|26/02/19 08:37 PM

De lo sublime a lo ridículo…

Ya lo dice el refrán: "de lo sublime a lo ridículo hay solo un paso". Y nuestro Ministerio de Defensa acaba de darlo con toda decisión.

Nuestra Fuerza Aérea Argentina, que combatió en forma sublime contra el invasor inglés durante el conflicto por nuestras Islas Malvinas, entregando la vida de sus pilotos, hoy es obligada a hacer el ridículo al volar aviones desarmados para cumplir una misión operacional en el marco de un operativo de control de nuestro espacio aéreo para evitar la penetración de vuelos narcos.

Concretamente, se trata de los recientemente adquiridos T6C Texan II, un avión de entrenamiento avanzado de origen norteamericano que se fabrica en varias versiones. Los T-6, a secas, no llevan armamento, mientras que los T-6C+ sí pueden hacerlo mediante pods de ametralladoras y bombas.

El presidente Mauricio Macri ordenó el inicio de las operaciones, en el marco del programa 'Fronteras protegidas', que incluye los esfuerzos conjuntos de las FF.AA. para  mejorar su desempeño en la vigilancia  de 3.000 kilómetros de frontera a lo largo de Jujuy, Salta, Formosa, Corrientes y Misiones.

Los aviones mencionados –vale decir los desarmados– son empleados para vigilar y controlar el espacio aéreo a través del Comando Aeroespacial de la FF.AA. Su tareas concretas son identificar, advertir, intimidar y hacer uso de la fuerza (como último recurso) a vectores declarados "hostiles", cuando tengan entidad suficiente para "perturbar, poner en riesgo o causar un daño" en el territorio nacional.

Obviamente, los vuelos que más probablemente sean declarados “hostiles” son los abundantes vuelos narcos que pululan en la zona.

Ergo, la pregunta del sentido común y del millón de dólares es: ¿cómo se los piensa, no ya derribar, sino simplemente intimidar con aviones desarmados?

Uno de los aviones Texan adquiridos por el Gobierno para la Fuerza Aérea Argentina.

Aún más, me surge la duda respecto de cuáles podrían ser sus normas de empeñamiento, porque toda misión operacional implica la posibilidad de enfrentarse con un enemigo real. Vale decir, con una voluntad independiente que está en capacidad de ejercer la violencia contra las fuerzas propias.

Cuestiones que están lejos de ser meramente hipotéticas porque ya han existido enfrentamientos: en agosto del 2011, un avión  Cessna modelo 210 de los narcotraficantes embistió y derribó un helicóptero Eurcopter AS350 de la Gendarmería en Santiago del Estero.

Por lo tanto, ordenar salidas aéreas en esas condiciones conforma una grave negligencia, ya que expone a quienes la cumplen a la imposibilidad de ejercer su derecho a la legítima defensa.

Seguramente saldrá una bandada de técnicos a argumentar que solo se trata del eufuismo de "tránsito aéreo irregular". O de un simple "dato neutro", como denomina el Gobierno y sus agencias de defensa y de seguridad a un avión narco, para eludir los vericuetos legales de nuestro plexo legal que prohíbe, expresamente, a que las FF.AA. realicen operaciones de inteligencia y de seguridad interior.

A ellos les aconsejo que se informen sobre las crecientes capacidades de los carteles narco y que actúen en consecuencia. La primera necesidad debería ser la de modificar el marco legal con el cual se las obliga a actuar a nuestras FF.AA., y la segunda, equiparlas e instruirlas adecuadamente para esta misión.

No hacerlo, configura una grave negligencia. Una que bien puede convertirse en criminal, pues hay vidas –entre otras, las de nuestros pilotos– en juego.