Mendoza, Argentina
Mendoza, Argentina

|07/09/20 07:07 AM

Gregorio Aráoz de la Madrid, el tucumano que gobernó veinte días a Mendoza

También conocido como Lamadrid, triunfó frente a las fuerzas federales en San Juan y entró a nuestra provincia con honores para ocupar el sillón de San Martín. Poco después cayó vencido en Rodeo del Medio y debió escapar dejando el cargo vacante

A principios de 1841, la situación política de la entonces Confederación Argentina estaba sumida en una sangrienta guerra civil entre dos bandos: unitarios y federales. Eran tiempos difíciles en donde la única forma de gobernar era a través de las armas de uno y otro sector.

En los primeros días de septiembre de ese año, el general unitario Gregorio Aráoz de la Madrid entró con sus tropas a la provincia de Mendoza y se posicionó como el nuevo gobernador, apoyado por una gran parte del pueblo mendocino quien lo aclamó como un libertador.

Su mandato no duró ni un mes, ya que el Ejército Federal al mando del general Ángel Pacheco lo enfrentó y lo venció en la batalla de Rodeo del Medio.

 

Septiembre, mes unitario

A mediados de 1841, el general federal José Félix Aldao fue nombrado jefe del ejército combinado de Cuyo por el primer mandatario de la Confederación Juan Manuel de Rosas, mientras que el doctor Juan Isidro Maza asumió interinamente el cargo de gobernador de Mendoza.

Mientras desde el norte, el ejército de la Coalición del Norte (unitario) a las órdenes del general Aráoz de la Madrid, se dirigía a nuestra provincia después haber vencido en San Juan a las tropas federales del general Nazario Benavídez, en la batalla de Angaco.

La noticia de la victoria de Aráoz de la Madrid llegó a Mendoza y causó pánico entre los habitantes, en especial en los federales, y al ser confirmada se produjo la renuncia de Juan Isidro Maza.

La Plaza Mayor de la ciudad de Mendoza.

El sillón de San Martín quedó acéfalo y ocupó su lugar José María Reina, quien fue elegido por la Cámara de Representantes y asumió el 1 de setiembre de ese año. Esto calmó a la población, que se encontraba en medio de una gran incertidumbre. Pero la tranquilidad duró muy poco, porque por la tarde se corrió el rumor de que las fuerzas unitarias estaban a pocos kilómetros al norte de la Capital.

Ante esta situación, una de las primeras y últimas medidas que tomó el mandatario federal, fue preparar y enviar tropas para defender la ciudad, pero algunos de sus jefes se rehusaron a hacerlo y huyeron. Sin su pequeño ejército, el gobernador se reunió con sus funcionarios e intentó con la ayuda de civiles armados, defender la ciudad.

Al enterarse que las tropas de Aráoz de la Madrid estaban en los alrededores del barrio del Plumerillo –a unos 5 kilómetros al Noreste- una pequeña unidad federal fue a su encuentro, pero al ver a un gran ejército que se acercaba, sus integrantes huyeron despavoridos, dejando el armamento en ese lugar a merced del enemigo.

Sin sus tropas, el gobernador Reina nada pudo hacer y quedó a la espera de un milagro.

En la madrugada del 3 de septiembre, una pequeña partida del Ejército de la Coalición al mando del coronel Ángel Salvadores, entró a la ciudad por la calle principal y se dirigió hacia la gobernación. Varios federales vieron que los enemigos habían entrado a la ciudad y le avisaron a Reina, quien sin pérdida de tiempo se fugó junto a otros de su partido, quienes a su paso saquearon comercios y propiedades privadas.

Al amanecer, parte del pueblo salió a la calle a celebrar la llegada de los unitarios. Avisado de que no había ningún tipo de resistencia y que los federales habían huido, el general tucumano ocupó con el total de su división las calles del casco urbano, y posteriormente le fue otorgado el cargo de gobernador.

 

El libertador de Mendoza

Después de su entrada triunfante, Aráoz de la Madrid fue elegido por la Legislatura gobernador de Mendoza ante el júbilo de muchos ciudadanos que comulgaban con sus ideas políticas.

Durante la tarde, gran parte del pueblo se reunió en la iglesia matriz para ver al militar unitario asumir el cargo.

Las principales calles fueron decoradas con banderas y gallardetes nacionales a los que se añadió un arco de flores sobre el acceso principal llamado de la Cañada –hoy Ituzaingó- en donde se reunió la mayoría de los pobladores.

Antes de la ceremonia, el electo mandatario a la cabeza de sus tropas hizo su entrada triunfal. Allí fue recibido por un centenar de señoras y señoritas quienes lanzaban flores y gritaban: “¡Vivan los libertadores, mueran los tiranos!”.

Una de las jóvenes se acercó al general Aráoz de la Madrid y en el medio de la calle, le dijo: “¿Usted es el libertador? Permítame Vuestra Excelencia coronarlo de laureles como a tal”, y tomó una corona de flores que llevaba y la colocó en la cabeza de militar, quien quedó plenamente emocionado.

Luego del tedeum en su honor oficiado en el templo principal, partió hacia la plaza Mayor rodeado de señoras y caballeros que vitoreaban su nombre, y casi le fue imposible poder pasar ante esta multitud. Varios de sus soldados tuvieron que retirar al gentío para que el militar pudiese entrar a la Casa de Gobierno para realizar la jura pertinente. Por la noche los vecinos más respetables de Mendoza, realizaron un gran baile en honor a los vencedores.

 

Gobernador por unos días

El gobernador Aráoz de la Madrid sólo permaneció en su puesto 19 días, pero durante ese breve lapso de tiempo realizó algunas acciones para poner orden en la ciudad.

Además, dictó una orden para realizar una prolija investigación con el fin de reparar los daños a los propietarios que habían sido perjudicados por los saqueos de los federales, quienes fueron encarcelados. También tomó medidas preventivas pensando en un posible sitio que los enemigos pudieran ejecutar.

El General Ángel Pacheco.

No le dio para más porque la reacción rápida de las tropas de la Confederación Argentina, al mando de Aldao, hizo que ambos bandos se enfrentaran el 24 de septiembre de 1841 a pocos kilómetros al Este de Mendoza, en la localidad de Rodeo del Medio, con la aplastante victoria del general federal Ángel Pacheco. Esto hizo que el general y mandatario unitario escapara con algunos de sus oficiales, dejando vacante el cargo de gobernador de Mendoza.

Posteriormente, Aldao tomó el mando de la provincia por algunos años, hasta su muerte ocurrida en 1845.