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El accionar de compañías militares privadas en la región y en el mundo

El crimen del presidente de Haití está lejos de tratarse de un hecho aislado y por su similitud podría ser vinculado con sucesos recientes acaecidos en Venezuela, Colombia, Bolivia y Perú, donde la guerrilla, los narcotraficantes y los grupos criminales operan y son exportados a otras latitudes

El asesinato del presidente de Haití a cargo de un grupo de sicarios colombianos, como un relámpago, nos ha iluminado la trastienda de la privatización de la violencia que ha llegado a nuestra América del Sur para hacerse cargo de los viejos golpes de Estado. No es casual, por ejemplo, que las Fuerzas Armadas de Haití hayan sido suprimidas en 1994.

Si bien este no es un hecho totalmente nuevo –ya que existe desde hace décadas y se lo practica, intensamente, en regiones como las de Medio Oriente y el África– es muy preocupante, como veremos, que se lo haga en nuestra región pues está lejos de tratarse de un hecho aislado.

Sin que podamos establecer relaciones causales, no pueden negarse las similitudes de lo ocurrido en Puerto Príncipe con recientes hechos acaecidos, por ejemplo, en Venezuela, Colombia, Perú y Bolivia.

Para empezar, unos meses atrás el gobierno de Venezuela denunció la presencia de un grupo paramilitar que tenía por objeto asesinar al presidente Nicolás Maduro e impulsar la insurrección del pueblo venezolano contra su régimen.

Muchos descartaron de plano la denuncia pues argumentaron aquello de que la verdad en boca de un mentiroso (por Maduro) es siempre dudosa. Lo cierto es que el intento existió, habida cuenta que hubo mercenarios muertos y otros capturados.

El caso de Colombia no necesita mayores explicaciones. El país vive en virtual guerra civil desde hace más de medio siglo, por lo que la presencia de grupos armados de todos los pelajes e ideologías no puede ser novedad para nadie. Tal vez, la novedad es que varios de estos grupos están siendo exportados a otras latitudes, como parece haber sido el caso de Haití.

Más modestos, pero no menos preocupantes, han sido situaciones denunciadas en Perú y en Bolivia. En la primera de ellas, concretamente, se ha acusado a un renacimiento de la guerrilla maoista de Sendero Luminoso, y en la segunda, a grupos criminales brasileños vinculados a los famosos escuadrones de la muerte parapoliciales que operan en las favelas de Río de Janeiro.

Sea como sea, la Argentina no ha permanecido totalmente al margen de estas cuestiones a partir del hecho conocido de que muchos narcotraficantes locales no son otra cosa que “reconvertidos” guerrilleros de Sendero Luminoso o viejos sicarios colombianos. Así lo atestiguan diversos hechos violentos acaecidos en villas de emergencia de la CABA o de barrios privados del Nordelta. Como vemos hay para todos los gustos.

Recordemos que ante el Estado se alza una multiplicidad de actores que le disputan, por un lado, la lealtad de sus súbditos, y por el otro, su ejercicio del monopolio de la violencia.

Esto ha llevado a que todo enfrentamiento bélico ya no tenga siempre lugar entre dos fuerzas militares equivalentes en un lugar geográfico apartado, sino que éstos se libren entre fuerzas asimétricas (por lo general una estatal contra una miríada de pequeñas organizaciones, las que pueden ser bélicas o no) y que por lo general, luchan en el interior de un área densamente poblada y urbanizada.

Otro hecho saliente que refuerza la tendencia anterior y debe ser tenido en cuenta ya que ha quedado evidenciado por los sucesos que relatamos al principio, es el de la existencia de organizaciones armadas privadas que pueden ir desde pequeños grupos armados para tareas específicas de seguridad hasta potentes conglomerados dedicados a la ejecución de operaciones militares formales, como es el caso de las empresas Academi y Secopex. (1)

Paradójicamente, esta es una tendencia que en muchos casos ha sido impulsada por los propios Estados nacionales que desean ver minimizadas las bajas propias mediante la tercerización de “servicios” armados a compañías especializadas. Una característica que ha sido denunciada –entre otros– por el politólogo alemán Dario Azzellini, quien en su obra El Negocio de la Guerra nos dice que: “Las formas de conducción de las guerras están cambiando. Al lado de los ejércitos estatales surgen cada vez más compañías militares privadas (en inglés Private Military Contractors PMC), paramilitares, Señores de la Guerra, ejércitos privados y mercenarios como nuevos actores de guerra.

“Actualmente, las guerras se llevan a cabo con menor frecuencia entre Estados nacionales, y con mayor frecuencia en el interior de éstos entre tropas regulares e irregulares y, en todos los casos, contra la población civil. Mientras a lo largo de mucho tiempo estos fenómenos fueron ignorados, últimamente se han hecho visibles con mayor fuerza. Bajo la denominación de ‘nuevas guerras’ se da origen incluso a un término particular para el debate en las ciencias sociales y en los mass media.

“Generalmente, se considera a la creciente aparición de empresas privadas de violencia como síntoma del ‘debilitamiento del Estado’, ‘cao’», y ‘anarquía’, así como una pérdida del ‘monopolio de la violencia estatal’ en ‘Estados fallidos’ frente a los cuales Occidente se encuentra más o menos impotente”.

Retomado el hilo de nuestra preocupación es que este fenómeno ya no lo vemos exclusivamente en capitales lejanas como Bagdad, Kabul o Trípoli, sino en ciudades cercanas como Lima, La Paz o Río de Janeiro. Esta preocupación se basa en la capacidad de contagio de esas organizaciones, ya que por la plata baila el mono, como parece atestiguar la facilidad con la que militares en retiro del Ejército colombiano fueron contratados por los que querían asesinar al presidente de Haití y forzar un cambio de régimen.

Ya lo hemos dicho antes y lo volvemos a repetir. El presente nos anuncia que las próximas guerras serán libradas como un crimen y que éstos serán librados bajo la forma de una guerra. El mejor antídoto para esto es el refuerzo del ethos militar de nuestras Fuerzas Armadas, las que no deben servir a ningún otro partido que no sea el de la Nación.

(1) Academi, conocida anteriormente como Xe Services LLC, Blackwater USA y Blackwater Worldwidees, es una PMC fundada en 1997, con sede en Virginia, EE.UU. Actualmente es la mayor empresa mundial de este tipo con capacidad para prestar numerosos servicios militares, que incluyen hasta el desarrollo de tecnología, como es el caso del vehículo blindado Grizzly. Tuvo una muy intensa participación en la ocupación militar de los EE.UU. en Irak, donde se aprecia que prestó diversos servicios (abastecimiento, seguridad, perimetral, custodias VIP, obtención de información, etcétera) por una suma cercana a los 2.700 millones de dólares. Llegó a contar para ello con más de 10.000 guardias operativos sobre el terreno, en su gran mayoría veteranos de las fuerzas especiales y de otros servicios militares y policiales. Su presidente, Gary Jackson, reconoció recientemente que en su compañía sirven juntos veteranos bosnios, filipinos y colombianos

 

El Doctor Emilio Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.