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Energía nuclear: buena, bonita y barata

Por su desarrollo en la materia, el país está en condiciones de encarar la producción de un reactor que podría ser usado en proyectos binacionales o en un buque polar propio para operar en nuestro Mar Argentino

Probablemente todos recordemos la excelente serie Chernóbil, de HBO, la que en sus cinco capítulos nos ilustró sobre las terribles consecuencias de un accidente nuclear a gran escala ocurrido en 1987 en Ucrania, Rusia. 

Y aunque todavía no se haya realizado la respectiva serie televisiva para recrear el accidente nuclear de Fukushima, acontecido en el 2011 en Japón, muchos de nosotros nos hemos quedado con la impresión de que la energía nuclear es algo muy peligroso.

Pero la combinación de la crisis energética y la climática son la oportunidad perfecta para reevaluar esta impresión y darle a lo nuclear una segunda oportunidad como parte de una de las formas de energía del futuro. 

Quien se ha encargado de difundir ese mensaje durante la 26ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) ha sido Rafael Grossi, diplomático argentino al frente de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA). "Con el poder de los átomos, tenemos las herramientas para aumentar nuestra resiliencia al cambio global", dijo Grossi al respecto.

Concretamente, el pasado 6 de noviembre, en el marco de la COP26, la OIEA organizó un evento titulado ‘Contribución de la ciencia y la tecnología nucleares a la adaptación al clima’, en el que se detalló cómo esta energía puede utilizarse para combatir el cambio climático.  

"La OIEA está aquí para ayudar a los países y agricultores a establecer prácticas de agricultura climáticamente inteligente, mejorar la seguridad alimentaria, localizar las aguas subterráneas, comprender el impacto del calentamiento global en las enfermedades zoonóticas y combatir plagas como el mosquito y la mosca de la fruta", explicó Grossi. 

Entre algunos de los beneficios destacó que se pueden mencionar las técnicas de irradiación de determinados alimentos para prevenir la propagación de insectos invasores a través de las fronteras y destruir bacterias. 

Por otra parte, respecto a la escasez de agua, la OIEA resaltó las técnicas de hidrología isotópica que ayudan a los países a monitorear valiosos recursos de agua subterránea ocultos.

Sin embargo, la principal característica de la energía nuclear es que no emite gases de efecto invernadero. Por ello, teniendo en cuenta que las energías eólica y solar son insuficientes para cubrir las demandas energéticas de los países desarrollados, la nuclear podría jugar un papel muy importante para llevar adelante la transición verde.  

Respecto de este último tema, teniendo en cuenta la crisis energética que azota a Europa, se espera que a la brevedad la Comisión Europea clasifique la construcción de centrales nucleares como una inversión verde. 

Por extraño que esto parezca, la medida fue rechazada por Alemania, ya que en el 2022 concretará el plan de su canciller Angela Merkel de cerrar todas las centrales del país. Por el contrario, Francia anunció que desarrollará pequeños reactores a través de su plan France 2030. Mientras, la decisión de la Unión Europea (UE) permitiría que el sector privado invierta en lo nuclear entre 175  y 290 mil millones de euros durante los próximos 10 años. 

Pero no será sólo Francia la que está dispuesta a darle a la energía nuclear esta revancha. Es la propia China la que  anunció que planea construir 150 nuevas centrales en los próximos 15 años, más que el resto del mundo en los últimos 35 años. 

En tanto, en Japón –pese al incidente de Fukushima– su primer ministro, Fumio Kishida, confirmó que su gobierno aumentará su producción nuclear. 

Por su parte, Argentina, pese a ser un país en vías de desarrollo, tiene un gran peso en la materia. Por un lado, organismos estatales como la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y otros mixtos como el INVAP han permitido el desarrollo de una de las pocas políticas de Estado que rigen desde hace varias décadas en nuestro país. Esto ha permitido, entre otras cosas,  no solo disponer de centrales nucleares y proyectar nuevas, sino también la exportación de reactores a países como Perú, Australia y Holanda, entre otros. 

Recientemente, por ejemplo, se reactivó la obra del reactor CAREM 25, que será el primero íntegramente diseñado y construido en Argentina, en Zárate. En una entrevista, Tulio Calderón, gerente de Proyectos Nucleares del INVAP, resaltó que el CAREM es, claramente, una de las mejores opciones que tenemos para avanzar en nucleoelectricidad frente al modelo de compra “llave en mano” o la fabricación de reactores que se diseñaron en los años 60 y que hoy en día están esencialmente ya llegando al fin de su vida útil”.

Pero siendo como lo es la Defensa nuestro foco de interés, nos permitimos sugerir agregar un nuevo proyecto nuclear. En este caso uno que no sólo estaría circunscrito a nuestro país, sino también al Brasil, ya que gracias a la Agencia Argentino-Brasileña para la Trazabilidad y el Control Nuclear (ABACC), que funciona desde 1991, hay una larga historia de cooperación binacional. En función de ello, proponemos dos proyectos binacionales a concretar a mediano plazo. A saber:

- Proyecto 1: el diseño y fabricación de un submarino propulsado con energía nuclear.

- Proyecto 2: el diseño y fabricación de un buque polar propulsado por ese medio.

Ambos proyectos tienen, como corresponde, sus ventajas y desventajas y comparten un muy importante elemento común, que es el diseño y construcción de un reactor nuclear específico de fabricación regional.

En lo técnico nos remitimos a lo que dice un experto, el ingeniero José Converti. Y en lo financiero, agregamos que un proyecto de esta naturaleza no superaría los US$ 300 millones. Como elemento comparativo y que vale la pena traer a colación, es que un submarino de propulsión nuclear ronda unos US$ 3.000 millones de costo.

Una vez desarrollado el reactor, éste podría ser instalado para propulsar un submarino, para lo cual resulta ideal hacerlo con uno de la conocida clase Tipo TR 1700 como el desaparecido ARA San Juan, ya que fue concebida, desde sus inicios, para tal posibilidad. 

La otra alternativa, sería hacerlo en uno de los submarinos a propulsión nuclear que tiene proyectado construir Brasil, en el marco de un programa de cooperación con Francia, pero para los cuales no dispone de un reactor nuclear ya que el país galo se ha negado a entregarle esa tecnología. 

Otro proyecto, menos audaz y más económico, sería la de instalar el reactor desarrollado en un buque polar, un navío que no solo necesitamos para mantener nuestra presencia en el Continente Antártico, sino que además nos sería muy útil por sus características de gran autonomía para operar en los amplios espacios de nuestro Mar Argentino.

Por ejemplo, Finlandia, un país que dispone de un PBI que es la mitad del argentino, opera un rompehielos de quilla plana, de la clase Taymyr, con un reactor nuclear fabricado en Rusia, que fue construido para responder a todos los niveles de seguridad internacionales.

El desarrollo de cualquiera de los proyectos señalados –o de ambos– no solo nos permitiría aprovechar y maximizar los recursos de la industria nuclear existentes en ambos países.  También nos posibilitará acortar la brecha tecnológica que nos separa de los países más desarrollados en este campo, a la par de reforzar nuestras alianzas regionales enviando un claro mensaje de unión y de cooperación al mundo desarrollado, que parece estar dispuesto a administrar nuestros recursos naturales como si éstos les fueran propios.

 

El Doctor Emilio Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.