Mendoza, Argentina
Mendoza, Argentina

|24/08/20 07:30 AM

Cómo fue el primer empréstito que Mendoza contrajo en el extranjero

Pedido en 1888 para concretar importantes proyectos para la provincia, se convirtió finalmente en el crédito más caro del mundo y fue devuelto recién 30 años más tarde

La primera deuda externa que contrajo Mendoza fue adquirida a fines del siglo XIX, cuando se intentó marcar el nuevo rumbo progresista a la provincia.

En 1888, don Tiburcio Benegas, gobernador de la provincia, tuvo la iniciativa –a través del Poder Ejecutivo– de solicitar a la banca exterior un importante crédito para ejecutar grandes obras públicas.

Esta primera operación fue el inicio de una deuda que Mendoza llevó por casi 30 años, que los sucesivos gobierno tuvieron que seguir pagando con intereses altísimos y con el peligro de quedar hipotecados miles de kilómetros cuadrados de tierras fiscales.

Lo llamativo de este empréstito es que el Ministerio de Hacienda desvió gran parte de los fondos para otras necesidades que no fueron debidamente justificadas.

 

El festival del derroche

Durante el mandato nacional del doctor Miguel Juárez Celman (1886- 1890), el país vivió una época de esplendor económico, lo que produjo también un descomunal despilfarro que dejó en pocos años a la Argentina sin un peso.

El dinero recaudado de los contribuyentes se utilizaba para obras públicas y subsidios. Este descontrol fiscal dio como resultado un déficit presupuestario de casi 95 millones de pesos.

El balance en aquellos años fue desfavorable y los resultados desastrosos para nuestra economía. Quien pagó el pato de la boda fue, como siempre, el pueblo argentino.

 

Un dique para el progreso

Por aquel tiempo, y ante esta situación de abundancia que vivía el país, y por la confianza y optimismo que reinaba entre los mendocinos, el gobierno vio que era el momento propicio para pedir un crédito a entidades internacionales.

Los argumentos usados para solicitar el empréstito fueron varios: el primero era intentar activar la incipiente industria vitivinícola; el segundo, la construcción de grandes obras hídricas, y la tercera, la erección de edificios escolares.

Estos temas fueron expuestos por gobernador Tiburcio Benegas ante la Legislatura, en junio de 1888, y fueron aprobados sin oposición.

Unos meses después, Benegas anunció que tomaría un crédito por el valor de cinco millones de pesos oro - hoy serían unos 700 millones de dólares- a una tasa de interés del 6 por ciento anual y el 1 por ciento de amortización.

De esta forma, por fondos al servicio de esta deuda quedaban afectados unos cuatro millones de las rentas generales de la provincia y se hipotecaban grandes cantidades de tierras del Estado.

 

El crédito más caro del mundo

La compañía crediticia era propiedad de los señores Bemberg, representantes de grandes capitalistas europeos. Inmediatamente, la firma financiera envió el dinero contante y sonante a nuestra provincia a través de una operación que fue convenida de la siguiente manera: la mitad del dinero al firmar y el resto a un tiempo satisfactorio.

El 24 de setiembre de 1888 fue creado el Banco de la Provincia de Mendoza con parte del dinero solicitado, y además el gobierno suscribió bonos por valor de cuatro millones de pesos. Así quedó constituido el capital de la institución.

Con los dos millones de pesos otorgados, se ejecutó el proyecto tan deseado de construir grandes obras de irrigación.

Inmediatamente, el ingeniero Guillermo Villanueva contrató en Europa al italiano César Cipolletti para trabajar en un gran proyecto de obras de riego para la provincia.

Esto hizo que se decidiera construir un dique para solucionar el eterno problema de las inundaciones que aquejaban desde los días de los conquistadores.

Gobernador Tiburcio Benegas.

También parte del efectivo que se empeñó en construir estas obras, se tomaron más de 200.000 pesos para la erección de doce escuelas primarias.

Todo parecía grandioso para el gobernador y los que apoyaban su mandato: el sueño de ejecutar importantes proyectos para Mendoza estaba al alcance de la mano.

Pero una revolución destituyó momentáneamente a Benegas de su cargo y luego renunció en junio de 1889, casi un año después de pedir el crédito al extranjero.

 

La deuda que supimos conseguir

Después de la salida de Benegas y la asunción como gobernador interino de Manuel Bermejo, el proyecto de la obra del dique siguió su curso, aunque invirtiéndose en ella varios miles de pesos más de lo acordado en el presupuesto.

Pero de la otra parte del dinero prestado que el Estado provincial tenía en su poder, nunca se supo cuál fue su verdadero destino y la oposición de aquel tiempo cuestionó el empleo del dinero, señalando el despilfarro que había hecho el gobierno.

La grave crisis económica de 1890 devoró los fondos del crédito, haciendo que la Provincia tuviera que emitir más bonos de los que tenía por aquel préstamo.

De esta manera los acreedores extranjeros resultaron ganadores de millones de pesos al cobrar desorbitantes intereses que tuvo que pagar el gobierno mendocino. Recién en 1918, y después de casi 30 años, el Estado provincial pudo cancelar la primera deuda externa.