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Indios buenos vs. indios malos

Las hostilidades por el centenario problema con los mapuches originado en Chile se han trasladado a nuestro país desde hace algunos años, alimentadas por maniobras foráneas que buscan un conflicto que sea afín a sus intereses. Por eso lo más indicado sería imitar al ‘Zorro’ Roca y trabajar con “los buenos” indios –que son la inmensa mayoría– para neutralizar a los falsos y malos

Como si el 12 de Octubre no tuviera suficiente carga para ser una efemérides polémica, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, le acaba de agregar unos kilos más al declarar ese día de este año el “estado de excepción constitucional de emergencia” en las provincias de Biobío y Arauco, en la Región del Biobío. Lo mismo rige para las provincias de Malleco y Cautín, en la Región de La Araucanía.

Este estado le permitirá a las fuerzas armadas chilenas “prestar apoyo logístico, tecnológico y de comunicaciones''. También podrán prestar apoyo de vigilancia, patrullaje y transporte a los procedimientos policiales que se desarrollen”, explicó el mandatario en un documento.

Para adoptar tan seria resolución dijo que era necesario hacerlo ante “los graves y reiterados hechos de violencia vinculados al narcotráfico, al terrorismo y al crimen organizado cometidos por grupos armados”.

Concretamente, “la medida contempla la designación de jefes de la Defensa Nacional y tendrá una duración de 15 días, prorrogables por otros 15 días, de acuerdo a lo establecido en la Constitución y la Ley”, concluyó Piñera.

Si se nos exigiera definir esta situación con muy pocas palabras, estas serían: “rebelión mapuche”.

Nada extraordinario, por otro lado, si se estudia a vuelo de pájaro la historia, tanto la de la época colonial como la de las guerras de su independencia y la de su vida como república, ya que el denominado problema mapuche ha sido una de sus constantes.

Para empezar, podemos decir que comenzó bien desde el principio, con la llegada de los primeros conquistadores, los que no fueron bien recibidos por los mapuches, principalmente. A continuación, fue necesaria una larga guerra –de más de 100 años-, la del Arauco, de resultado indeciso entre los sucesivos gobernantes de la Capitanía General de Chile contra los líderes de esa rebelión.

Para seguir, y pese a esa larga enemistad, hay que recordar que la masa de las tribus mapuches formaron junto a la Corona de España en contra de los criollos que buscaban su independencia. Para muestra basta un botón, si mencionamos que el propio José de San Martín debió engañarlos sobre los pasos cordilleranos a usar en su cruce de los Andes, al comunicarle al cacique Ñacuñán que lo haría por otros a los elegidos, ya que sabía que sus planes serían comunicados a los españoles en Santiago.

Posteriormente, tampoco el Chile independiente conoció la paz con los mapuches, ya que fue necesaria una larga campaña de pacificación a cargo del general Manuel Baquedano que duró largos años.

Sin poder terminar con la historia, podemos agregar que durante un tiempo, el mestizaje, los beneficios mutuos y otros factores fueron acercando a las comunidades, antes enemigas, llegando a algo parecido a una integración y a una convivencia pacífica.

Pero más recientemente, las hostilidades recomenzaron a fines de la década del 90 con incendios a propiedades rurales y a vehículos. Las que adquirieron un punto cúlmine cuando el matrimonio Luchsinger- Mackay fue asesinado y su vivienda incendiada en el verano de 2013.

A consecuencia de ello, el sindicato de camioneros, una de las principales víctimas de los ataques, se movilizó en 2015 para pedir la intervención estatal. Los mapuches alzados contestaron con el incendio sistemático de fundos y de iglesias de la región.

En forma casi paralela, pero con mucha menor intensidad, algunos hechos de violencia se replicaron en nuestro país. En 2016, en el más conocido de ellos, Facundo Jones Huala –un personaje mediático que sucesivamente se presentó a sí mismo como gaucho, flogger y activista de la causa mapuche– fue detenido como consecuencia de un pedido de extradición de Chile, donde se lo imputaba por los delitos de incendio y tenencia ilegal de arma de fuego.

A partir de este hecho y de otros similares, se ha generado una corriente de opinión destinada a criticar la inacción del Estado argentino y a adoptar medidas similares a las recientemente adoptadas por el gobierno de Chile.

Con esta postura incurren en una mala comparación con la que buscan impulsar una estrategia errónea, ya que esta última se debe basar, siempre, en un buen conocimiento del terreno, del enemigo y de los propios medios. Veamos.

Mientras que en Chile viven alrededor de 1,7 millones de descendientes mapuches, en la Argentina no llegan a los 200 mil. Por otro lado, estas poblaciones tienen que conformarse con espacios geográficos muy diferentes. Mientras que Chile sufre por una carencia crónica de espacio y de tierras cultivables, no sucede lo mismo en la Argentina. 

Lo que sí es común para ambos lados de la Cordillera de los Andes son las maniobras foráneas que buscan la creación de un conflicto que sea afín a sus intereses. Nos referimos al hecho concreto de que la causa mapuche recibe apoyo desde la Mapuche Internacional Link, con sede en Bristol, Inglaterra, y por la pseudo dinastía mapuche fundada por un loco francés, Antoine de Tounens, y que hoy sus descendientes se proclaman como reyes de la Patagonia.

Tampoco la historia, pese a sus similitudes, parece ser la misma, ya que la Argentina carece de una larga y penosa historia de los largos conflictos indígenas que caracterizó a la chilena, como lo hemos explicado.

Les guste o no les guste a algunos, la Campaña del Desierto fue un éxito que permitió entregar tierras, no sólo a los “huincas”, sino también a los indios, entre los que se encontraban los mapuches.

Pero tal vez el caso más emblemático de todos y que resume la postura argentina frente al “problema mapuche”, sea el de Manuel Namuncurá, un lonco mapuche ascendido a coronel del Ejército Argentino por Julio A. Roca, y padre del beato argentino Ceferino Namuncurá.

Por algo a Roca le decían “el Zorro”, en alusión a la conocida astucia de ese animal. Por eso mismo tenemos que imitarlo en esto del “problema mapuche” y trabajar en mancomunidad con los “buenos indios”, que son la inmensa mayoría, para neutralizar a los falsos y malos.

 

El Doctor Emilio Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.