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El femicidio, ¿es algo nuevo y cierto?

Los medios de comunicación social están saturados por casos de violencia contra la mujer, pero nos preguntamos, ¿qué pasa cuando se trata de la violencia de una mujer o de dos contra un hombre, o, incluso, contra un niño? El aberrante caso del pequeño Lucio en La Pampa deja pendiente una respuesta que no nos conformará a todos por igual

El pasado 25 de noviembre se celebró en todo el mundo el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. La convocatoria se inició en la República Dominicana, donde fueron asesinadas en 1960 las tres hermanas Mirabal (Patria, Minerva y María Teresa).

Pero, ¿es esto algo tanto cierto como nuevo? Me refiero a si es verificable una mayor violencia contra las mujeres respecto de contra los hombres. 

Empecemos por lo primero, vale decir, si ellas sufren más violencia que sus contrapartes masculinos.

Lamentablemente, la ciencia de la Estadística dice que esto no es cierto, ya que en la Argentina, al menos, pero creo que en forma no muy diferente a la mayoría del resto de los países, la masa de las muertes violentas de sus sociedades corresponde a varones jóvenes. Por ejemplo, según información de la Dirección de Información Criminal del Ministerio de Seguridad de la Nación, en el 2019 hubo 1.887 muertes de varones, frente a 412 de mujeres. Es decir, murieron casi cinco veces más hombres que mujeres en forma violenta. 

Tampoco le toca a la población femenina soportar la mayor cantidad de muertes en accidentes de trabajo, pues como explicaremos, la masa de las labores más peligrosas es desempeñada por los varones. 

Si bien, especialmente en los últimos años, nuestra sociedad ha visto un incremento en las tareas abiertas a las mujeres, esto ha sucedido principalmente en tareas intelectuales y administrativas, lo que nos parece muy bien. Pero no ha ocurrido lo mismo con profesiones más “físicas”, tales como la albañilería, la recolección de residuos, la pesca de altura, la minería o la metalurgia, entre otras muchas que podrían mencionarse.

Esto es tan así, que si tales oficios cumplieran con el cupo de presencia femenina que se requiere para otros trabajos menos demandantes o más glamorosos –como integrar listas de diputados o de senadores–, estas actividades colapsarían al poco tiempo por la falta de postulantes femeninos o porque, simplemente,  las reclutadas no soportarían las exigencias físicas de su oficio.

Esto es así porque existen marcadas diferencias físicas entre el cuerpo de un hombre y el de una mujer. Gracias a Dios, ambos presentan grandes asimetrías. Para empezar, por la más obvia e importante, sólo las mujeres pueden concebir y dar a luz a otro ser humano, lo que conlleva en el mundo laboral a todo un sistema de licencia especial para ellas, especialmente durante la maternidad y la lactancia. 

Por otro lado, se sabe de su distinta resistencia a los ambientes “sucios” de trabajo, además de sus menores niveles de fortaleza corporal, especialmente en lo relacionado al tren superior. En otras palabras, mujeres y hombres tienen capacidades locomotoras similares, pero no a la hora de usar sus brazos y sus manos. 

Asimismo, estas diferencias están presentes en el Derecho de Familia y en el Laboral, pues más allá de cualquier igualdad conquistada, es todavía norma que el varón pierda la tenencia de sus hijos pequeños en un juicio de divorcio,  pero debe ser éste quien garantice la cuota de alimentos para su mujer y para su mutua descendencia. 

Lo mismo pasa con el Derecho Penal actualmente vigente, ya que no cabe duda –ab initio- que ninguna denuncia que formule una mujer bajo el rótulo de violencia de género pueda ser rechazada. Algo que, como sabemos, varias veces dista de ser cierto.

Ya hemos visto que una mayor violencia contra la mujer no es algo estadísticamente cierto. ¿Es, al menos, algo conceptualmente, cierto?

En principio vemos que la palabra “femicidio” incurre en un error semántico, ya que la vieja palabra “homicidio” se predica tanto para la muerte de un varón como de una mujer, dado que la misma deriva de la voz latina homicidium, un compuesto de homo, “ser humano” y caedere, “matar”. De modo que literalmente en castellano se traduce  como “matar a un ser humano”.

Para seguir, y con la necesidad de hacer una muy larga historia muy corta, nos permitimos tomar un ejemplo de la siempre prolífica mitología griega. Por ejemplo, para empezar podemos citar hacerlo con la impactante muerte que le propina Medea a sus propios hijos para vengarse de su esposo, el héroe griego Jasón, a quien el dramaturgo Eurípides le hace declarar lo siguiente:

—Corifeo: ¿Entonces mujer vas a matar a tu descendencia?
—Medea: Sí porque es lo que más dolerá a mi marido.
—Corifeo: Pero gran infelicidad te causarás con ello.
—Medea: Ah, de sobra están las palabras inútiles, iVamos!

Como vemos, la mitología, la historia y la vida real están llenas de ejemplos de violencia trágica, tanto de hombres contra mujeres como de lo contrario. Pero los medios de comunicación social están saturados por casos de violencia contra la mujer. Aunque nos preguntamos ¿qué pasa cuando se trata de la violencia de una mujer o de dos contra un hombre o, incluso, contra un niño? 

Como ocurrió con Lucio Dupuy, un nene de 5 años golpeado hasta la muerte en La Pampa, crimen por el que están detenidas su madre y la pareja de ella. El asesinato es, aún, más conmocionante cuando uno se entera que una jueza de familia desoyó los reiterados pedidos de tenencia por parte del padre del menor, quien había denunciado las golpizas a las que era sometido por parte de ambas mujeres. 

“Nací para ser libre, no para ser asesinada”, había posteado en las redes sociales la madre del pequeño Lucio poco antes. 

Por su parte, su pareja sentenció: “Me resbala tanto que este chabón (sic) se haga el gran padre, porque yo tengo lo que a él le falta y se nota a la legua y es VALOR, VALENTIA Y SÉ AMAR. Qué bueno que no signifiques nada para ellos dos, yo sí les pude dar lo que vos les quitaste y jamás supiste enfrentar y valorar".

Creo que ha llegado el punto de que como sociedad nos interroguemos qué es lo que tenía la asesina de Lucio y que, aparentemente, le faltaba al padre.

Aunque también asumo que la respuesta no nos contendrá a todos por igual.

 

El Doctor Emilio Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.