Mendoza, Argentina
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|29/06/20 08:31 AM

La misión secreta para que Estados Unidos apoye la declaración de la Independencia

Un enviado del gobierno de las Provincias Unidas protagonizó una extraña historia que impidió la concreción de los planes fijados

En 1815, luego de la caída del gobierno de Carlos María de Alvear, el nuevo Director Supremo Ignacio Álvarez Thomas y algunos patriotas, entre ellos José de San Martín y Juan Martín de Pueyrredón, convocaron a la realización de una Asamblea General Constituyente para declarar la independencia y crear una constitución como país independiente.

Se eligió a la ciudad de Tucumán para establecer ese congreso que definiría el destino de un nuevo país, después de tantas vacilaciones desde 1810.

A nivel internacional, el gobierno de Álvarez Thomas estaba convencido que el Reino Unido no apoyaría la causa de la independencia americana al estar estrechamente ligado por la alianza pactada con Fernando VII, quien en 1812 asumió como rey, derogó la constitución y se empeñó en recuperar sus territorios en América.

En un desesperado intento por obtener apoyo de otros países, se pensó en Estados Unidos de América como una gran alternativa.

Es por eso que a fines de 1815, el mandatario Álvarez Thomas convocó al coronel Martín Jacobo José Thompson para emprender una misión diplomática ultra secreta hacia los Estados Unidos.

 

El esposo de mariquita

El coronel Thompson nació en Buenos Aires el 23 de abril de 1777 y era hijo de Guillermo Pablo Thompson, de origen británico, quien se casó en segundas nupcias con Tiburcia López y Escribano. El recién nacido fue bautizado en el templo de la Merced, de esa ciudad, el 4 de mayo de ese año.

Su padre falleció cuando Martín solo tenía 10 años y fue criado por su padrino, don José de Altolaguirre. Después de estudiar en el Colegio de San Carlos, partió hacia España en donde ingresó a la Marina del rey. A principios del siglo XIX regresó a la capital del Río de la Plata y tiempo después, se enamoró perdidamente de su prima segunda, la millonaria María Josefa Petrona de Todos los Santos Sánchez, más conocida por “Mariquita”.

Ignacio Álvarez Thomas.

Por aquel entonces, ese noviazgo causó un gran escándalo en todo Buenos Aires, al oponerse los padres de la pretendida, a tal punto que el virrey Rafael de Sobremonte intervino a favor de los novios y el 29 de junio de 1805 contrajeron matrimonio. La pareja fue agraciada con cinco hijos.

Algunos historiadores afirman que Thompson combatió del lado de los españoles el 21 de octubre de 1805 en la Batalla de Trafalgar. Sin embargo, como se puede ver, el marino ya estaba casado y residía en Buenos Aires para ese entonces, aunque sí peleó durante las Invasiones Británicas al Río de la Plata entre 1806 y1807. Además participó activamente en 1810 en los hechos de mayo. Un mes después, fue designado capitán del Puerto de Buenos Aires, cargo que ocupó hasta 1815.

En 1813 se le confirió el grado de coronel y fue miembro, como muchos de los patriotas de aquel tiempo, de la Logia masónica que operaba en Buenos Aires.

 

Misión secreta

El marino recibió órdenes precisas del gobierno de las Provincias Unidas. Su misión era secreta y debía mantenerse en la mayor reserva, tratando de obtener ayuda de los Estados Unidos y entablar amistosas relaciones, para lo cual ofrecería ventajas comerciales específicas. Trataría de obtener armas y contratar oficiales, además de establecer contacto con el gobierno de México para iniciar relaciones. Como Thompson carecía de título oficial, debía proceder con extrema prudencia y no dar ni un paso sin informar previamente al entonces cuarto presidente James Madison (1809- 1817).

 

Un argentino en Nueva York

A principios de enero de 1816, el coronel Thompson partió rumbo a los Estados Unidos junto a su criado Joaquín, quien lo acompañó en gran parte de su misión.

Entre varios documentos, llevaba una carta para Madison en la que anticipaba con seis meses de antelación la independencia de las Provincias Unidas de Sud al hacerle conocer esa intención.

Después de navegar por el Atlántico 84 días, el emisario del gobierno rioplatense llegó a los Estados Unidos y desembarcó en el mes de mayo en la ciudad de Nueva York, en donde se hospedó.

Había muchas esperanzas en que esta misión podría tener un gran éxito para el incipiente gobierno argentino, pero Thompson cometió su primer error al no reunirse de inmediato en Washington y presentarse con sus credenciales al presidente, como estaba ordenado. Recién lo hizo en el mes de agosto, ocho meses después de salir de Buenos Aires.

Para ese entonces la Independencia argentina ya se había declarado y el primer mandatario estadounidense todavía se hallaba ausente de la capital y no regresaría hasta octubre de ese año.

El emisario volvió a Nueva York y se dedicó a la tarea de conseguir armas y gente sin previa comunicación al presidente norteamericano.

Durante su estadía, logró conectarse con unos capitalistas a quienes entusiasmó para otorgarles un préstamo a las Provincias Unidas del Sud de dos millones de dólares, pero esta acción nunca fue concretada.

El tiempo pasaba y el presidente de Estados Unidos le restó importancia aquella misión diplomática por considerarla poco seria.

 

Las locuras del coronel

Por ese tiempo, el enviado Thompson comenzó a tener comportamientos muy extraños que trascendieron a la opinión pública de esa ciudad.

Se comentaba que el enviado del gobierno argentino transitaba por las calles neoyorquinas muy mal trazado, con levitas sucias y apolilladas. Pero lo más complejo era que insultaba y peleaba con los transeúntes, a lo que hubo que sumarle algunas denuncias de varias damas a quienes intentó corretear en plena vía pública.

Entre otras andanzas, se lo responsabilizó de un disturbio que protagonizó en una fragata llamada Ocean, que se dirigía a Sudamérica con militares polacos que habían integrado el ejército de Napoleón, entre los que se encontraba el coronel Antonio Skupiewski, conocido también como el Barón de Bellina.

Era evidente que la salud mental de Thompson se había deteriorado e indudablemente su misión se había complicado. Fue internado por un tiempo en un manicomio de aquella ciudad, mientras que jamás se supo que pasó con su criado Joaquín.

Al ser de público conocimiento, todos estos hechos produjeron el disgusto del presidente Madison y posteriormente la ira del Director Supremo Pueyrredón, quien al enterarse de la escasa discreción del emisario dio por terminada la misión a principios de 1819 y se le pidió el urgente regreso a Buenos Aires.

Durante el viaje de vuelta el esposo de Mariquita enfermó gravemente y no llegó a su destino final al fallecer en alta mar el 23 de octubre de 1819 y su cuerpo fue arrojado al Atlántico.

Lo cierto en esta historia es que el pobre Thompson se había vuelto loco y su misión diplomática encubierta fue un rotundo fracaso.