2021 por el Frente Amplio y Chile Digno, integrada además por una serie de orgánicas y movimientos de la sociedad civil, como la Mesa de Unidad Social y Comunidad por la Dignidad.

Pero si creyéramos que Boric representa a una Izquierda tradicional nos equivocaríamos como con Kast, ya que se trata de una nueva Izquierda. Una mucho más vinculada a las reivindicaciones de las nuevas minorías sexuales que a la masa de proletarios o asalariados. Al pensamiento de Antonio Gramsci más que al de Lenin o Trotski.

Habiendo visto estas diferencias y con la incertidumbre de cuál de ellos se impondrá finalmente en la segunda vuelta, nos podemos preguntar cuál sería el mejor para nuestros intereses nacionales.

Lamentablemente, el fatuo de nuestro embajador en Chile ya se nos adelantó y vaticinó que lo mejor sería lidiar con un hombre de izquierdas como Boric y no con un derechista “xenófobo y antiargentino” como Kast (sic).

Al margen de condenar –a priori– este tipo de declaraciones que violan el viejo principio de nuestra diplomacia de no inmiscuirse en cuestiones internas de otro Estado, no nos queda otra posición posible que augurar que el pueblo chileno elija lo que mejor le convenga según  su justo y leal entender. No tenemos nada que decir al respecto.

Aunque como observadores de la realidad regional, no podemos pasar por alto que un Chile convulsionado no sería bueno ni para Chile mismo ni para nosotros, sus vecinos. Especialmente si tenemos en cuenta la cuestión mapuche, un problema que tenemos en común aunque con distinta intensidad geográfica e histórica. En ese sentido, la dicotomía ya señalada entre las ideas políticas predominantes en la Convención Constituyente abre dos opciones, ambas igualmente de pronóstico reservado, a saber:

1) Si ganara el candidato de la Derecha sería de esperar desacuerdos y tensiones en el futuro gobierno, especialmente entre la rama ejecutiva y la ya designada Asamblea Constituyente.
2) Si por el contrario ganara el de la Izquierda, estos desacuerdos y tensiones serían –presumiblemente– menores dentro del Estado,  pero no así en el seno de una sociedad que se presentaría dividida.

Tal vez, la mejor forma para cerrar este artículo sea cederle la palabra a Sebastián Piñera, el presidente chileno que termina su mandato con un muy bajo nivel de aprobación, pero quizás por eso mismo sus palabras, dirigidas a los dos candidatos más votados, sean sinceras:

“...desde el fondo de la experiencia como presidente de Chile les pido que busquen siempre los caminos de la paz y no de la violencia, los caminos de la unidad y no de la división, los caminos del diálogo y no la descalificación…”

Que así sea…
 

El Doctor Emilio Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.