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La desconocida revolución de los orilleros

En la noche del 5 de abril de 1811, cientos de pobladores de los arrabales de Buenos Aires llegaron hasta el Cabildo para manifestarse contra la división entre morenistas y saavedristas

Cuando éramos niños aprendimos a través de los manuales escolares que en Buenos Aires, el 25 de mayo de 1810, nos independizamos de España al crear la Primera Junta, formada por grandes patriotas con ideales de unión y libertad.

Pero esta historia oficial dista mucho de la real, porque los acontecimientos se iniciaron mucho antes de 1810 y estuvieron protagonizados por alzamientos, revoluciones y sublevaciones, animadas por dos sectores políticos, uno más conservador y el otro más liberal, generando así una feroz compulsa por el poder, que dio comienzo a una grieta que desde hace más de doscientos años sigue vigente.

Meses después de creada la Junta Provisional de Gobierno –o Primera Junta– fue puesta en vigencia una nueva Junta denominada ‘Grande’, que al poco tiempo de gobernar entró en crisis por cuestiones internas que desencadenaron en un hecho poco conocido llamado ‘la revolución de los orilleros’, ocurrida en Buenos Aires entre 5 y 6 de abril de 1811 y que contó con la participación popular de campesinos y gente de los arrabales para peticionar profundos cambios en el gobierno.

 

España, invadida por Napoleón

En la primavera de 1808, se produjo una profunda crisis política en la corte española como consecuencia de diferencias entre el controvertido primer ministro Manuel Godoy y el príncipe de Asturias, llamado Fernando, quien era el sucesor de la corona del entonces rey Carlos IV.

Tras la ocupación de la Península Ibérica por las fuerzas armadas francesas al mando de Napoleón, con el objetivo de invadir Portugal, el aspirante al trono inició un motín en contra de Godoy en la ciudad de Aranjuez. Como consecuencia de esto Manuel Godoy fue destituido y el rey Carlos IV abdicó a favor de su hijo Fernando VII.

Napoleón en España.

Mientras tanto, el emperador francés Napoleón aprovechó esta situación y en una astuta jugada, apresó en Bayona a ambos monarcas, quedando acéfalo el reinado y en su lugar puso a su hermano José.

Inmediatamente el pueblo español reaccionó levantándose contra el invasor francés y creando un gobierno autónomo en la denominada Guerra de la Independencia, conflicto que duró varios años.

 

La anarquía cunde en América

Estos acontecimientos también se reflejaron en las colonias americanas, especialmente en el territorio del virreinato del Río de la Plata, que se vio envuelto en constantes sublevaciones y peleas políticas entre facciones generando una gran confusión política.

El 1 de enero de 1809 se produjo en Buenos Aires una asonada por parte de Martín de Álzaga en contra del entonces virrey Santiago de Liniers quien renunció a su cargo. Así, las sublevaciones se fueron extendiendo en otros lugares sudamericanos, como en el Alto Perú.

Con el vacío institucional se fueron desarrollando varios hechos con marchas y contramarchas que desembocaron en el 25 de mayo de 1810, cuando se creó una Junta Provisional de Gobierno y se nombró al jefe del regimiento de Patricios Cornelio Saavedra como presidente.

A partir de entonces se generaron grandes diferencias políticas entre el grupo más conservador, que apoyaba a Saavedra, y otro más liberal, que sostenía a Moreno. Dos días después de la formación de este gobierno se convocó a las provincias para que enviaran sus representantes.

Saavedra vs. Moreno.

Comisionado por Cuyo fue elegido Bernardo Ortiz, pero murió previo a su viaje y fue reemplazado por Manuel Ignacio Molina.

El 18 de diciembre de 1810 se incorporaron los delegados para formar una nueva Junta denominada ‘Grande’. Durante la reunión, el secretario Juan José Paso se opuso a la creación de la misma y Mariano Moreno renunció. A pesar de estas oposiciones, la Junta quedó institucionalizada.

Luego de renunciar, Moreno fue enviado por el gobierno provisional de Buenos Aires en misión diplomática a Gran Bretaña, pero falleció durante el viaje.

Las diferencias políticas entre conservadores y liberales se hicieron cada vez más profundas. Por aquel tiempo, las noticias que llegaban desde la Banda Oriental, Paraguay y el Alto Perú a la metrópoli porteña no eran muy alentadoras para la Junta.

Se habían enviado a esos lugares emisarios con tropas para el reconocimiento del gobierno formado el 25 de mayo, pero estos no fueron reconocidos, lo que produjo enfrentamientos armados que desembocaron en una sangrienta guerra interna que estaba fuera de los planes de la Junta.

Varios acontecimientos negativos hicieron que el gobierno presidido por Saavedra flaqueara y esto fuese aprovechado por sus adversarios políticos para derrocar a las autoridades en los primeros días de abril de 1811.

 

La noche del sábado 5 de abril

Desde los primeros días de abril de 1811 se rumoreaba en la ciudad porteña que se produciría una sublevación en contra de la Junta Grande por parte de algunos conspiradores morenistas, aunque no se tenía más información.

Pero algo inesperado ocurrió a las 11 de la noche del sábado 5 de abril, cuando cientos de personas de los arrabales y quintas aledañas a la ciudad marcharon con sus caballos desde los corrales de Miserere y los mataderos de San Telmo y de Palermo para concentrarse en puntos cercanos a la Plaza Mayor.

Fue una espontánea reacción popular alentada por el alcalde de quintas Tomás Grigera y el destacado abogado uruguayo Joaquín Campana (1773-1847), amigo de Saavedra, hijo de un irlandés que había llegado al Río de la Plata a mediados del siglo XVIII.

A la medianoche, la Plaza de la Victoria estaba rodeada por una multitud, igual que el edificio del Cabildo. Al ver el gentío, parte de las autoridades del Cabildo se dirigieron al fuerte, donde tenía su residencia el presidente de la Junta, para averiguar qué ocurría.

Joaquín Campana, uno de los cabecillas de la asonada.

Mientras tanto, Vieytes preguntó al alcalde Grigera cuál era el propósito de esta concentración, a lo que el hacendado respondió: “El pueblo tiene que pedir cosas interesantes a la Patria".

A la plaza concurrió un piquete de Húsares, con su jefe Martín Rodríguez a la cabeza. Luego comenzó una serie breves disturbios entre los morenistas y los manifestantes.

Cuando el reloj marcaba las 3 de la mañana del 6 de abril, los cabildantes y algunos miembros de la Junta cruzaron la plaza y entraron a la Sala Capitular para recibir minutos después al abogado Campana, quien les entregó un petitorio de 17 puntos para elevar a la Junta.

El documento entregado por Campana manifestaba el descontento del pueblo de Buenos Aires ante las peleas entre facciones políticas y el reemplazo de algunos miembros de la Junta como los morenistas Vieytes, Rodríguez Peña, Larrea y Azcuénaga.

En la reunión, Saavedra decidió renunciar. A pesar de la crisis, la Junta –que inclusive estuvo a punto de disolverse– llegó a un acuerdo: Saavedra seguiría como presidente y comandante de las fuerzas militares, lo mismo que otros miembros, quienes continuarían en sus puestos, pero deberían ser separados los vocales de tendencia morenista que figuraban en la lista del petitorio.

Estos fueron reemplazados por Chiclana –quien finalmente no aceptó– Atanasio Gutiérrez, Juan Alagón y el cabecilla de la manifestación popular, el doctor Campana, quien ocupó el puesto de secretario de Gobierno y Guerra de la Junta Grande.

A pesar de que la asonada popular gestada por Grigera y Campana no cumplió con los objetivos propuestos por los manifestantes, trajo por unos meses un poco de calma entre saavedristas y morenistas, dado los momentos de crisis política y militar que vivía el territorio del Río de la Plata por aquel entonces.