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La otra versión sobre el Campo Histórico El Plumerillo

Reconocidos estudiosos de la gesta sanmartiniana han sostenido una nueva hipótesis sobre la ubicación del lugar

Detrás de la historia tradicional del Campo Histórico ubicado en El Plumerillo existe otra no contada por los libros. Una que difiere totalmente de la tradicional y que se perdió a través del tiempo.

Gracias a la búsqueda de antiguos documentos encontrados en archivos, podemos reconstruirla y esta nota es el reflejo de esa investigación.

 

Antecedentes del campamento

A principios del siglo XVII, los terrenos del campamento pertenecían a los jesuitas y luego de la expulsión de estos en 1767, pasaron al Estado.

Para regularizar estos bienes, se creó la llamada Junta de Temporalidades y años después fue la encargada de vender esas tierras a Joseph Reta, José Silva, Isidro Sáenz de la Maza, doña Mercedes Conil, doña María Prudencia Escalante, Manuel Díaz Celis y Francisco Barros.

Varias haciendas fueron poblando el norte y se trazaron varias calles que se conectaban con la ciudad, como la calle de la Casa de la Pólvora – actual calle Lisandro Moyano en el departamento de Las Heras– que corre de Norte a Sur– y la calle de la Chimba –hoy Olascoaga–, que en aquellos momentos ambas eran importantes arterias.

En 1799, en el convento de los exJesuitas, o de San Francisco, en una sección del mismo se encontraba el cuartel militar en el que se guardaba una gran cantidad de pólvora.

El guardián de esa iglesia expuso al Cabildo el riesgo que corría toda la ciudad si ese componente explotaba. Por esa razón, el Ayuntamiento mendocino propuso la construcción de un galpón en la hacienda del capitán Isidro Sáenz de la Maza, pero al ser trasladada la pólvora a ese lugar, muy cerca de donde se erigió el campamento, los vecinos protestaron de tal forma que los más de 90 quintales de pólvora fueron depositados nuevamente en el convento franciscano.

En 1816, esa bóveda fue utilizada por el Ejército de los Andes para guardar pólvora y pertrechos militares.

 

Una inminente invasión

En 1814, durante la llegada del gobernador intendente José de San Martín, la situación militar y política de Cuyo era muy grave, ya que las fuerzas realistas avanzaban desde el sur de Chile hacia Santiago, su capital.

El 2 de octubre de ese año, las tropas leales al rey Fernando VII tomaron la ciudad y se apoderaron del territorio chileno.

Esto originó que se especulara con una inminente invasión a Mendoza por los pasos cordilleranos, lo que puso en alerta al entonces coronel San Martín, quien inmediatamente armó una estrategia defensiva con los pocos recursos y tropas que estaban a sumando.

Casi un año después, se dispuso crear un campo de instrucción para el “Ejército de la Patria”, como se decía, con la finalidad de practicar allí las maniobras de batalla y no, como siempre se supuso, la simple instrucción de los reclutas.

Por aquel entonces, las tropas que estaban acantonadas en Mendoza se distribuían en varios conventos de la ciudad, como el de Santo Domingo, el de San Agustín, de la Caridad –antiguamente de los franciscanos, que desde principios del siglo XIX se utilizaba como cuartel militar– y la denominada Casa de Ejercicios, más al Norte y a extramuros de la ciudad.

En septiembre de 1815 se iniciaron los trabajos de delineación de estos terrenos del Estado, tarea que estuvo a cargo del mayor José Antonio Álvarez de Condarco.

A mediados de octubre, el teniente coronel Manuel Corvalán fue el encargado de construir las barracas junto a Saturnino Saraza, y en noviembre finalizó la construcción de los primeros galpones.

En enero de 1816, las tropas marcharon a la instrucción que se desarrolló hasta el mes de marzo, cuando regresaron a sus respectivos cuarteles en la ciudad.

A mediados de ese mismo año, se inició la extensión del campamento, y creado el Ejército de los Andes, en agosto  se procedió a la organización del mismo.

Varios meses después, gran cantidad de tropas se alojaron en precarias instalaciones para luego salir, en pequeñas divisiones, rumbo a Chile desde el 9 de enero de 1817 hasta el 25 de ese mes.

Grabado del Ejército de los Andes saliendo desde el campamento en enero de 1817.

Después de la partida del Ejército Libertador, las barracas del campo de instrucción fueron desbaratadas y sus maderas se utilizaron en obras públicas.

En 1818, luego de la batalla de Maipú, el Cabildo debía una gran cantidad de dinero a varios vecinos que habían dado sus esclavos en forma de pago al Estado, lo que causó la decepción de muchos que eran patriotas, ya que no se cumplió con lo que se había prometido.

El General San Martín, quien estaba de visita en Mendoza, intercedió ante el Ayuntamiento en defensa de los vecinos perjudicados y, para saldar las deudas, propuso que fueran compensados con terrenos fiscales ubicados en el Este y en la zona del campamento.

En 1821 los acreedores fueron beneficiados con terrenos, mientras que otros tuvieron que esperar hasta 1870 para que le cancelaran la deuda.

El Campo Histórico en una foto tomada en 1940.

 

Una equívoca reivindicación

En 1898, un grupo de docentes encabezados por Rosa Chávez y Julio Leónidas Aguirre, realizaron una campaña en pos de resaltar la figura de Libertador mediante la creación de un monumento al Ejército de los Andes.

Esta comisión impulsó varias colectas para recaudar fondos y el profesor Aguirre llegó a un acuerdo con un vecino de la zona llamado Belisario Serpa, quien se comprometió, en un gesto patriótico, y donó unas cuatro hectáreas de terreno ubicado en la esquina de Moyano e Independencia.

Esta iniciativa y la gestión se materializaron en tiempo récord, y el 25 de mayo de 1899 se puso la piedra basal para el monumento propuesto en un terreno, ubicado en el departamento de Las Heras, y en donde teóricamente se había ubicado el campamento. Ese día asistieron al acto miembros del gobierno, escolares y una importante cantidad de público en general.

Después de unos años, se creó la asociación Ateneo Mendoza, que tenía como objetivo construir un monumento al General San Martín para emplazarlo en el Campo Histórico.

Con el aporte de varias colectas patrióticas y el apoyo del gobierno de turno, se pudo fundir una estatua en bronce, e incluso esta comisión estuvo en contacto con Bartolomé Mitre, quien aconsejó que para el pedestal de aquel monumento se debería traer una gran piedra de la cordillera de los Andes, por su significativo simbolismo.

Por disidencias de algunos de sus miembros, el monumento al Libertador pasó a emplazarse en la entonces plaza Cobos (actual San Martín), en la Ciudad, donde se inauguró el 5 de junio de 1904.

Durante la celebración del centenario de la Revolución de Mayo, en 1910, se erigió en el histórico campo una pirámide conmemorativa y allí se realizó un multitudinario acto con la presencia de autoridades provinciales y escolares.

Reproducción del Campo de Instrucción hecha en 1910.

La pirámide inaugurada el 25 de mayo de 1910 durante el primer centenario de la Revolución de Mayo.

El 30 de julio de 1931, el gobierno de la provincia inauguró allí un significativo portal en el que se emplazaron dos cañones.

El 12 febrero de 1935, por una iniciativa de la Junta de Estudios Históricos y promovida por legisladores nacionales representantes de Mendoza, fueron trasladadas desde Buenos Aires las cenizas del general Espejo al Campo Histórico Plumerillo, donde fueron sepultadas.

 

Un curioso descubrimiento

En 1932, el entonces gobernador Ricardo Videla –un gran estudioso de la gesta sanmartiniana– descubrió a unos1.500metros en dirección al Este del campo histórico actual, un montículo de tierra de donde extrajo algunas balas de cañón y de fusil, y según se comentaba, de allí los niños de la zona extraían estas municiones para jugar al “hoyito”.

En varias ocasiones, Videla fue acompañado por el historiador Juan Draghi Lucero.

Un año después, una de aquellas balas encontradas fue donada al Museo Histórico Nacional.

En 1941, el Campo Histórico fue declarado ‘Sitio Histórico Nacional’ según un decreto de la entonces flamante Comisión Nacional de Lugares y Monumentos Históricos.

Esto creó una nueva hipótesis sobre la ubicación del campamento que fue posteriormente sostenida por el mencionado Draghi Lucero en 1949.

 

El mito de El Plumerillo

En tiempos en que se estableció el campo de instrucción, la zona no tenía nombre porque el sitio denominado El Plumerillo se ubicaba a unos 5 kilómetros al Este del lugar y era la estancia de los Segura.

Recién en 1820, el sector en donde se concentraron las tropas libertadoras se denominará El Campamento en su honor.

La pirámide en la actualidad.

Así se llamará por años, hasta que a principios del siglo XX toda la zona, inclusive la base aérea, se llamará Los Tamarindos, y hacia fines de los años 40 se la denominará El Plumerillo, nombre que ostenta en la actualidad.