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Mercosur: ¿ha llegado el momento de irse? (I)

Para usar una metáfora de los juegos de cartas, acá se impone un “barajar y dar de nuevo” porque con este mazo, que tiene todas sus cartas marcadas, no podremos ganar ninguna mano. Pero la salida no está como lo piensan algunos trasnochados en un MendoExit

“Si somos un lastre, tomen otro barco”, fue la contestación de nuestro Presidente ante el pedido que había hecho Lacalle Pou, el presidente de Uruguay, para tener más libertad para negociar acuerdos de libre comercio. Pero también, los presidentes de Brasil y del Paraguay, con matices, vienen pidiendo lo mismo desde hace rato. La dura contestación presidencial ocurrió cuando, paradójicamente, se debía celebrar los 30 años del Mercosur.

Ahora, bien, ¿quién tiene razón? ¿Es la Argentina un lastre para la Región? ¿0 por el contrario, los países que nos rodean son como un corset para nuestro destino? Tal vez ambas posturas tengan algo de razón. Veamos.

Históricamente, la conformación de nuestros países reconocen, básicamente, dos orígenes. Por un lado están los que ganamos nuestra Independencia con la fuerza de las armas durante nuestra respectivas, pero comunes, luchas durante el Siglo XIX. Y, por el otro, el Brasil, que nació por la cesión del emperador de Portugal –que se encontraba con su corte refugiado en Río de Janeiro– a su hijo Pedro.

Se sabe que la Gran Bretaña, aliada eterna de Portugal, a través de sus embajadores y de sus agentes en la Corte, primero portuguesa y luego brasileña, conspiró activamente para que ambas orillas del Río de la Plata no estuvieran en poder de una sola Nación. Lo mismo para que ninguna ostentara la categoría de bioceánica.

Al efecto, impulsó la creación de la Provincia Cisplatina, la que luego de nuestra intervención militar terminó siendo un país independiente, la República Oriental del Uruguay.

Por su parte, el Paraguay siguió una trayectoria diferente. Empezó siendo realmente un país independiente, pero fue alineado a los intereses británicos tras la Guerra de la Triple Alianza que destruyó sus posibilidades de potencia regional.

Han pasado muchos años desde los hechos que relatamos. Pese a ello, vemos cómo su espíritu se prolonga en el tiempo. Por ejemplo, la RO del Uruguay fue un importante aliado de Gran Bretaña durante la Guerra de Malvinas y, hoy la sigue asistiendo para que las flotas pesqueras que operan en el Atlántico Sur tengan su apoyo en el puerto de Montevideo.

La situación de Brasil siempre ha sido más compleja. Su peso específico le ha permitido un mayor grado de independencia. Pero en líneas generales, ha sido siempre un competidor de la Argentina.

Pero vamos al tema concreto que nos ocupa. Vale decir, el Mercosur, ¿sirve o no sirve?

Como todos sabemos, se comenzó a gestar durante el gobierno de Raúl Alfonsín. Tal como se nos dijo en su momento, nos abriría mercados con su consecuente prosperidad. En realidad, se construyó una gran muralla arancelaria que hace imposible para los ciudadanos de los países integrantes importar nada del mundo exterior.

Concretamente, para sortear esa barrera las grandes empresas multinacionales abandonaron nuestro suelo para mudarse al de Brasil, con el aliciente de que pudieron mantener cautivo a nuestro mercado interno.

A consecuencia de ello, progresivamente, la Argentina se fue desindustrializando, ya que nuestras fábricas de autos, de electrodomésticos, de barcos y hasta de aviones – que habían sido pioneras en la Región–, para abaratar costos cerraron y se fueron.

Tal como nos lo explica la economista Iris Speroni, esto no fue una jugada inocente: “El Mercosur, claramente, fue la campana de largada para implementar un plan que se dio en simultáneo en varios países de Occidente. Fue premeditado, como supimos al iniciarse las reuniones de Davos.

“El objeto era bajar la demanda de trabajo en los países altamente sindicalizados: Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia, Argentina –para quebrarle la moral y el espinazo a los distintos sindicatos– y trasladar esas empresas a otros de baja o nula cultura sindical: Singapur, Bangladesh, Pakistán, India, China, México, Brasil”.

Como resultado de esta maniobra, hoy, la Argentina no produce casi nada y debe importar casi todo. Para colmo de males, todo a un precio más caro y de mala calidad. Un ejemplo: nos obligan a comprar modelos viejos de autos VW, hechos en Brasil con autopartes argentinas, al doble de lo que le cuesta a un alemán un modelo de última generación.

Iris también nos cuenta que en los otros países que sufrieron este “tratamiento” ya tuvieron sus respectivas rebeliones. La Gran Bretaña que ya tuvo su Brexit, Italia y Francia van por el mismo camino y los EE.UU. casi tiran su democracia por la borda en sus últimas elecciones presidenciales por lo mismo.

Está claro que los países que entregan su industria manufacturera al extranjero se arriesgan a la rebelión de sus clases medias y bajas pauperizadas por el proceso desindustrializador.

Entonces, ¿qué hacer?

Para usar una metáfora de los juegos de cartas, acá se impone un “barajar y dar de nuevo”. Con este mazo, que tiene todas sus cartas marcadas, no podremos ganar ninguna mano.

La salida no está como lo piensan algunos trasnochados en un MendoExit.

Si bien Mendoza está magníficamente ubicada para una nueva alianza con el próspero Nuevo Camino de la Seda, no debemos olvidarnos que supimos ser la “cuna de la Libertad” y que aquí un correntino armó en cuatro años un ejército que cruzó una de las cordilleras más altas del globo y liberó a tres países.

(Continuará...)

El Doctor Emilio Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.