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Estados Unidos: ¿cómo sigue la saga?

Hay quienes negarían que en el país soberano se esté llevando a cabo un proceso similar al que siguió Roma tras el asesinato de César. Lo concreto es que por primera vez en su historia, un expresidente será sometido a juicio político, pero sigue vivo y tiene millones de seguidores (algunos bastante revoltosos)

Nadie conoce el futuro. Sobre eso no hay duda alguna. Tampoco, que siempre se lo ha buscado conocer, de algún modo. Al efecto, se han empleado desde métodos mágicos como la adivinación, los augurios y el chamanismo, hasta métodos pretendidamente científicos como el uso de la inteligencia artificial y el más humilde y conocido por todos, de las analogías históricas. Pues como decía Mark Twain: “La historia no se repite, pero tiene ritmo”.

En el caso que nos ocupa, cuál es el futuro de los EE.UU. Nos preguntamos: ¿cuál sería este ritmo? Varios analistas, especialmente norteamericanos, han visto siempre una gran similitud entre la trayectoria peraltada de su país con la saga histórica del Imperio Romano.

Puede ser, no lo discutimos. Pero a continuación nos preguntamos: ¿De qué Roma estamos hablando, de la República, del Imperio, la de las conquistas, la de la decadencia? No lo sabemos, pero vayamos despacio.

Tal vez una breve cronología nos pueda ser útil. Específicamente, la del periodo en que Roma dejó de ser una república para pasar a ser un imperio.

●60-57 a. C. Pompeyo forma una alianza con otros dos generales, Cayo Julio César y Marco Licinio Craso, con la intención de asegurar su gobierno conjunto sobre Roma. En el 59 a. C. César, en su mandato como cónsul, se marcha a las Galias, donde pasa diez años luchando hasta que las tribus locales, que son finalmente, subyugadas.

●49-48 a. C. César, completada su conquista de las Galias, pero teme lo que sus rivales, con Pompeyo a la cabeza, puedan estar haciendo en Roma. Con su ejército, cruza el famoso Rubicón. Marcha directamente sobre la capital y obliga a Pompeyo y a sus seguidores a huir a Epiro (actual Albania). César se mueve a España, donde Pompeyo tiene algunos partidarios y los derrota. A continuación, sigue a su enemigo a Epiro. Sus ejércitos se encuentran en Dirraquio, donde Pompeyo es derrotado. Huye a Egipto, que aún no formaba parte del Imperio Romano, mientras César lo persigue hasta allí. Se suicida.

●48-44 a. C. Cuando César llega a Egipto, la joven reina del país, Cleopatra, se arroja sobre él y se convierte en su amante. A continuación, derrota al resto de seguidores de Pompeyo en África y España. El 15 de marzo (los famosos “Idus de marzo") del 44 a. C. es asesinado por un grupo de senadores que temen que esté a punto de proclamarse rey. Con él muere la República Romana.

●44-43 a. C. Sale a luz que César, en su testamento, ha designado a su sobrino nieto, Cayo Julio César Octavio, de 19 años, como su sucesor. Octavio une fuerzas con el general más importante de César, Marco Antonio y con otro general llamado Emilio, que es el hijo de Marco Emilio Lépido. Juntos forman un triunvirato para gobernar Roma. Purgan a los oponentes de César en la capital. Entre los muertos está Cicerón. A continuación hacen la guerra a los conspiradores. Derrotados, estos últimos, se ven obligados a retirarse a Epiro.

●42 a. C. Octavio y Antonio derrotan al ejército de los conspiradores en Filipos, en la actual Albania.

●33-32 a. C. Octavio y Antonio, habiendo hecho a un lado a Lépido, se dividen el imperio entre ellos. El del Oeste, incluida Italia, será dirigida por Octavio; el del Este, por Antonio y su esposa, que no es otra que la reina Cleopatra de Egipto.

●30 a. C. Agripa, el almirante de Octavio, derrota a Antonio en la batalla naval de Actium (al oeste de Grecia). Antonio y Cleopatra huyen a Egipto, donde ambos se suicidan.

●28 a. C. Octavio agrega “Augusto" a su nombre. Su título como gobernante supremo es ‘princeps’ (primer príncipe). Pero todos lo nombran “César”. Su reinado no será tan malo como el de algunos de sus sucesores, dando nacimiento a lo que se conoce como el Imperio Romano.

Para empezar con las comparaciones, que como sabemos siempre son odiosas, hay quienes negarían que en los EE.UU. se esté llevando a cabo un proceso similar al que siguió Roma tras el asesinato de César. De hecho, después de los publicitados disturbios del Capitolio, su nuevo presidente asumió el mando como su constitución manda.

Claro, pasan por alto que esta tradicional ceremonia debió realizarse en medio de un inusitado dispositivo de seguridad y con su capital en estado de emergencia. El problema es que a más de un mes de esos sucesos, las tropas no se han retirado, tampoco las numerosas restricciones atinentes a la circulación de los ciudadanos. Las que siguen en su lugar.

Por otro lado, el muy mal desempeño de la primera democracia del mundo, en todo lo relacionado con la pandemia, sumado a su incipiente inflación y a un creciente desempleo. Ha llevado a varios a hablar de lo que denominan como el “fin del Imperio Americano”, algo que por su parte otros analistas dudan de que haya existido alguna vez.

Para seguir podríamos decir que lo relatado se puede ceñir a la denominada teoría de Brinton, una que establece que todo proceso revolucionario pasa por cuatro etapas bien definidas, a saber: una que va desde el Viejo Orden, a un régimen moderado, a un régimen radical y que finalmente termina en una reacción dictatorial.

Por lo cual los EE.UU. habiendo superado las etapas del Viejo Orden y de uno radical, el de Donald Trump, se encontrarían camino de un régimen dictatorial.

Si lo harán a paso lento o veloz, no lo sabemos. Las desigualdades culturales, políticas y socioeconómica son una innegable fuente de conflicto. Poco importa que su nuevo presidente haya hecho un llamado a la unidad en su mensaje inaugural.

Lo concreto es que por primera vez en su historia, un expresidente será sometido a juicio político. A la par de que sus más prominentes seguidores políticos, figuras del Partido Republicano, varios senadores entre ellos, están siendo perseguidos políticamente. A la par de que todas las agencias federales, incluidos todos sus servicios armados y policiales están siendo expurgadas de cualquier posible simpatizante de Donald Trump.

Todo reforzado por intensas campañas de demonización en los MCS y en las RRSS sobre el eje conocido de lo políticamente correcto.

Un panorama que no augura un futuro tranquilo. Especialmente, si se tiene en cuenta que su César ‘asesinado’, sigue vivo y que tiene varias decenas de millones de seguidores – algunos de ellos, bastante revoltosos–. Así como están las cosas, solo nos resta acomodarnos en nuestras butacas para seguir de cerca la nueva temporada de una saga que promete.

 

El Doctor Emilio Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.