|03/10/21 09:20 AM

El país ficticio que transcurrirá hasta el 14 de noviembre

Envalentonados por la llegada de agradables temperaturas y sin mirar los reportes diarios de contagios y muertes, se flexibiliza todo

Los habitantes de la nación en general y los de Mendoza en particular, se sienten como en esa acolchonada nube a la que todas las noches nos transportan los sueños en los laberintos del subconsciente.

Es que desde que transcurrió el 12 de septiembre en la vida de los argentinos, apareció y se posicionó un segmento en el que se nos ha colocado dentro del país en el que todo es posible y realizable.

De la pesada carga de sobrevivir a una crisis económica que hizo añicos la inversión, la producción y el trabajo, pasamos a todas aquellas oportunidades que creímos perdidas.

A esos objetivos inalcanzables que ahora se posan en la palma de nuestras manos: préstamos, suba de salarios de activos y pasivos, baja de impuestos, créditos más que accesibles y un mundo tan nuestro en donde increíblemente se puede vivir y respirar a las anchas.

Hasta, incluso, se morigeraron los efectos nocivos de una pandemia que nos robó la salud y la vida.

Aquí ya nadie quiere hablar del coronavirus, ni de las medidas para cuidarse, mucho menos de privarnos salir, congratularnos con el resto de la sociedad, bailar, ir a la cancha o a cualquier espectáculo.

Hacer lo que hacíamos hasta antes de marzo del 2020 y guardar en el desván a un virus que nos contagió o nos quitó la vida de nuestros seres queridos, el cual es para archivar porque ya pasó.

Tamaño error, porque el COVID-19 está ahí en su tercera ola de pandemia, con cepas más contagiosas que hacen pensar en una tercera dosis de vacuna, inclusive.

Aún así y envalentonados por la llegada de agradables temperaturas y sin mirar los reportes diarios de contagios y muertes que otorga puntualmente el sector de la salud, único en alerta y consciente de lo que pasa con coronavirus, se flexibiliza todo.

Es como decirle a la gente: ya está no los “jodemos más” con este bicho, ni siquiera lo nombraremos.

La línea de arrasadores de anuncios y concreciones que no se hacen esperar apuntaron también a limar asperezas con el campo.

Y aunque no fue fumar la pipa de la paz, porque eso nunca ocurrirá –por lo menos con este Gobierno–, se muestra un programa de fomento que tiene pinta de abrazo del oso y así llegó para los productores que no bajan la guardia en la pelea con la actual administración.

Es quizá el sector que respondió con claridad, sobre otros de la economía argentina, de que todo anuncio tiene un solo objetivo: aplanar el fuerte resultado negativo de las urnas que puede sobrevenir el 14 de noviembre.

La gente del campo se siente maltratada por un Gobierno que no reconoce al sector como uno de los que trae abultadas y genuinas divisas al país, por lo que las últimas medidas son tomadas en el terreno de la falta de respeto por su indisimulado vestido de especulación electoral.

A la catarata de disposiciones oficiales buscando el bienestar generalizado de la gente, con alcance donde nadie quede afuera –por caso, los jubilados y los que se quieren jubilar–, están otras abiertas miradas y exposiciones públicas camino a las elecciones generales de medio tiempo.

Las de la oposición, esencialmente la coalición de Juntos por el Cambio, que ha comenzado a salir por todos los rincones de las redes sociales con simpatizantes, dirigentes y hasta con los candidatos con un sugestivo cartel de reza, “voto y cuido el voto, #yo fiscalizo”.

La promoción del cartel se viralizó por todo el país de forma rápida y eficaz, como era de esperar.

Pero nadie se preguntó –por lo menos públicamente– a qué apunta lo que indica el mismo, y aunque no es necesario porque el mensaje está más que claro –“¿debemos cuidarnos de un eventual fraude?–, se debería decir con todas las letras ante ciudadanos que no quieren volver a vivir situaciones oscuras como las que muchos pasaron el domingo 12 de septiembre y que ninguna autoridad u organismo respondió.

Sobre todo aquellas que se vieron sorprendidas con personas que votaron en su lugar, como algunos casos que en Mendoza salieron a la luz por denuncias en distintos departamentos.

Este es un aspecto de una nación habitada en esta parte del continente sudamericano que se dirige a un acto electoral por allá, en el mes de noviembre. A la que se pretende envolver entre algodones para que nadie se cobije con molestias hasta la fecha indicada.

Gente a la que no se le advierte que solo se hace un stand by en todos los delicados problemas que sostiene Argentina, que luego caerán como catarata, sobre todo en lo que se refiere a una economía que requerirá sí o sí de inmerecidos ajustes sobre la gente y de una pandemia que mostrará que el COVID-19 sigue entre nosotros.

Puntos que el país ficticio no tendrá en cuenta, por lo menos hasta el 14 de noviembre.