|22/02/21 08:59 AM

El primer avión que voló en Mendoza

El domingo 26 de febrero de 1911, unas 10 mil personas se congregaron en el Parque General San Martín para ver las maniobras del intrépido aviador italiano Ricardo Ravioli

Eran los inicios de la aviación en nuestro país y aquellos intrépidos pilotos volaban en unas precarias máquinas, lo que aún hoy es digno de admiración.

En su mayoría, estos personajes de la alta sociedad, se largaban a la aventura y también algunos extranjeros llegaban a Sudamérica para promocionarse.

En 1910 se realizó en nuestro país el primer vuelo en aeroplano. El 30 de enero, en los terrenos de Campo de Mayo el piloto italiano Ricardo Ponzelli despegó y se sostuvo unos pocos metros en el aire. Aunque muchos historiadores no lo cuentan como oficial, días después, más precisamente, el 6 de febrero, en el Hipódromo de Longchamps –provincia de Buenos Aires– el francés Henri Brégi, con un biplano Voisin-Gnome 50 cf, se elevó unos 60 metros a una velocidad de 45 km por hora, quedando en la historia como el primer vuelo oficial ejecutado en la Argentina.

Recién en 1911 –exactamente 110 años atrás– un avión pudo volar por primera vez en la historia en Mendoza y de la mano del italiano Ricardo Ravioli, quien llegó a nuestra provincia para realizar una exhibición aérea. También por aquellos días, otro piloto Bartolomé Cattáneo intentó ejecutar la hazaña.

Es importante destacar que por mucho tiempo se pensó que Mario Casale había sido el primero en volar en una máquina en cielos mendocinos pero este recién lo hizo el 12 de diciembre de 1912.

 

Un precioso cargamento

El 23 de febrero de 1911 llegó a la estación del ferrocarril de Mendoza, el tren Internacional proveniente de Buenos Aires. Del vagón bajó un elegante caballero que vestía un traje de verano y su infaltable sombrero.

Entre la multitud, que se había acumulado en el andén, dos personas lo esperaban. El joven saludó amablemente a los individuos y se presentó ante ellos como el aeronauta Ricardo Ravioli, una palabra que sonaba extraña en ese momento.

Algunos periodistas estaban informados de la posible llegada de un aviador que intentaría poner en el aire una máquina voladora por primera vez en nuestra provincia.

Estación de Carga del Ferrocarril de Mendoza a principio del siglo XX, lugar en donde el piloto italiano recibió su aeroplano.

Al reconocerlo, varios reporteros se acercaron y rodearon a Ravioli, haciéndole varias preguntas. Éste contestó con gran amabilidad hacia los presentes manifestando que realizaría su primer vuelo en aeroplano y destacó que su avión llegaría al día siguiente. Luego de atender a la prensa, el piloto italiano se trasladó hacia el Gran Hotel que se encontraba cerca de la terminal ferroviaria. Hasta allí fue llevado en un vehículo para luego alojarse en aquel lugar.

Por la tarde, el joven se reunió con otros entusiastas de la aviación mendocina, quienes estaban muy interesados en poder realizar aquella exhibición.

En la mañana del 24, Ricardo Ravioli y su asistente salieron hacia la estación del ferrocarril para buscar el cargamento que había llegado desde la entonces Capital Federal y que estaba depositado en la plataforma. En aquella caja de madera se encontraba el protagonista principal de esta historia: el aeroplano.

Luego de las diferentes diligencias hechas por el propietario de la máquina voladora de fabricación francesa, marca Berliot de 50 HP, ambos partieron con el cargamento para su ensamblado.

Gran Hotel lugar en donde se alojó el ilustre visitante.

El aviador Ravioli buscó un taller en las inmediaciones del Parque General San Martín para poder armar el aeroplano, que por ser algo complejo, requería de un tratamiento especial.

Gracias a la ayuda de varios mendocinos encontraron el lugar indicado y se pusieron manos a la obra trabajando arduamente hasta altas horas de la noche para poner a punto el aparato.

 

Un negocio de alto vuelo

El viernes, el distinguido aeronauta italiano partió con varias personalidades locales para elegir un sitio apto para el despegue del avión; uno de ellos era el Hipódromo Andino y el otro el Parque General San Martín.

Cuando llegó al Hipódromo, Ravioli observó que este estaba un poco más alejado de la ciudad y el camino para llegar al mismo se encontraba en muy malas condiciones.

Al aproximarse al parque vio una gran ventaja en el lago en donde se encontraba el Club Regatas, y que poseía gradas para el público, por lo que se podía cobrar entrada y sería un interesante recurso económico tanto para Ravioli como para las arcas de la entidad náutica. Inclusive, el lugar para el despegue situado en las cercanías del actual Rosedal era muy confiable.

Ricardo Ravioli con su nave voladora.

Satisfecho con el hallazgo, procedió a convenir el lugar con las autoridades del club, quienes estuvieron de acuerdo para realizar este magnífico evento, único hasta el momento en la historia mendocina.

El sábado, el piloto se dedicó a probar su máquina que fue trasladada al lugar elegido. Allí se realizaron algunos ajustes preliminares para el vuelo del domingo.

La prensa volvió a entrevistarlo ese día y entre sus respuestas afirmó que el domingo sería el gran momento para que por primera vez un humano volara en los cielos mendocinos.

 

El pájaro caído

Domingo 26 de febrero de 1911: el Parque General San Martín se vestía de fiesta ante miles de personas que se habían congregado desde las afueras de la ciudad para presenciar el primer vuelo de aquel intrépido piloto y su novedosa máquina voladora.

Desde muy temprano el público se agolpó en las cercanías del lago del parque en donde se desarrollaría el gran evento.

Vuelo en el lago del Parque San Martín 1911

Frente a las instalaciones del club, en un improvisado hangar, se podía ver aquel extraño aparato y un pequeño grupo de hombres que incluía a los auxiliares y al piloto.

Se calculó que unas 10 mil almas acudieron a este magnifico festival quienes esperaban ansiosos para ver el deseado el vuelo.

Eran las 17 cuando el aviador Ravioli decidió realizar un ascenso de prueba. Inmediatamente se ubicó en la cabina del avión y aceleró a gran velocidad y tras ganar una altura de 10 o 12 metros, enfrentó al edificio de Regatas y el aparato fue sacudido por una fuerte ráfaga de viento que balanceó el avión causándole una inclinación lateral.

El piloto trató de elevarse pero la pequeña rueda trasera y una de las alas tocó el agua del lago, chocando la hélice con una de las murallas por lo que finalmente se precipitó, hundiéndose parte del motor y flotando las alas sobre el lago.

El intrépido aeronauta italiano fue rescatado con vida pero las malas condiciones en que quedó el aeroplano le impidieron realizar los vuelos que había prometido. Cundió así en el público una gran frustración, pero aunque solo fueron unos minutos en el aire, el destino quiso que Ricardo Ravioli fuese el primer piloto en surcar los cielos mendocinos.