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La noche en la que presentaron en Mendoza el fonógrafo

A fines de abril de 1893, en medio de una gran expectativa, un empresario exhibió un extraño aparato que maravilló a quienes lo escucharon por primera vez

Hoy, cientos de nuevos aparatos nos asombran al reproducir música con una extraordinaria fidelidad, sin la necesidad de poner un disco. Es que estamos en la era digital, en la que hasta un teléfono celular nos ofrece la posibilidad de escuchar individualmente nuestra música favorita.

Pero fue a finales abril de 1893, cuando por primera vez nuestros bisabuelos tuvieron la suerte de escuchar la música y la voz grabadas, lo que causó una gran impresión.

 

Mendoza, ciudad progresista

A fines del siglo XIX, la provincia de Mendoza se encontraba en una situación privilegiada económicamente: eran tiempos en que la palabra “progreso” estaba en todos lados.

El agua corriente, la electricidad, el ferrocarril y los nuevos medios de locomoción, como el tranvía a caballo o tranway, se instalaron en la ciudad para brindar más confort a la población. También otro de los factores fue la llegada de los inmigrantes, en su mayoría europeos, quienes traían el sueño de trabajar y prosperar económicamente.

Los gobiernos locales se encargaban de ejecutar grandes obras edilicias que además traían debajo del brazo otra política prioritaria llamada “educación”, y se esmeraban en fomentar la formación de docentes y construir escuelas por toda la provincia.

Mendoza de fines de siglo XIX

Por las calles de la ciudad se podía ver a centenares de carruajes, llamados “mateos”, transitando por ellas como también a cientos de personas mirando los escaparates de las tiendas y salones comerciales mientras imaginaban estar en las más grandes tiendas de París o de Londres.

También por aquellas aceras se podía ver a parroquianos de galera y bastón sentados tomando un café, en lugares como la denominada Casa de Alto, que actualmente existe en la intersección de avenida San Martín y Necochea, el primer edificio antisísmico construido por el arquitecto belga Urbano Barbier. En su planta baja se encontraba la confitería La Mascota, que luego se llamó confitería Colón, donde se reunían las más destacadas personalidades del ambiente político, empresarial, cultural y social de aquella época.

Quienes más frecuentaban aquel lugar eran José Néstor Lencinas, Ezequiel Tabanera, Benito Villanueva, Pedro Guevara, el ex gobernador Rufino Ortega, su hijo Rufinito y el ministro de Obras Públicas de la Nación y gobernador de Mendoza, don Emilio Civit.

Pero un día llegó la noticia de que una fascinante máquina podía reproducir la voz humana y la de los instrumentos musicales. Eso, para muchos mendocinos fue algo increíble. ¿Era posible que algo así pudiera existir?

 

Una extraña voz

Desde hacía varios años, en la ciudad de Buenos Aires se conocía una máquina que podía ejecutar música y reproducir la voz humana o el sonido de orquestas, bandas y de los más importantes tenores de aquel tiempo a través de un cilindro.

El ingenioso aparato, llamado fonógrafo, había sido creado por Thomas Alva Edison en 1876, quien años después lo perfeccionó haciéndole varias modificaciones.

Thomas Alva Edison.

Con bombos y platillos los diarios mendocinos anunciaron la presencia señoras vestidas con todas sus galas, al igual que hombres de galera y bastón.

Las entradas costaban $3 –un precio muy elevado para aquella época que muy pocos podían pagar– para acceder a los palcos, con derecho a escuchar mejor el sonido de la música con tubos o parlantes, y 50 centavos la entrada general para un lugar en el que se percibían pobremente las bondades del flamante aparato.

Las damas y caballeros se acomodaron en sus butacas. Podía verse en sus caras expectación y nerviosismo por este nuevo artilugio que emitía sonido.

 

Comienza la función

La presentación comenzó con una alocución del empresario que introdujo el fonógrafo en el país.

Después se inició la función con la reproducción del Gran Valzer, ejecutado por la banda de Gilmores. Al terminar la grabación, la mayoría de los participantes quedaron atónitos por tan maravilloso invento. Luego sería el turno de la ópera Otello, cantada por el tenor italiano Francesco Tamagno. Le sucedieron distintas canciones y voces del periodista y político español Emilio Castelar o del escritor José Zorri-lla.

Al terminar cada una de las interpretaciones, la sala estallaba con aplausos y hasta exclamaciones de los presentes.

Frente del Teatro Municipal.

Cuenta un periodista local que fue parte de aquella presentación: “Llevábamos la idea de que íbamos a estar en presencia del descubrimiento más sorprendente y portentoso del presente siglo e íbamos preparados a no maravillarnos de nada, pero al escuchar en toda su fuerza y pureza la voz varonil de Tamagno, en Otello, no hallamos a quién admirar más: si al artista notable que ha llenado el mundo con su fama o al ilustre y sabio Edison que ha sabido arrancar de la nada tamaño secreto”.

Y agregaba: “Un solo de pistón del 1° de Cazadores de Montevideo, nos hizo dudar si estábamos en realidad ante una banda de música militar o ante una caja de madera llena de resortes y tubos metálicos. Pocas serán las personas que pudiendo disponer de unos pesos dejen de ir a admirar las maravillosas cajas fonográficas”.

Esta experiencia sin precedentes caló muy hondo en la memoria del público mendocino. Las presentaciones duraron aproximadamente una semana. Después tardó tres años en que se estableciera en forma permanente el fonógrafo en la provincia.

Había comenzado una era que atravesaría creaciones como el Winco, el magazine, el pasacassette, el walkman, el CD, el reproductor de MP3... Y la lista, por supuesto, sigue, para maravilla de nuestros oídos.