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Mercosur: integración regional en tiempos de pandemia

En medio de la crisis planetaria desatada por el coronavirus, Argentina se aleja de sus socios entre pujas ideológicas y divergencias comerciales

La economía mundial es una red compleja de interconexiones. Tal es así que para comprender lo que sucede en las Relaciones Internacionales hoy, primero debemos saber que la globalización indefectiblemente va de la mano con la expansión del COVID-19: no sólo ha permitido el rápido avance del virus sino que, según el FMI, su impacto se estima mayor que el de la crisis financiera de 2008. No sólo debemos lidiar con las consecuencias sanitarias, sino también con las medidas sociales y económicas que toman nuestros líderes mundiales. Es así  que dentro de este turbulento contexto internacional Argentina decidió, unilateralmente, retirarse de las negociaciones que llevaba a cabo el Mercosur.

El gobierno nacional decidió no participar en los posibles acuerdos comerciales con Corea del Sur, Canadá, Líbano e India. Dicha iniciativa fue comandada por Brasil, Paraguay y Uruguay. En contraposición, Alberto Fernández fundamentó que en un contexto de pandemia sería adverso para el empleo argentino y a la producción nacional. Cuando el canciller Felipe Solá realizó este anuncio parecía el fin de la Argentina como miembro del bloque.  El Mercosur no sólo es una alianza estratégica, sino que además ha sido una política de Estado que se ha mantenido sólida desde la presidencia de Raúl Alfonsín.

Cabe destacar que Argentina NO deja de formar parte de la organización, solamente no participará de los diálogos con terceros. La medida no incluye a las negociaciones ya concluidas con la Unión Europea y con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA). Sí es importante  entender que Brasil, Paraguay y Uruguay pueden negociar acuerdos comerciales por sí solos pero necesitan de Argentina para poder suscribirse a ellos. Como dichos tratados tienen un largo recorrido para concretarse, esto favorece el “juego de cintura” de nuestra Cancillería.

 Sin embargo, el Mercosur no permite negociaciones “a medias tintas”. La idea de una integración entre pares es dejar de lado las parcialidades para tomar decisiones en conjunto. Por lo que, si continúan las divergencias, será necesario realizar reformas a futuro dentro de la integración. De esta manera, los tres miembros podrán negociar sin tener como  impedimento el veto argentino. Pero como consecuencia traería aparejado una modificación profunda del Mercosur.

Si bien Argentina manifestó en su discurso el apoyo a la economía local, surge un trasfondo relevante: el Arancel Externo Común (AEC). El AEC establece la misma alícuota para los productos de terceros mercados que se importan, generando así una “protección” para los Estados miembro. Este ha sido un punto de discusión desde el año pasado ya que algunos países, fundamentalmente Brasil y Argentina durante el mandato de Macri, buscaron reducir lo más posible el AEC y así avanzar en los acuerdos de libre comercio.  Dentro del Mercosur Argentina tiene un libre comercio, sin aranceles, con sus socios. Si Brasil, Paraguay y Uruguay comienzan a abrir sus mercados a terceros, otorgándoles mayores beneficios, nuestro país perdería esa “exclusividad”, por lo que se vería perjudicada nuestra industria.

Además, el bloque no sólo está atravesando dificultades económicas, sino también ideológicas. Las discrepancias políticas giran en torno a la apertura comercial, por lo que Alberto Fernández tiene roces con sus pares Bolsonaro, Lacalle Pou y Abdo Benítez quienes tienen una tendencia más bien conservadora. Inclusive no hay cercanía política con Chile y Bolivia. Y este gran inconveniente surgió desde que perdió importancia el espíritu comercial y comenzó a ganar el alineamiento ideológico, donde los aliados son quienes tienen el mismo color político. Así comenzó el espíritu integracionista con el alineamiento de Kirchner y Lula que luego se fue disipando a medida que cambiaban los gobiernos.

Como reflexión final, ¿podemos cuestionarnos si está bien o mal el accionar de Argentina con respecto al Mercosur?  Sin duda que sí. Pero en realidad no hay una respuesta concreta, debido a la cantidad de posibles escenarios. Muchos de ellos ligados a la inquietud que genera el coronavirus, aparte de la rivalidad entre Estados Unidos y China. Es acertado caminar con pies de plomo por la crisis económica que ha generado la pandemia, poniendo en riesgo la productividad de los países. Sumado a la fuerte recesión que tendrá a las potencias en jaque.

Pero lo que no podemos negar es que es necesaria la integración regional. Brasil es nuestro vecino: principal socio comercial y destino de exportaciones argentinas. Independientemente de quién sea su presidente. Es por ello que las discrepancias a largo plazo pueden significar el fin del Mercosur.

El mayor desafío para nuestra Cancillería hoy es encontrar un equilibrio entre una excesiva apertura de mercados que perjudiquen nuestra industria y un alejamiento de la integración económica con nuestros pares latinoamericanos. Sólo así podremos liderar una política exterior pragmática en una época de incertidumbre mundial.