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La geopolítica de las vacunas (II)

Estamos frente a la mayor emergencia sanitaria de la que tenga memoria el mundo, por lo que tendremos que contar con la mejor estrategia para enfrentarla con éxito, en lo que pueden colaborar las Fuerzas Armadas

A modo de introducción

El médico sanitarista Ramón Carrillo, organizador de nuestro primer Ministerio de Salud, decía allá por 1953: “Cuando los médicos nos enfrentamos a una epidemia, debemos proceder con una estrategia y con una táctica semejantes a las que emplea en la guerra un general en jefe de un estado mayor”.

Nunca nada más exacto y mejor dicho, especialmente para una clase política de todos los pelajes y banderías que ha hecho de la improvisación y del desprecio de la Estrategia y de su hijo, el Planeamiento, su casi única política de Estado.

Pero sucede que esta vez no alcanza, pues será necesario no solo tener una Estrategia, sino una que sea buena y nos permita enfrentar con éxito, aunque más no sea con uno relativo, a la mayor emergencia sanitaria de la que tenga memoria el mundo, por lo menos en los últimos cien años, si es que no son más.

La valla inmediata a salvar que tenemos enfrente es la publicada –pero poco conocida– campaña de vacunación contra el COVID-19. Al respecto, lo que más han hablado desde el Gobierno han sido la viceministra de Salud, Carla Vizzotti, y el ministro de Defensa, Agustín Rossi. 

Siendo un tema complejo, vamos por partes.

 

Un cúmulo de tareas

1) Objetivo de la campaña: En el ‘Plan Estratégico para la Vacunación Contra la COVID-19’, publicado por el Ministerio de Salud el 23 de diciembre, se lee que las prioridades para la vacunación son las siguientes: 
– Personal de salud (escalonamiento en función de la estratificación de riesgo de la actividad);
– Adultos de 70 años y más /personas mayores residentes en hogares de larga estancia;
– Adultos de 60 a 69 años;
– Fuerzas Armadas, de Seguridad y personal de Servicios Penitenciarios;
– Adultos 18 a 59 años de grupos en riesgo;
– Personal docente y no docente (inicial, primaria y secundaria);
– Otras poblaciones estratégicas definidas por las jurisdicciones, 
– y la disponibilidad de dosis.

De la lectura de las prioridades se puede deducir que la finalidad última es evitar la mayor cantidad posible de muertes, lo que –obviamente– no es criticable. 

Pero creemos que hubiera sido una forma más eficiente de lograrlo el darle una prioridad más alta a aquellos trabajadores y/o servidores públicos esenciales que lidian con la posibilidad de contagio en forma habitual, tales como camioneros, conductores de medios de transporte público, repositores de supermercados, cajeros bancarios, etcétera.

Esto limitaría la circulación del virus, redundando en consecuencia en una menor posibilidad de contagio y de muertes.

2) Obtención: Al respecto, el ministro de Defensa ha declarado: “En enero llegan cinco millones de dosis de la Sputnik V y en febrero 14.700.000, de forma que se cumplan los 20 millones con la Sputnik V. Tenemos un compromiso con opción para poder tener 5 millones más para marzo”.

Asimismo señaló que “... para fines de marzo o principios de abril estaría disponible la de AstraZéneca y seguimos negociando con Pfizer para ver si tenemos un pulmón más para marzo. Y seguimos con contactos con el resto de proveedores de vacunas del mundo, con las chinas y una reserva de 9 millones de dosis en lo que es el banco de vacunas que viene preparando Naciones Unidas”.

Esto implica que “el plan va a seguir todo el año. Cuando esté en régimen (el sistema) tenemos que estar vacunando a cinco millones de argentinos por mes de manera tal de llegar a 25 ó 30 millones durante todo el año y con eso tener inmunizada a toda la población apta para recibir esta vacuna”, calculó el ministro.

Tal como lo dijimos en nuestro artículo anterior, la vacunación hoy está sujeta a una dura puja geopolítica. Por lo que más allá de cualquier negociación tendiente a comprar vacunas en el exterior hay que buscar la forma no solo de producirla en el país, sino también comenzar a pensar en serio en la investigación, desarrollo y producción de todo tipo de vacunas y de otros materiales sanitarios que sean necesarios en el futuro. 

3) Transporte: Todo transporte de un elemento vital a una muy larga distancia exige lo que se denomina ‘Transporte aéreo estratégico’. En la situación actual, carecen del mismo tanto las Fuerzas Armadas como Aerolíneas Argentinas, nuestra aerolínea de bandera.

Estamos así porque ninguna de las dos dispone de aeronaves que satisfagan las exigencias para tales tareas, a saber: aviones de gran capacidad de carga, gran autonomía y facilidades técnicas acordes (puerta y piso de carga).

Al momento se están usando los diez Airbus 330-200 de Aerolíneas Argentinas, que tienen la autonomía pero no el resto de las condiciones necesarias, por lo que las ‘Thermal Box’ con las vacunas solo pueden ser cargadas en las bodegas para valijas del avión y arriba de los asientos en el compartimiento de cabina principal, desaprovechando la masa del espacio disponible.

Por su parte, la Fuerza Aérea Argentina está evaluando la compra de dos Boeing 737, los que deberían ser modificados para el transporte dual de pasajeros y carga. Esta adquisición permitiría el alivio de la excesivamente demandada flota de aviones de transporte táctico, como el veterano Hércules C-130, pero que no son ideales para la tarea mencionada más arriba.

Si hacemos una cuenta simple, partiendo de que se prevé transportar unas 40 millones de vacunas –lo que implica unas 80 millones de dosis– y en cada Airbus 330-200 se puede cargar, dependiendo del tamaño de la ‘Thermal Box’ disponible, unas 800 mil dosis, necesitamos de unos cien vuelos en total, lo que no es moco de pavo si consideramos que el costo operativo de cada vuelo asciende a unos US$ 400.000.

Otro problema del transporte es que la Sputnik V –o vacuna rusa– debe ser refrigerada  a -18° C, mientras que la germano-norteamericana Pfizer a unos tremendos -70° C. 

Para ello existe un dispositivo denominado ‘Thermal Box’ que son cajas especiales con una alta capacidad aislante que contiene hielo seco y que permite mantener las vacunas mediante el uso de hielo seco a -78,6° C. 

4) Distribución: Se sabe que el Estado nacional proporciona tanto las dosis como el material descartable necesario para su aplicación, compuesto básicamente de jeringas y agujas, al igual que los correspondientes descartadores.

El ministro Rossi aseguró que la intención del Gobierno nacional es que la campaña de vacunación empiece “al mismo tiempo en todas las provincias”, a partir de la llegada de las primeras dosis de la Sputnik V.

Cada provincia recibió una comunicación con la cantidad que contaría en la primera entrega. Por ejemplo, la ciudad de Buenos Aires contará con 23.100 dosis, que representa menos del 10% de los empleados de la salud. Mendoza otras 5.500 dosis, y salvo la provincia de Buenos Aires, que tiene previsto retirar su carga en el depósito, el resto de las jurisdicciones recibieron las primeras dosis en sus respectivos centros de almacenamiento.

5) Inoculación: Cada una de las jurisdicciones ha determinado diferentes estrategias para la vacunación.

Un tema no menor es que debe preverse un tiempo de espera tras la inoculación, en el cual los vacunados no podrán abandonar en forma inmediata la instalación en las que se los vacunó, a la espera de algún tipo de reacción alérgica.

También es importante hacer la diferenciación entre el concepto de “vacunación”, que refiere al acto de aplicar una vacuna, y el de “inmunización”, que corresponde a la respuesta del sistema inmune que confiere protección. La duración de la respuesta no ha podido ser determinada aún.

6) Registro: El proceso que deberá pasar cada ciudadano es relativamente sencillo y requiere que cada persona tenga al alcance de la mano su  DNI, sin el cual no se aplicará la vacuna a nadie.

Para poder vacunarse, los gobiernos provinciales y las intendencias informarán a través de sus páginas web y de medios de prensa locales los lugares específicos dispuestos como vacunatorios. Al efecto, creemos que sería conveniente contar con una aplicación para los omnipresentes celulares a los efectos de ahorrar tiempo y papeles.

Como vemos se trata de una tarea extensa, tanto en tiempo como en espacio, a la par de compleja, por lo que para realizarla con éxito será menester apelar a lo mejor de lo que dispone el Estado. 

Por lo que, finalmente, nos resta analizar a las FF.AA., que –según el ministro Rossi– tendrán a su cargo la hercúlea tarea.

Si bien éstas deben estar preparadas para hacer la guerra, en este marco su principal condición es la de poder operar en situaciones caracterizadas por la fricción y la incertidumbre.

En función de ello, sus medios materiales y humanos se encuentran especialmente endurecidos para sortear estas condiciones.

Por otro lado, su formación profesional resulta ideal para la tarea, ya que implica una actividad integral que incluye al planeamiento, a las previsiones logísticas –como las actividades previas al suceso– y a la coordinación y al control.

Concretamente, lo mejor para enfrentar esta gran operación es hacerlo con unidad de comando. Vale decir con un organismo central que tenga a su cargo la conducción de las actividades, que por su propia naturaleza, son complejas y se realizan en forma descentralizadas.

Se suma a ello la necesidad de coordinar los esfuerzos de varias agencias con distintos niveles de dependencia administrativa, tales como elementos de ejecución de diversos ministerios y/o secretarías, fuerzas de seguridad y policiales y Fuerzas Armadas, entre muchos otros.

Además, no hay que descartar, en el caso de catástrofes de gran magnitud, la concurrencia y colaboración de medios extranjeros.

Todo ello nos lleva a concluir que lo más práctico es crear varias zonas de emergencia colocando a la máxima autoridad política como su responsable civil y al comandante militar como el responsable de la conducción de todos los medios afectados.

Dichos medios podrán ser conducidos bajo distintas formas de dependencia que respeten sus respectivos marcos legales.

 

A modo de conclusión

Probablemente, como decíamos al inicio, esta pandemia sea la mayor emergencia de los últimos cien años y los países que logren manejarla mejor dispondrán de una evidente ventaja geopolítica respecto de los que no lo hagan. Así de simple.

 

El Doctor Emilio Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.