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La geopolítica de la Navidad

Si en la Primera Guerra Mundial los bandos enfrentados pudieron tener una tregua en Nochebuena, los argentinos deberíamos tener también una, al menos en lo que respecta a las agresiones verbales por disidencias políticas y personales

Como todos sabemos la Navidad, es una de las festividades más importantes del Cristianismo, en la que se conmemora el nacimiento de Jesucristo en Belén. 

La Iglesia Católica, algunas comunidades protestantes y en la mayoría de las Iglesias ortodoxas se la  celebra el 25 de diciembre. 

La Iglesia Ortodoxa Rusa, por el contrario, lo hace el 7 de enero, ya que no aceptó las reformas impuestas por calendario gregoriano, introducido por el papa Gregorio XIII. 

Sea como sea, el 25 de diciembre es un día festivo en muchos países del Mundo, celebrado por millones de personas creyentes y, también, por un gran número de no creyentes.

Es más, no son pocos los que, aun  reconociendo este hecho, se niegan a hablar de Navidad o del término inglés Christmas, o del alemán Weihnachten, que significa “noche de bendición”. Prefieren simplemente, desear un genérico “Felices Fiestas”.

Citan en su apoyo a otras tradiciones culturales. Afirman, por ejemplo, que ya los romanos festejaban el 25 de diciembre la fiesta del Natalis Solis Invicti, o Nacimiento del Sol invicto, asociada al nacimiento de Apolo. 

También los germanos y los escandinavos celebraban el 26 de diciembre con el nacimiento de Frey, dios nórdico del sol naciente, la lluvia y la fertilidad.

Los más americanistas nos recuerdan que los incas lo hacían el 23 de diciembre, en el solsticio de verano austral, el que era presentado como el  renacimiento de Inti, el dios Sol, en una  fiesta llamada Cápac Raymi, o Fiesta del sol poderoso.

Más modernamente, se ha logrado con relativo éxito reemplazar a la Navidad tradicional con técnicas de marketing basadas en Papá Noel, un personaje que surgió de una campaña realizada por el artista Haddon Sundblom para Coca-Cola en 1931, inspirado en San Nicolás de Bari. 

En el otro extremo, se pueden citar las prohibiciones radicales de festejar la Navidad, o incluso la exhibición de cuestiones que la representen, en varios países musulmanes, como las monarquías del Golfo y en algunas repúblicas exsoviéticas.

También en China y en Corea del Norte, donde su  celebración está prohibida aunque es admitida en las ciudades chinas más globalizadas, como Shanghái, Hong Kong y Macao.

Jesús, el primer cristiano

Pero este multiculturalismo moderno –una teoría surgida en los EE.UU. y en Canadá que propugna el pluralismo cultural para con las manifestaciones de los diversos grupos étnicos a los efectos de fomentar la integración social, la asimilación cultural y evitar la segregación racial– pasa por alto algunas simples cuestiones que ya sabían nuestros abuelos cuando nos enseñaban a armar el pesebre de Belén.

Para empezar, hay que admitir que se trata del nacimiento de un bebé judío que, posteriormente, se convertirá en el primero de los cristianos.

Para colmo de males, de uno que no nace como un ciudadano libre, sino como súbdito de Roma, una potencia ocupante de su tierra natal, Belén, y que debe desplazarse para cumplir con las exigencias de un censo dispuesto por el gobierno romano. 

Para seguir, llegan –luego de su nacimiento–, tres reyes magos de Oriente, los que bien podrían haber sido, según la tradición, un babilónico (en el actual Irak), un persa (Irán) y hasta un integrante del Reino de Saba (Etiopía).

También, razonablemente, se puede deducir que se haya acercado al pesebre algún soldado romano que estaba de guardia en la localidad de Belén. 

En resumen, con todos estos personajes nos queda completo un perfecto cuadro multicultural, ya que se encuentran representadas las principales corrientes religiosas de la actualidad.

Milagro en las trincheras

Con todos estos antecedentes a su favor, no nos debería sorprender lo que se conoce como la Tregua de Navidad, materializada por un breve alto el fuego que ocurrió entre las tropas del Imperio alemán y del Imperio británico estacionadas en el frente occidental durante la 1ra GM, en la noche de la Navidad de 1914. 

Todo comenzó cuando las tropas alemanas decoraron sus trincheras con motivos navideños y luego entonaron el famoso villancico Stille Nacht (Noche de Paz). Por su parte,  las tropas británicas les respondieron con otros en inglés.

Mientras la artillería permaneció en silencio, los soldados salieron de sus respectivas trincheras y se reunieron en la denominada tierra de nadie para intercambiarse pequeños regalos, tales como como whisky, cigarrillos, chocolates, etcétera. 

La pausa también fue aprovechada para recoger y dar cristiana sepultura a la gran cantidad de cadáveres insepultos que había en la zona. 

La tregua se propagó hacia otras áreas. Hay, incluso, muchas historias –no sabemos si son todas verdaderas– que consignan la celebración de partidos de fútbol entre las fuerzas de uno y otro bando. Dicen que los alemanes les ganaron 3 a 2 a los ingleses.

Lo cierto es que en muchos sectores la tregua sólo duró esa noche, pero en algunas áreas llegó hasta el día de Año Nuevo, e incluso hasta fines de febrero pese a la oposición de los altos mandos militares.

A nosotros, los argentinos, nos podría caber la reflexión de que si aquellos hombres que se mataban a diario de las más diversas y crueles formas pudieron disfrutar de una breve tregua para una Navidad, bien podríamos tener una, al menos en lo que respecta a las agresiones verbales con motivo de nuestras disidencias políticas y personales.

¡Feliz Navidad!

 

El Doctor Emilio Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.